Los jóvenes cazadores paseaban a lo largo de la noche, recorriendo cada una de las calles de la ciudad. A Kibou le tomó por sorpresa la petición de Nozomu, sin embargo, acepto. Su compañera; por cada casa por la que pasaban, las veía con anhelo, deseando poder estar ahí.
- ¿cómo era tu vida antes… de convertirte en vampiro? –Por primera vez desde que conoció a Nozomu, sentía una especie de interés en su voz.
Los cazadores tenían frente a ellos la casa de Hanami. Kibou, por inercia y sin percatarse de ello, condujo a Nozomu hasta allá.
- Podría decirse que bastante calmada… -Se hizo un silencio entre ellos, Kibou estaba buscando las palabras acertadas para expresar sus sentimientos–. A comparación de ahora, era bastante calmada, si.
- Ahora tienes la probabilidad de poder morir en cualquier momento, durante las misiones. –La voz de Nozomu volvía a ser distante, fría.
- Oh, eso también podía pasar en mi vida de antes –dijo Kibou, sereno–. Solo… no era consciente de ello.
- Pero ellos no tienen que enfrentarse constantemente a los vampiros –recalcó Nozomu, intrigada.
Ambos cazadores siguieron su camino hasta que Kibou paro frente a una casa donde había una familia cenando.
- Ellos pueden morir en cualquier momento –continúo hablando Kibou–. Inclusive ahora, en estos momentos, la niña que esta hablando tan alegremente con su hermana mayor podría morir, o la hermana, o el padre, o la madre… pero no son conscientes de ello; nosotros sí. –Kibou continuo el camino, Nozomu lo seguía atenta.
- Pero pueden vivir su vida en tranquilidad, en familia, en amor. –Nozomu se veía afligida. Kibou quedo impresionado tras ver a su compañera de aquella forma.
- Sígueme.
Los jóvenes llegaron hasta un supermercado donde Kibou compro dos jugos de cajita.
- Ten. Yo invito. –Las palabras de Kibou eran gentiles. Sentados en la orilla del andén y perdidos en la inmensidad de la noche, ambos cazadores disfrutaron de aquel pequeño momento-. ¿Mejor? – la voz de Kibou siempre era amable.
- ¿cómo sabías que me gustaría? –expreso Nozomu, intrigada.
- Me lo contó Rysu – soltó Kibou entre pequeñas risas–. Vamos, está a punto de amanecer y no quiero asarme.
Después de mucho tiempo, Kibou escuchaba la suave risa de Nozomu. Era cálida.
Y desde aquella noche no se volvió a escuchar sobre los vampiros. Los cazadores pasaban sus días entrenando. Kibou invitaba a salir de vez en cuando a Nozomu para mostrarle como era la vida de las demás personas.