20.

1689 Palabras

Cuando Moira despertó casi de inmediato se dio cuenta donde estaba, el sonido de su ritmo cardiaco en el monitor y las agujas clavadas en su piel inyectando líquidos o sacando sangre. Cuando abrió los ojos la luz cegadora le dolió, pero se recuperó de inmediato. Estaba acostada en una camilla, amarrada a ella con correas gruesas que le sujetaban los pies y las manos, la habitación era impolutamente blanca y había cientos de monitores y pantallas llenas de cosas que no entendió. Junto a ella, en una bata blanca y con el cabello canoso perfectamente peinado hacia atrás, estaba sentado Luciano Ferbo que la miraba con una sonrisa en la boca. —Eres increíble —le dijo —Apenas tres minutos después de que te dejaran de administras el sedante despertaste completamente lúcida —Moira trató de liber

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