Annia
Las sesiones con la doctora Smith a lo largo de estos 4 meses me ayudaron mucho. Había comprendido muchas cosas de lo que había vivido: jamás había sido culpable, que solo había sido una víctima y, poco a poco, estaba superando los traumas psicológicos que habían generado Dean y Katarina en mí. Ese era el verdadero nombre de la mujer que me había dado la vida, porque llamarla madre era una denominación que esa mujer no merecía. También me ayudó a superar el pánico por el acercamiento de otros hombres que no fueran mis hermanos; podía tolerar su presencia alrededor, aunque todavía tenía pesadillas por las noches y recordaba lo que me había hecho Scott, y en algunas ocasiones despertaba intempestivamente porque el sueño era tan real.
Olena estaba a mi lado siempre, aunque después de unas semanas le dije que por favor fuera a dormir a la casa de mis hermanos, porque había visto las ojeras que tenía, ya que mis despertares tampoco la dejaban dormir a ella. Además, debía ser muy incómodo el sofá mueble donde dormía y eso no era justo. Ella al principio se resistió, pero le expliqué también que quería lidiar con mis miedos por mí misma, así que, a regañadientes, aceptó, aunque siempre estaba ahí a primera hora del día.
Hoy tenía terapia con el Dr. Anderson, quien se encargaba de mi rehabilitación física. Gracias a su ayuda pude caminar en un mes; bueno, aunque lo hacía con un bastón, pero lo había logrado, que era lo importante, según me dijo él. Ahora mismo ya lo podía hacer por mí misma sin ningún tipo de ayuda y estaba muy orgullosa.
Además, durante todo este tiempo había ganado peso hasta llegar al correcto para una chica de mi edad. Creo que esa fue una de las partes que más me costó superar de todo el proceso de recuperación, ya que, a lo largo de todos estos años, la comida que recibía mi cuerpo era escasa; pues ahora que recibía la alimentación correcta, este la rechazaba mediante vómitos, mi estómago no la toleraba, así que, sin querer, padecía un trastorno alimenticio: era anoréxica.
La nutricionista que también visitaba periódicamente había trabajado un régimen alimenticio que trataba la ingesta de alimentos en diferentes horas del día y en pequeñas cantidades. Al principio, esto con el fin de que mi cuerpo se acostumbrara a ellos; luego fue reduciendo las veces que comía al día y aumentó la cantidad de alimentos. Actualmente ya comía 5 veces al día y la porción de alimentos había aumentado considerablemente; además, las vitaminas y algunos suplementos que tenía que tomar habían ayudado mucho.
Mis hermanos venían a verme todos los días y conversábamos durante horas. Ellos me contaban su vida durante todos estos años; fue entonces donde me enteré de que ellos tenían 24 años. Alexei era el mayor, incluso que Andrey; él era un genio porque se había graduado de dos titulaciones a la vez en la universidad: Finanzas y Derecho, mientras que Andrey se había especializado en Recursos Humanos. Ambos trabajaban en la compañía de nuestro padre en Moscú, pero habían pedido una licencia para poder estar aquí conmigo.
No fue hasta entonces donde caí en cuenta de que ellos tenían una vida que no estaba en América y que, tarde o temprano, tenían que volver. No se iban a quedar para siempre aquí y aquel pensamiento me puso muy triste; no quería separarme de ellos.
Supongo que ellos se dieron cuenta de mi cambio de humor, porque Alexei me preguntó:
—¿Ángel, sucede algo?
Yo negué con la cabeza, pero esta vez fue Andrey quien me tomó del rostro, fijando su mirada en la mía:
—Pequeña, no nos mientas, sabes que algo pasa. ¿Nos quieres decir qué es, por favor?
Yo lo miré.
—Solo… solo es que… bueno, sé que ustedes tienen una vida en Moscú, que han pospuesto sus planes por mí por mucho tiempo y que tienen que regresar en cualquier momento. Solo que cuando eso pase yo… yo los voy a extrañar mucho —dije con un ligero temblor en mi voz.
Ellos se miraron el uno al otro, como no comprendiendo del todo mis palabras, y fue Alexei el que habló:
—Ángel, es cierto que nuestra vida está en Moscú y que ya va siendo tiempo de que regresemos. Es más, hoy mismo recibimos una llamada de Iván para que estemos en Moscú la siguiente semana, porque…
—Entonces eso quiere decir… que volverán a Moscú en unos días —interrumpí a mi hermano.
Sabía que aquello era inevitable, pero no pensé que fuera tan pronto. Sentía escozor en los ojos, pero no podía llorar, porque sería egoísta de mi parte, y aun así no podía evitar la congoja que sentía en mi interior.
—Eso quiere decir que volveremos a Moscú la próxima semana —dijo Andrey señalando a los tres.
Aquella noticia me dejó perpleja.
—Eso… ¿eso quiere decir que yo iré con ustedes? —los miré a ambos.
Ellos asintieron con una gran sonrisa.
—Claro que sí, pequeña. No pensabas que te íbamos a dejar ahora que te hemos encontrado. No te vas a librar tan fácil de nosotros. Tú irás con nosotros a Moscú —volvió a decir Andrey, frotándome la cabeza.
Pero la tristeza se colocó nuevamente en mi pecho, y fue Alexei quien otra vez se dio cuenta de ello:
—¿Qué pasa, Ángel? ¿No te gusta la idea de ir a Rusia con nosotros? —preguntó, mirándome expectante.
—No es eso, claro que me encanta la idea de ir con ustedes. Solo que… ¿qué pasará con Olena y Mikhail? Verán, yo no los puedo dejar aquí. Además, yo jamás he salido de la ciudad y, bueno, mucho menos del país, así que no tengo pasaporte y aún no cumplo los 18 años, así que tampoco tengo una identificación legal. Es más, ni siquiera sé si tengo un acta de nacimiento.
Andrey me miró.
—Pequeña, Olena vive también en Moscú, ella es la mano derecha de papá, y por Mik no tienes que preocuparte, él también vendrá con nosotros, él también es nuestro hermano. No pensamos desampararlo. Además, ya hemos tramitado su patria potestad como sus únicos parientes vivos. Y bueno, con respecto a los documentos —luego miró a su hermano—, eso sí puede ser un pequeño inconveniente, pero nada que el abogado de la familia no pueda solucionar, ¿verdad, frat?
—Sí —respondió él—. Con la muerte de Katarina y la prueba de ADN que te hicieron, se probaría que papá es tu padre biológico y, por ende, quien tendría tu custodia. Con respecto a los documentos de identificación, podemos solicitar un duplicado; solo necesitamos saber si tienes un acta de nacimiento. Sería más sencillo si supiéramos dónde naciste y la fecha, ya que sin eso demoraría un poco más el trámite, y bueno, lo demás es papeleo que, con nuestros contactos, a lo sumo demoraría entre 3 o 4 días.
Yo los miré con ilusión en mi interior; entonces sí iba a poder ir.
—Yo sé dónde y la fecha de mi nacimiento —dije.
—¿En serio, Ángel? Eso es perfecto —dijo Andrey—. ¿Cuándo fue?
—Nací en Sacramento, el 01 de diciembre.
Ambos se miraron y vi la sorpresa que había en sus ojos.
—¿Qué pasa? ¿Hay algo de malo en el lugar donde nací?
—No es eso, pequeña, es solo que nos sorprendió la fecha, ya que nosotros nacimos ese mismo día —dijo Andrey, y tanto él como Alexei sonrieron.
Ahora la sorprendida era yo: compartía cumpleaños con mis hermanos, y una gran sonrisa se dibujó en mis labios.
—Bueno, nuestro regreso a Moscú no puede haberse dado en mejor momento, ya que falta poco para nuestro cumpleaños, y ese fue el principal motivo por el cual Iván me llamó hoy —dijo Alexei.
—Papá está organizando una gran fiesta para esa fecha, y ahora la celebración será por partida triple: nuestro cumpleaños, tu cumpleaños, mi pequeña, y la vuelta a Moscú de la printsessa de los Volkov. Papá estará muy feliz —añadió Andrey.
Ver al patriarca de los Volkov era una idea que aún no podía procesar del todo. Tenía muchas preguntas que hacerle, muchas dudas que necesitaban respuesta, pero seguí el consejo de Olena: no haría juicios apresurados de Mikhail Volkov hasta hablar con él.