El resplandor sigue inundando la sala mientras James se cruza de brazos frente a mí y alza la barbilla. Me suelto el pie y hago una mueca de dolor cuando el dedo pequeño choca contra el suelo, también me cruzo de brazos intentando darme confianza, pero no ocurre nada increíble, sigo teniendo miedo de que se enoje aún más de lo que está. —¿Entonces? —Pregunta impaciente. —No quiero que los niños escuchen, James—digo en un susurro. Vira los ojos enojado y descruza sus brazos, pasa las palmas de sus manos por los costados de su ropa interior y bufa. —No tengo ganas de hablar, ¿vale? Solo ve a dormir, yo haré lo mismo. —¡Es que no puedo dormir! —Exclamo algo alterada. —Inténtalo. —Da media vuelta para volver al sillón. Mis ojos se llenan de lágrimas sin pedir permiso. —James. —Mi voz es

