La noche empieza a caer y, como cada día desde hacía una semana, todos los habitantes del pueblo (que todavía quedaban con vida) se encierran en sus casas, trabando entradas y escondiéndose en pequeños refugios con armas para protegerse de los que, apenas se ponía el sol, venían a arrasar con todo lo que se les cruzaba en su camino. Ocultos y a la espera, los niños lloran, las mujeres tiemblan entre consuelos a los pequeños y los hombres intentan proteger a sus familias de los demonios que azotan el reino; se decía que el Rey Demonio ansiaba esas tierras y que, por eso, quería eliminarlos, para poder hacer con ella lo que quisiera, que por esa razón mandaba a sus esbirros en horda tras horda para limpiar el lugar de la "plaga" que estorbaba en su plan. Todas las personas lo maldecían día

