Capitulo 10

1356 Palabras
Alexei Volkov Ver a mi sestriónka en aquel estado fue como clavarme un puñal romo muy lentamente en el pecho; el terror que reflejaban sus ojos fue… fue, no sé cómo describirlo, porque no encuentro palabras para definirlo. La desolación que sentí en ese momento, cuando la vi temblar, el pánico atroz que se reflejaba en su mirada y que seguramente debió sentir en todo su ser, y lo que vino después… ¡Bozhe! Ver cómo se ahogaba sin poder hacer nada por ella, porque nuestra sola presencia le era abrumadora… fue nuestra presencia lo que la perturbada. ¡Der'mo! La rabia, frustración y el dolor que tenía dentro, a partes iguales en mi interior, estaban a punto de hacer erupción. Ver la desesperación en la cara de Pa pa… no quiero pensar cómo debió sentirse él al sentir el rechazo de su hija. Entendía por qué se había precipitado al querer acercarse a Ania. En cuanto nos dijeron que ella había despertado, salimos corriendo de la casa que teníamos en América. Para ninguno era una opción regresar a Moscú, y tampoco lo era trasladarla ahí, dada lo delicado de su condición. Así que llevamos seis meses aquí. Ese fue el tiempo que mi pequeña estuvo en un coma inducido debido a las múltiples lesiones que tenía, además de la anemia y desnutrición que padecía. Necesitó varias transfusiones y, entre Pa pa, Andrey y yo, nos encargamos de darle toda la sangre que necesitara, así eso implicara poner en riesgo nuestra propia salud. Haríamos todo con tal de salvarla. Tuvieron que operarla dos veces; en más de una ocasión pensamos que no lo lograría. Los médicos no daban mucha esperanza, pero ella se encargó de demostrar que era una guerrera, una Volkov, hasta que logró estar estable. Sin embargo, no despertaba, a pesar de que la médico que la atendió dijo que la mayor parte de sus lesiones ya estaban curadas, y eso nos tenía muy preocupados. Pa pa mandó a traer a la mejor terapeuta que había en América, la mejor especialista en el tratamiento de traumas psicológicos que seguramente tendría, las secuelas del tormento que vivió, por eso cuanto despertará queríamos comenzar con las terapias . Hoy que la vi en aquel estado, jamás imaginé que el trauma que le generaron fuera a tal grado. La terapeuta recomendó que el acercamiento fuera gradual, pero cuando entramos en aquella habitación solo queríamos abrazarla, decirle que ya no debía tener miedo, que ahora nosotros estábamos ahí para ella, que la cuidaremos y no dejaríamos que volviera a sufrir ningún daño. Pero todo se salió de control, tanto que tuvieron que sedarla para que pudiera tranquilizarse. ¡Suka! —dije, lanzando todo lo que había sobre la mesa de noche en mi habitación, y luego seguí con las cosas que encontré a mi alrededor, maldiciendo una y mil veces a esa mujer—. ¿Cómo pudo hacerle eso?, ¿cómo pudo destruirla hasta ese punto? Tomé la botella de vodka que tenía y comencé a beber directamente de ella. Necesitaba apagar, de alguna manera, el fuego que amenazaba con consumir mi interior, pero con cada trago el fuego se hacía más grande y el dolor tampoco cedía. Solo lancé la maldita botella al suelo, donde se hizo añicos con un sonido sordo. Quería destrozar todo a mi paso y, cuando estaba a punto de voltear la cama, sentí cómo alguien me sujetaba por la espalda. —Frat, cálmate. Destrozándolo todo no lograrás nada. Su aliento también olía a alcohol; al parecer no fui el único que pensó que ahogándose en licor podría apaciguar la rabia y el dolor. Solté la cama y me volteé para abrazar a mi otra mitad. Sentí que algo tibio mojaba mi hombro y también surcaba mi cara… eran lágrimas. Lágrimas mías y de mi gemelo. —Frat… ¿qué le hizo esa… mujer a nuestro pequeño ángel para que reaccione de tal modo con solo vernos? ¿Cómo podemos ayudarla si ni siquiera soporta nuestra presencia? Ella… ella nos tiene pavor, no puede ni vernos. —¡Bozhe! No sé qué hacer, frat —dijo Andrey, sollozando más fuerte, y yo lo acompañaba en silencio mientras las lágrimas caían sin parar sobre mis hombros y por mis mejillas, porque yo tenía el mismo sentir y me hacía las mismas preguntas. A la mañana siguiente tenía un terrible dolor de cabeza. Andrey y yo habíamos vaciado todas las botellas de vodka que encontramos, al punto de que no recordaba cómo había llegado a la habitación de mi gemelo. Supongo que era la única opción, puesto que mi habitación era inhabitable después de que la destrozara por completo. Bajamos a la cocina para servirnos una taza de café y, de camino al recibidor, nos encontramos con unas maletas y a Pa pa sentado en un sofá; al parecer nos estaba esperando. Mi gemelo le preguntó: —¿A dónde vas, Pa pa? —Regreso a Moscú. Hay asuntos que necesitan mi atención de manera urgente, los cuales Iván no puede manejar —dijo mi padre, dejando el vaso de vodka que tenía en la mano sobre la mesa, y luego se puso de pie. —Pero… no te puedes ir ahora. Annia nos necesita… te necesita —volvió a decir Andrey. Mi padre lo miró y respondió: —Lo que necesita Annia es estar lejos de mí. Ahí estaba realmente la verdadera razón por la cual regresaba a Moscú. —¿Entonces estás huyendo? —le dije—. El gran Mikhael Volkov está huyendo, se ve superado por una situación y huye. Entonces él me miró, con la decepción oscilando en sus ojos, y luego respondió: —No estoy huyendo de nada ni de nadie. No tengo por qué darte explicaciones, pero aun así lo haré, solo porque sé que, al igual que todos aquí, lo que te hace hablar es el dolor y la frustración. —Ayer, mientras ustedes “desahogaron” su dolor en todas las botellas de vodka que encontraron en esta casa, yo contacté a la terapeuta de Annia. Ella ya estaba al tanto de lo sucedido y analizamos juntos qué fue lo que desencadenó el ataque de pánico. Llegamos a la conclusión de que fue mi presencia, porque si bien es cierto ella mostró miedo cuando nos vio, este se multiplicó en un segundo cuando escuchó mi nombre y, al momento, relacionó todo. Sin duda alguna, ella ya sabe que yo soy su padre y lo más seguro es que Katarina le haya contado mentiras sobre mí mientras la agredía, lo que desencadenó que reaccionara de ese modo. Es por eso que, de momento, es mejor que ella no me vea, porque en lugar de ser una ayuda solo seré el motivo de que episodios como el de ayer se repitan, y quizá ella no pueda soportarlo. Después de escuchar a mi padre, me sentía muy avergonzado por haber malinterpretado su partida. Él, a pesar de su dolor, no se había echado a llorar ni a alcoholizarse como nosotros; todo lo contrario, analizó la situación y buscó la forma de que esto no volviera a suceder para poder ayudar a Annia. Llegó a la conclusión de que era mejor alejarse de ella, a pesar de que era lo último que quería hacer, y aun así lo haría todo por ella. Una vez más demostraba el porque era Líder de la Pradva. —Pa pa… yo… —quise disculparme, pero él me silenció. —No les estoy diciendo eso para reclamarles algo, ni mucho menos. Se los digo porque yo partiré a Moscú y los necesito a ustedes dos como los pilares para sacar de ese hoyo donde esa… ha hundido a su hermana. Cuento con ustedes para eso. He recibido un llamado y requieren mi presencia de manera urgente en Moscú, ustedes saben que tratando de retrasar el regreso todo este tiempo, Pero ya no es posible. —Cuento con ustedes y sé que no me van a fallar. Espero que cuando regrese podamos volver todos juntos a Moscú y llevarnos a casa a nuestro pequeño ángel.
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