—No va a venir, Erin, creo que lo asusté con lo que le dije. —Si va a venir, Kiki, porque te ama mucho, pero ya deja de comer tantas palomitas —suelta quitándome el bowl de las manos, por lo que me quejo—. Y levántate de ahí, tienes una hora mirando a la puerta. Veo a Tom y Jules en el patio, jugando como siempre, y me pega la nostalgia al darme cuenta de que ya no pasarán toda la temporada juntos y que no molestaré a Edelman 24/7 por sus errores en los partidos. Tampoco es como que se equivoque mucho, pero si me entienden, aprovechaba esos pequeños momentos. Me levanto del sofá y salgo a ver a los chicos, que al darse cuenta de mi presencia, insisten en que juegue con ellos, pero simplemente me tiro en la grama y los observo como la fan número uno que si soy. —¿Estás bien,

