A pesar de la poca lumbre que los ilumina, eso no impide a la muchacha el ser testigo de cómo el dragón en el hombro del desconocido se alza en un corto vuelo hasta su chimenea y, una vez dentro de ella, incendia su cuerpo de forma espontánea, haciendo que la leña arda con él, avivando el fuego. Había escuchado decir que, los de esa especie, podían escupir fuego, no que hacían algo como lo que acababa de ver, no obstante, siendo casi una ignorante total en cuanto a ese tipo de cosas sobrenaturales, sabiendo solo lo necesario para poder defenderse, lo dejó pasar y se concentró en el ser de gran altura al que ahora podía volver a contemplar con claridad. El taco de sus botas sonó contra la madera a cada paso como un trueno hasta que lo tuvo a poco menos de tres metros de distancia y, por pr

