La mirada de él se encuentra con la suya, observándola con curiosidad. -¿Ocurre algo? -Bueno... -Puedes decirme lo que sea, no te avergüences. Soy tu prometido, serás mi esposa, puedes hablar de lo que necesites o sientas. No temas ser honesta conmigo. La caricia de él en su rostro la hace relajarse un poco en cuanto a su vergüenza, por lo que decide hablar, confesarse. -Está bien, te lo diré. Algunas de mis amigas que ya han pasado por esto, me dijeron que la primera vez duele mucho, que casi no se disfruta prácticamente, y que eso puede extenderse a otras veces. Me diste un orgasmo increíble y para mi eso es suficiente, deseo darte placer como tú lo has hecho conmigo, sin embargo, ahora que vi tu m*****o, temo que no pueda cumplir, que me duela y no pueda hacerte sentir tan bien co

