El amanecer trajo consigo un aire de resolución mientras Aneliz, Liam, y Jacob se preparaban para partir. Sabían que su misión era peligrosa, pero también que no podían seguir ocultándose indefinidamente. El primer paso en su plan era dirigirse a un pequeño asentamiento al borde del territorio de la Manada, donde sabían que algunos disidentes se reunían en secreto.
Jacob les había proporcionado provisiones y un mapa detallado de los senderos menos transitados. Con sus mochilas listas y sus corazones decididos, partieron al amanecer, dejando atrás la seguridad relativa de la cabaña.
El viaje a pie fue largo y extenuante. El bosque era denso, con árboles altos que bloqueaban la luz del sol y senderos estrechos que exigían toda su atención. Aneliz lideraba el grupo, confiando en sus habilidades de orientación y en la experiencia que había adquirido viviendo en las afueras.
A medida que avanzaban, los tres compartían historias y estrategias, fortaleciendo su vínculo y su determinación. La camaradería se convirtió en su mayor fuente de ánimo, sabiendo que no estaban solos en su lucha.
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Llegaron al asentamiento al atardecer. Era un pequeño grupo de cabañas ocultas en un claro del bosque, lejos de las rutas principales. La comunidad parecía tranquila, pero Aneliz podía sentir la tensión subyacente en el aire.
Un hombre de mediana edad, con un semblante duro y cicatrices visibles, se acercó a ellos cuando entraron en el claro. Sus ojos mostraban desconfianza, pero también una chispa de curiosidad.
—¿Qué buscan aquí? —preguntó con voz firme.
—Venimos en busca de aliados —respondió Aneliz, manteniendo la mirada fija en la del hombre—. Sabemos que hay muchos que no están de acuerdo con la manera en que Steven Stone gobierna la Manada. Queremos unir fuerzas y luchar por un futuro mejor.
El hombre los estudió por un momento antes de asentir lentamente.
—Mi nombre es Marcus —dijo—. Soy uno de los líderes de este asentamiento. Hemos oído rumores de descontento, pero hasta ahora, nadie ha tenido el valor de enfrentarse a Steven directamente.
—No tenemos otra opción —dijo Liam, dando un paso adelante—. Si no hacemos algo, nuestras vidas seguirán bajo su control opresivo. Necesitamos unirnos y demostrar que no somos tan débiles como él cree.
Marcus miró a Liam y luego a Aneliz y Jacob. Finalmente, asintió.
—Hablen con los demás —dijo, señalando hacia las cabañas—. Si logran convencerlos, consideraremos unirnos a ustedes.
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Aneliz, Liam y Jacob pasaron el resto de la tarde hablando con los habitantes del asentamiento. Compartieron sus historias y explicaron su plan para resistir. Aunque muchos mostraban escepticismo, también había un creciente sentimiento de esperanza y determinación.
Una mujer llamada Elara, con ojos penetrantes y una actitud resuelta, se acercó a ellos después de escuchar su propuesta.
—Mi hermano fue víctima de la brutalidad de Steven —dijo con voz temblorosa—. Si hay una posibilidad de detenerlo, estoy con ustedes.
Otros siguieron su ejemplo, contando sus propias historias de pérdida y sufrimiento bajo el mandato de Steven. Poco a poco, la resistencia empezó a tomar forma, con personas dispuestas a arriesgarlo todo por un cambio.
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Al anochecer, Marcus convocó a una reunión en el centro del asentamiento. Todos se reunieron alrededor de una gran fogata, sus rostros iluminados por el resplandor de las llamas.
—Hemos decidido unirnos a su causa —anunció Marcus, mirando a Aneliz y su grupo—. Pero esto no será fácil. Steven tiene ojos y oídos por todas partes. Necesitaremos ser cautelosos y estratégicos.
Aneliz asintió, sintiendo una mezcla de alivio y responsabilidad. Sabía que este era solo el primer paso en una lucha larga y peligrosa.
—Gracias, Marcus —dijo, con gratitud en su voz—. Juntos, tenemos una oportunidad. Pero necesitamos más aliados. Hay otros asentamientos y personas que también desean la libertad. Debemos encontrarlos y unirlos a nuestra causa.
Marcus asintió, comprendiendo la magnitud de la tarea que tenían por delante.
—Nos dividiremos en grupos pequeños —sugirió—. Cada grupo buscará a otros disidentes y les informará sobre nuestro plan. Debemos movernos rápido y con sigilo.
La estrategia quedó delineada esa noche, y los roles asignados. Aneliz y Liam liderarían uno de los grupos, mientras Jacob se quedaría en el asentamiento de Marcus para coordinar las comunicaciones y los recursos.
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Al día siguiente, con el primer rayo de sol, los grupos se dispersaron en diferentes direcciones. Aneliz y Liam, acompañados por Elara y un joven llamado Darius, partieron hacia el oeste, hacia otro asentamiento conocido por su descontento con el liderazgo de Steven.
La caminata fue larga y agotadora, pero el conocimiento de que no estaban solos les daba fuerzas. A medida que se adentraban en el territorio desconocido, sabían que el camino sería peligroso, pero también que cada paso los acercaba más a la libertad.
Aneliz miró a sus compañeros, sintiendo una renovada determinación. La resistencia estaba creciendo, y con cada aliado que encontraban, se fortalecía su esperanza de un futuro mejor.
Sabían que el enfrentamiento con Steven Stone era inevitable, pero también que estaban listos para luchar. Unidos por una causa común, nada podría detenerlos en su búsqueda de justicia y libertad.