Me despierto toda alarmada cuando escucho gritos en la casa de Patrick y como puedo, porque me temblaban las piernas, me cepillo los dientes y lavo mi cara antes de bajar. Al menos así no asusto a alguien. Mierda y si son ladrones, los puedo enamorar. Mientras bajo las escaleras, los gritos se escuchan cada vez más fuertes y cerca, aunque no podía distinguir muy bien las voces por el griterío.
—¡Dijiste que ibas a tomar la pastilla de emergencia o que sé yo como se llama eso!
—¡Bueno, eso no funcionó, Patrick! ¿¡Qué quieres que haga ahora!?
Me detengo de golpe a mitad del camino e intento sostenerme de la pared para no terminar en el piso. Estoy 99,9% segura de conocer esa voz, pero no puede ser cierto. ¿Cómo va a estar embarazada si Patrick y ella tienen un año separados? No me digas que me engañaron de nuevo.
—¿Sabes que vas a hacer? —escucho como le pregunta Patrick, mucho más calmado que antes.
—Lo voy a tener y me gustaría que creciera con un padre.
Confirmo mis sospechas de que era Brittany al escuchar esa voz chillona y sigo mi camino a paso lento. Tengo que acercarme a la cocina, ahí parecen estar.
—Justo ahora cuando todo me estaba saliendo bien —dice el moreno y puedo imaginarme la mueca que tenía en el rostro en estos momentos.
—Quiero que crezca con un padre, Patrick, pero con uno que lo quiera y se preocupe por él o ella. Es tu decisión, no te voy a moles...
—No, no, también es mi responsabilidad —el quarterback la interrumpe—. Voy a estar para lo que necesites, Britt, no hay de otra.
No sé que diablos había tirado en el piso, pero de alguna manera, termino cayéndome de culo por andar en medias. Cierro los ojos, rezando que no me hayan escuchado, pero cuando siento la presencia de ambos, caigo en cuenta de que es muy tarde.
—Hola, Kenz, buen día —murmura Pat, extendiendo su mano para ayudarme, pero la ignoro y me levanto como puedo.
—Buenos días —respondo frunciendo la nariz y noto como la rubia me escanea con la mirada.
—Yo mejor me voy —Brittany busca su bolsa en el sofá, deja un beso en la mejilla del moreno y luego camina hacia la puerta—. ¡Nos vemos, Mackenzie!
—La próxima vez que te vea te arranco las greñas, rubia oxigenada —murmuro entre dientes y finjo una sonrisa para que se termine de ir—. ¿Qué hacia ella aquí?
—¿Escuchaste algo de lo que hablábamos, Kenzie?
Entro a la cocina como si no hubiera escuchado a Patrick y voy en busca del paquete de Oreos, porque esas galletas eran lo único que podían calmarme en estos momentos. El moreno se sienta en una de las sillas altas de la cocina e intento no mirarlo, porque si lo hago, se hace real todo esto.
—Pregúntamelo, dale —suelta y escucho sus quejidos al no recibir respuesta alguna—. Kenz, por favor...
—¿Cuándo estuviste con ella? —pregunto con un hilo de voz, esperando lo peor—. Sólo dime que no me engañaste, porque ahí si renuncio a todo tipo de relación con alguien en lo que me queda de existencia.
—Fue antes de conocerte, un mes antes del Super Bowl de hecho —balbucea pasándose la mano por el cabello—. Me la encontré en una fiesta de alguien del equipo, ambos estábamos muy borrachos y pasó.
—O sea, que tiene tres meses y algo más de embarazo...
—Dieciocho semanas para ser exactos —completa y libero el aire que tenía acumulado en los pulmones—. Kenz, si no quieres seguir hablar del tema, lo entiendo completamente.
—Es que es mucho para procesar de golpe, ¿sabes? —digo acercándome a él, aunque la mesa estaba entre nosotros.
—Yo quiero a ese bebé, a pesar de todo —murmura entre dientes—. Britt y yo tuvimos muchísimas peleas antes de terminar, pero ella siempre estuvo ahí para mí y bueno, ese pequeño o pequeña no tiene la culpa de nada.
—Dios, creo que no voy a poder con esto —balbuceo caminando de un lado a otro—. Patrick, me estoy volviendo loca en estos momentos, en serio.
—Pero...
—Quizás no te guste lo que te voy a decir, no me importa, pero es que todo iba tan bien, Pat, parecía un cuento de hadas y ahora esto —hablo con los ojos llenos de lágrimas y casi que con un nudo formado en la garganta—. Siempre pasa algo que arruina todo en mi vida y creo que no estoy lista para...
—¿Lista para qué, Mackenzie? —cuestiona el castaño levantándose—. ¿Me vas a dejar? ¡Justo ahora cuando más te necesito!
—¡No me grites, idiota! ¿Crees que todo esto va a ser fácil para mí sabiendo que esa chica ha hecho todo lo posible para que vuelvas con ella? ¿Sabiendo que te ha amenazado repetidamente? ¡Esto no va a ser fácil para nadie y lo sabes!
—¿Me vas a dejar? —vuelve a preguntar, acercándose a mí lentamente—. Kenz...
—Necesito tiempo —sentencio mirando a mis pies, porque no soy lo suficientemente fuerte como para verlo en estos momentos.
Mahomes toma mis manos y las entrelaza con las suyas, antes de juntar nuestros cuerpos y abrazarme como nunca lo había hecho. Sí, sé que debe ser difícil para él, pero creo que por primera vez en todas mis relaciones amorosas, estaba haciendo lo correcto. Necesito tiempo para pensar en que hacer y lo que va a pasar.
—¿Crees que si nos apresuramos en estar juntos? —me pregunta juntando su frente con la mía.
Niego lentamente y sonrío de lado al ver sus ojos brillar. —El tiempo nos va a dar la respuesta
Salgo corriendo a la habitación del chico y empiezo a guard todo en mis maletas, asegurándome de no estar dejando nada tirado. En menos de cinco minutos, estaba lista para irme de este lugar. Llamo a un Uber y compro el primer boleto que encuentro que sea a Florida y que salga hoy mismo. Patrick solo me observa al verme salir y le agradezco muchísimo que no me diga nada o me detenga, porque no estaba de muy buen humor que digamos.