—Buenos días, amor —digo al entrar a la cocina, encontrándome a Patrick metiendo pedazos de la pizza de anoche en el microondas—. Que buen desayuno, Mahomes.
—No hay nada para comer, literalmente nada, así que me vas a acompañar a hacer la compra en un rato.
El pitido del microondas es el responsable de hacernos separar nuestros labios y luego de comernos la pizza recalentada, salimos con dirección al supermercado. La verdad es que me estaba gustando mucho Kansas y ojalá pudiera quedarme aquí con Pat en vez de irme a Florida, pero al menos ahora lo tendré a un par de horas de mí.
—¿Trajiste tus lentes de sol? —me pregunta y yo asiento, sacándolos de mi bolso—. Es hora de ser espías, bebé.
Sonrío emocionada y Mahomes entrelaza su mano con la mía al bajarnos de su coche. Caminamos por todo el estacionamiento y entramos al lugar como si nada. El ruloso saca su celular de su bolsillo y busca en sus notas la lista de compras, mientras yo le busco un carrito para tirar todo.
—Voy por mis galletas, ya vuelvo.
Dejo un beso rápido en la mejilla del chico y voy en busca del pasillo de las benditas galletas y cuando por fin las encuentro, una rubia intenta quitarme de la mano el último paquete de Oreo Cookies & Creme de la mano.
—Hola, es mía, permiso —murmuro subiéndome los lentes e intento huir antes de que se arme un escándalo.
—¿Mackenzie Brady, no? —me volteo con una sonrisa falsa en el rostro, pero esta se convierte en una mueca al ver a la chica de nuevo—. Soy Brittany, Brittany Matthews... Seguro me conoces.
—Oh, tú —balbuceo mordiéndome ligeramente la lengua. No vuelvo a pensar en encontrarme a nadie más nunca, creo que soy bruja.
—Bueno, veo que Pat se busca chicas con gustos parecidos a los míos —dice, con su voz chillona, señalando las galletas. Quiero acuchillarme en estos momentos sólo para no escucharla.
—Bueno, al menos ya no las busca rubias oxigenadas —le respondo quitándome los lentes y poniéndolos sobre mi cabeza—. Que tengas un buen día, Britney.
—Es Brittany...
—Es parecido, ¿no?
Me voy de ese pasillo, sintiéndome Beyoncé en el Super Bowl, pero cuando veo a Patrick al lado de la parte refrigerada, recuerdo que la bruja sigue por ahí y ya debe saber que el quarterback está aquí.
—¿Nos podemos ir ya? —le pregunto haciendo un puchero y este se ríe.
—Ya me encontré con Brittany, Kenzie, está todo bien.
—¿En serio? ¿Qué te dijo? ¿Puedo ir a hablar, pero en realidad la mataré? —cuestiono a toda velocidad y se pone serio—. Es broma, Mahomes, no quiero matarla... todavía.
—Eres muy mala, Brady —murmura besando mi frente—. Pero así te quiero, amor.
—Yo te quiero más, ¿sabías? —Patrick me mira fijamente y se acerca a darme un pico en los labios—. ¿Qué te dijo Britney? Brittany, lo siento, ya se me hizo costumbre.
—Me amenazó, intento acercarse a mí y tocarme, me la saqué de encima y se fue con su risa malévola que me da pánico.
—¿Has pensando en ponerle una orden de alejamiento? —le pregunto y Pat se detiene.
—¿Qué dices? ¿No crees que eso es llevarlo al extremo?
—Sólo decía —suelto rodando los ojos—. Igual, perro que ladra no duerme. Si quisiera hacerte algo, ya lo hubiera hecho. No te preocupes demasiado.
—No sé, pero hoy la noté distinta, no fueron las amenazas de siempre, ¿sabes?.
—Pero... ¡Mira, Pat! Hay pizzas congeladas de piñas. ¡Voy a comprar mil!
Y es así como el nombre de Brittany se esfumó de nuestra conversación. Bueno, no de mi mente. Sigo pensando que hay algo raro en ella y sus actitudes, pero bueno, ya veremos que nos trae la vida.