No iba a escuchar nada. Estaba sacando los libros de la taquilla cuando dos chicas pasaron detrás de mí, hablando demasiado alto para no querer ser oídas y demasiado bajo para que pareciera importante. —Te digo que sí… que fue una apuesta —dijo una de ellas, riéndose. —¿Con quién? —preguntó la otra. No escuché la respuesta. O quizá sí, pero mi cabeza decidió no retenerla. La palabra se me quedó enganchada en el pecho como una astilla. Apuesta. Cerré la taquilla con un golpe seco y me giré, sin saber muy bien qué esperaba ver. Las chicas ya se alejaban por el pasillo, hablando de otra cosa, como si nada. Me quedé quieta un segundo, con el eco de esa palabra rebotando en mi cabeza. Apuesta. ¿De qué? ¿De quién? Negué despacio, casi sonriendo. No tenía sentido. El instituto estab

