A pesar de haber bromeado un poco con Claudio de lo sexy que era Pablo, Moira vio como a todos les temblaban las rodillas mientras subían por las escaleras hacia su habitación, Alexander se abrazaba a sí mismo y se quejaba de que la montaña debería de tener calefacción. Cuando llegaron Luciana insistió que Claudio debía pasar a una habitación diferente y con seguridad, ya que los demás vampiros estaban muy tensos y era mejor prevenir, así que Alexander y Moira se encontraron solos cuando la puerta se cerró. Sus pocas pertenencias estaban en una pequeña mesa y él corrió hasta el bolso para sacar ropa. —La llevaron a la lavandería —le explicó ella al ver que no encontraba nada y él bufó con fastidio. Le dio la espalda a Moira y se quitó la camisa que envolvía su cintura, luego se metió bajo

