Annia El lunes llegó demasiado rápido y, con él, mi regreso a clases. Las lecciones del profesor Strauss eran tan agotadoras como fascinantes. Era un hombre extremadamente exigente; desde el primer minuto llenaba la pizarra con complejas secuencias de encriptación y problemas que parecían imposibles de resolver. Sin embargo, también era un genio. Cada clase con él se sentía como entrar en otro mundo, uno donde la lógica y la inteligencia podían convertirse en armas letales. Sus cursos eran exclusivos, casi imposibles de aprobar, por eso el grupo era tan reducido. Solo éramos diez alumnos y únicamente dos mujeres. La otra chica se llamaba Nour. Desde el primer día habíamos congeniado bastante bien. Era reservada y silenciosa, pero también amable. Había conseguido entrar al selecto grup

