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Presa del monstruo

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intro-logo
Descripción

Ahora le pertenecía a él. Años huyendo para terminar siendo presa de uno de aquellos monstruos.

Aterrador, si, pero era incapaz de resistirme a él. Su sola presencia hacia que perdiera el control.

Sin quererlo, me había convertido en el trofeo de una antigua batalla entre seres inmortales y poderosos.

Pronto iba a experimentar el mayor de los placeres pero también el mayor de los horrores.

Me llamo Victoria y esta es mi historia.

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Capítulo 1: El final del camino
Corríamos a través del bosque, huyendo, empuje delante de mi a April intentando que no se cayera. Estaba agotada, ella no era tan fuerte como yo, no podría durar mucho más y lo sabía, tenía que tomar una decisión rápida o ambas estaríamos sentenciadas. Los árboles pasaban a nuestro alrededor rápidamente, una rama golpeo mi cara y noté el corte, pero seguí adelante oyendo a los perros y a los vende-hombres detrás nuestra, pronto nos alcanzarían. Estaba intentando no entrar en pánico, pero cada vez costaba más. April se cayó al suelo, la vi rodar dolorosamente, su pelo rojo se enredó en su cara mientras lloraba y se agarraba la pierna. Retrocedí hasta ella rápidamente, oyendo como cada vez estaban mas cerca. -        ¡Vamos Nana! tienes que moverte, ¡vamos! no podemos parar- le supliqué mientras veía como su espinilla sangraba. Miré a mi alrededor desesperada. No podía cargar con ella, no podía dejar que la cogieran, no a ella. Padre me hizo prometer que la protegería...  Unos metros hacia el este había un gran árbol con un hueco pequeño en la base, la arrastré como pude, notando como todos los músculos de mi cuerpo protestaban por el esfuerzo. -        Déjame, no puedo seguir, nos van a atrapar. - April estaba aterrada, peleó contra mí, pero me resistí y la llevé hasta aquel árbol. -        Vas a hacer lo que te diga ¿vale? - agarré con fuerza su cara y miré directamente a sus inmensos ojos verdes- vas a esconderte en ese agujero y no vas a hacer ningún ruido pase lo que pase. Intenté que comprendiera lo que quería decir. Que lo entendiera muy bien porque solo tendríamos una oportunidad. Ella asintió con lágrimas en los ojos y se arrastró hacia aquel hueco, la empujé dentro mientras arrastraba unas ramas de alrededor, entonces ella lo comprendió. -        ¿Y qué vas a hacer tu? Aquí no cabemos las dos, ¿Qué estás haciendo Vic? – intentó detener mis movimientos, pero no había tiempo, comencé a llorar mientras trataba que se metiera en aquel escondite improvisado. -        No podemos salvarnos las dos, yo tendré mas oportunidades, recuerda lo que nos dijo padre, no pueden cogerte, sabes lo que te pasará- le supliqué mientras rebuscaba en la mochila rápidamente, saqué el spray con la mezcla de pimienta que padre nos había enseñado a hacer, y comencé a rociar a April todo lo que pude, cada vez oía a los perros mas cerca y a los vende-hombres gritar. -        ¡No!, ¡no!, para, ¡no puedes! - volvió a suplicar, pero no quería oírla, tenía que salvarla. -        Te quiero Nana, sabes que te quiero mas que a nada en el mundo, eres todo lo que tengo y tengo que cumplir mi promesa. - limpié las lágrimas de mis ojos y la empujé con un último esfuerzo, la escuché sollozar desconsolada- no puedes hacer ningún ruido, ¿entiendes? Pase lo que pase no quiero que te muevas de ahí, se fuerte Nana te amo. Tapé con todo lo que encontré aquella abertura y terminé todo el spray por todo el lugar, no quería que los perros la pudieran oler, tiré el bote y me separé unos metros antes de que los perros aparecieran. Uno de ellos se tiró sobre mi, derribándome. Caí boca abajo sobre el barro, noté la sangre en mi boca, me había cortado el labio en la caída. El perro gruñía y ladraba encima de mí, avisando a los vende-hombres. Ellos aparecieron unos segundos después, uno de ellos saco al enorme perro de encima mía y me obligó a darme la vuelta. -        Mira lo que hemos encontrado, nos has hecho correr un poco- el mas alto de los dos me habló sonriéndome con una hilera de dientes amarillos y podridos. Tenía una barba larga de color castaño de pelo duro y estropeado y una calva en la cabeza, su enrome brazo sujetaba con fuerza el tenso collar del perro que trataba de tirarse sobre mí. Traté de no mirar hacia April, de no delatarla como fuera, pero el otro perro comenzó a olisquear el suelo hacia ella asique trate de huir otra vez para despistarles. El perro cambio de objetivo rápidamente y se lanzó contra mi pierna haciéndome daño. -        Pero que intentas niña, ya me estoy cansando- el otro hombre era bajo y tosco, tenia unas facciones fuertes y un pelo largo y asalvajado, vino hacia mí con brusquedad y me agarró del brazo mientras apartaba al perro de mí. Noté la sangre correr por mi pierna, pero al menos los había alejado de April. Me sujetó con fuerza mientras me atraía hacia él, apartó la capucha de mi sudadera y la hizo a un lado despejando mi cuello, quería encontrar mi marca, pero no lo haría. -        Fid, no tiene marca- le dijo con una sonrisa estúpida al otro hombre. Este se acercó sin creérselo y sus manos escarbaron en mi cuello de manera bruta tratando de cerciorarse. -        Lo mismo la tiene en otro sitio, hay que asegurarse- los dos se miraron con una mirada que hizo que me estremeciera, iban a desnudarme y no podía permitirlo. -        No tengo marca, lo juro, llevo huyendo desde que todo esto empezó, de verdad, no la tengo- supliqué desesperada, quería que me alejaran de allí cuanto antes, si me desnudaban y alguno de los dos se emocionaba demasiado podrían terminar violándome y eso haría que April saliera de su escondite y nada habría servido. Me tiraron al suelo y los dos se miraron un instante y se pudieron a celebrar con estúpidos. -        ¿Sabes lo que eso significa no? Además, hoy hay cosecha, y es joven podríamos meterla con las demás, nos darán una pasta- el tipo alto enseño sus asquerosos dientes con satisfacción, no comprendía lo que habían dicho, pero no había tiempo. El otro tipo se acercó a mí, sacó una especie de pequeña jeringa y sin poder hacer nada mas me la clavó en el cuello, unos segundos después todo se volvió borroso y perdí el conocimiento. Desperté entre brumas, sintiéndome mareada y pesada, traté de moverme, pero algo impidió que pudiera mover mis manos. Abrí los ojos, el suelo se movía debajo de mí, vi un fondo n***o, traté de mover los pies y obtuve el mismo resultado, algo también impidió que los moviera. Mi cabeza se despejó muy lentamente. Estaba en un cubículo cerrado, dentro de algo que se movía, tenía las manos y los pies atados con cadenas, apenas pude incorporarme, todo daba vueltas, ¿Cuánto tiempo llevaba allí? Me estaban llevando a algún lugar. Estaba aterrada, llena de barro, sentía la sangre seca en mi cara y mi pierna estaba dolorida por el mordisco. Seguramente me llevarían a una de las fortalezas, me venderían como esclava, con suerte me tocaría la cocina o la limpieza de algún lugar. Recordé a mi padre, tanto que había luchado, pero al menos había conseguido salvar a April. Si a ella la hubieran cogido con lo hermosa que era la habrían llevado ante aquellos monstruos... Las chicas y los chicos hermosos y llamativos como ella, eran vendidos por los pueblos para ganarse el favor de esas criaturas asquerosas que habían esclavizado al mundo. Lloré sin poder evitarlo, pero rápidamente limpié las lagrimas de mi ojos, tenía que ser fuerte, trataría de escapar en cuanto me asignaran a cualquier lugar, y trataría de encontrar a April. Ella no era tan fuerte como yo, padre y yo siempre la habíamos cuidado y protegido. Pero la huida nos había puesto en peligro a los dos y finalmente a mí, tras morir padre el invierno pasado. Y ahora sin marcar, me había convertido en algo valioso según habían dicho aquellos hombres. Después de unas horribles horas mas, por fin se detuvo el movimiento del vehículo en el que me trasportaban, oí el ruido amortiguado de las puertas delanteras al cerrarse y el ruido de voces lejanas. Me preparé para encarar lo que me esperaba sin mucho mas que poder hacer. Las puertas traseras se abrieron, y la luz entró de golpe a donde estaba, protegí mis ojos tratando de no cerrarlos para poder ver lo que fuera que me esperaba. El hombre de la barba que me había apresado, fue hacia mí y abrió las cadenas. Me empujó fuera del furgón con brusquedad y caí al suelo incapaz de sostenerme con mis piernas que estaban entumecidas de haber estado dobladas tanto tiempo, gemí y me abracé a mí misma, mi cuerpo me dolía por completo. -        No seas tan brusco, vas a estropearlo- el otro hombre increpó con su voz tosca al de la barba. - ¡vamos, levanta! - me cogió del brazo y me levantó, haciendo que me sentara en el borde de la parte trasera- bebe- me ofreció una botella de agua, tenía la garganta completamente seca, la cogí con desconfianza, pero no pude evitarlo y comencé a beber totalmente sedienta. -        Así no podemos presentarla, no le van a prestar atención, mírala está hecha un desastre- el de la barba le dijo al otro aquello, haciéndome sentir como una autentica pieza absurda y humillada. Malditos vende-hombres, no tenían honor, eran unos asquerosos mercenarios. -        Solo tenemos que limpiarla un poco, vamos va sin marcar, les encantará. - el otro lo apartó hacia un lado de un golpe y sacó un trozo de tela de la mochila que llevaba, cogió otra botella de agua y empapó completamente aquella toalla improvisada- toma límpiate la cara- me la arrojó, la cogí mirándole con asco, pero obedecí y comencé a limpiar mi cara con cuidado del labio herido. -        ¿Qué haces aquí Tromp? sabes que los cautivos se llevan a la zona oeste, hoy es día de cosecha y estoy muy liado, espero que merezca la pena lo que me traes- un tipo alto trajeado, de pelo plateado perfectamente peinado hacia atrás apareció de repente, contrastando totalmente con aquellos dos asquerosos vende-hombres, me miró un instante sin esconder su asco sobre mí. - ¿me traes aquí por esto? -        No lo entiendes Percival, esta sin marcar, la hemos encontrado en los bosques huyendo, los perros la olieron, es joven y si la limpias un poco no está mal. Puedes meterla en el lote, si la escogen nos pagas si no, no pierdes nada. -        Pierdo mi reputación, hoy están los cuatro, no puedo meter a cualquier vagabunda que halláis encontrado por ahí- el hombre trajeado comenzó a alejarse con cara de pocos amigos, el tipo tosco fue tras él mientras el otro se quedaba cuidándome. Podía escucharlos discutir, pero estaban lo suficientemente lejos como para no entender lo que decían. Mi corazón latía muy rápido, no entendía lo que querían hacer conmigo. Miré a mi alrededor, estábamos en la parte trasera de un gran edificio, había varias entradas grandes que daban a un inmenso patio que era donde estábamos. A lo lejos se veía gente atareada entrando y saliendo, quería correr, pero aquel hombre sujeto mi brazo con fuerza amenazándome. Unos minutos después volvieron los hombres, él que se llamaba Tromp venia con una sonrisa triunfante en su asquerosa cara. -        Llevarla adentro y decirle a Dev que la limpie un poco, la cosecha empieza en cuarenta minutos y no quiero fallos. - el hombre trajeado se fue sin decir nada más. Los otros dos me arrastraron adentro, me dolía la pierna, pero no podía resistirme. Entramos a una especia de almacén que daba a una inmensa cocina, había mucha gente moviéndose por todos lados, me miraron con curiosidad, pero me ignoraron rápidamente. Salimos de aquella cocina a una especie de vestíbulo de paredes lisas que daba a la calle, allí había una mujer de aspecto severo, llevaba un moño y apuntaba cosas en una libreta. -        ¡Dev! - exclamó melosamente Tromp, la mujer lo miró con repugnancia- Percival nos ha dicho que te buscáramos -        ¿Qué quieres? Hoy estoy tremendamente ocupada, ¿es que no sabes que día es? - la mujer estaba claramente molesta, miró con desprecio a los hombres y luego a mí. -        Percival nos ha dado permiso para meterla en el lote, pero necesitamos que la limpies un poco. -        Imposible, ¿no sabes qué hora es?, no da tiempo. - la mujer le miró con los ojos marrones muy abiertos y los labios apretados. -        Vamos Dev, será un momento. -        Mírala esta hecha un desastre, además está dañada, no les gustará- me miró de arriba abajo con desaprobación. -        Esta sin marcar- dijo él de la barba, la mujer alzó las cejas con sorpresa y asintió por fin. Me arrastraron hacia una especia de habitación, allí había un montón de ropa y uniformes diferentes, toallas, sabanas… Dev me empujó a una puerta que había al fondo, entró conmigo mientras aquellos hombres se quedaban fuera. Era un gran baño, con varias duchas y espejos. -        Quítate esa ropa y date una ducha, rápido- me empujó hacia los grifos, la miré con odio, pero le obedecí, me quité lentamente la sudadera manchada de barro y la camisa rota que llevaba debajo, la mujer seguía mirándome con impaciencia y asco- date prisa no tengo todo el día. Terminé de desnudarme y me sentí completamente expuesta y humillada allí, la mujer sin ningún miramiento abrió el grifo y un chorro de agua helada calló sobre mi cuerpo. Me estremecí, pero ella me obligo a quedarme allí, al momento el agua caliente comenzó a salir y me sentí un poco mejor Me lavé ante su atenta mirada, hacia tanto tiempo que no había usado champú o ningún tipo de producto… En los bosques no aseábamos en los riachuelos que encontrábamos, llevaba tanto tiempo sin notar el agua caliente y limpia que no pude evitar llorar. La mujer salió dejándome allí para entrar unos momentos después, con una toalla grande y algo de ropa. Me tiró la toalla para que me secara, lo hice con cuidado, tenia unas pequeñas marcas de dientes en mi pierna, pero por suerte el perro solo me había marcado. Cuando terminé, me dio una especie de camisón blanco y suave. -        Póntelo- me lo puse sobre el cuerpo, apenas era una tela fina que cubrió mi cuerpo hasta un poco más por encima de mis rodillas, tenia las mangas largas y dejaba los hombros al descubierto. - tenemos que hacer algo con ese pelo, es un desastre. Me condujo hacia el fondo del baño donde había una hilera de tocadores, me hizo sentarme en una silla de madera, me miré en el espejo. Tenía el labio inferior algo hinchado pero la herida no parecía muy grande. Hacía mucho que no me miraba al espejo, vi mi piel bronceada por el sol, mis ojos castaños asustados y suplicantes. Mi pelo era una maraña rubia oscura. La mujer trabajó rápido sobre él. Le hecho varios productos y comenzó a peinarlo sin considerar si me hacía daño o no, cuando lo logró desenredar cogió unas tijeras y cortó las puntas que eran insalvables, me había crecido muchísimo, aun después de cortarlo lo tenía casi hasta la cintura. -        Así estas mejor, lo mismo tienes un pase, si esos animales hubieran tenido un poco mas de cuidado con tu cara. -sujetó mi barbilla con su mano y aplicó alguna especie de ungüento en mi rostro. -        ¿Qué va a pasar conmigo? - le dije a la mujer de forma suplicante. -        Van a meterte en el lote de la cosecha de hoy, no te preocupes no van a mirarte. No llamaras la atención entre las demás, por muy sin marcar que estés, no sé qué espera Percival- la mujer acababa de tratar de tranquilizarme mientras me insultaba, no sabía cómo sentirme. Finalmente me sacó de allí con prisa, al parecer llegábamos muy tarde a algún lugar. Volvimos a la habitación del principio, los dos vende-hombres estaban allí, su mirada hacia mi cambió al verme así en aquel camisón, me sentí completamente expuesta, aquello revelaba mas de lo que yo querría. Me condujeron hacia el vestíbulo y luego hacia la izquierda, pasamos por varios pasillos hasta que llegamos a un inmenso salón de techos altos y majestuosos, una enorme lampara de cristal colgaba de él. El suelo era de mármol, estaba impresionantemente pulido y brillaba. En el centro de la inmensa sala había un grupo de chicas y chicos tremendamente hermosos. Las chicas vestían camisones similares a los míos y los hombres unos pantalones blancos y unas camisas de la misma tela suave. Percival estaba con ellos en aquel momento. Miró a la mujer y luego a mi esta vez con aprobación. Llegamos hacia ellos por fin, mis pies descalzos estaban fríos en contacto con aquella superficie. -        Menos mal que puedo contar contigo Dev, ponla en la esquina, tampoco queremos que llame mucho la atención, será solo para impresionarlos. No la van a escoger. - dijo el hombre mientras le indicaba al resto de chicos que se colocaran en orden. Nos pusieron en dos filas de seis, a mí me colocaron en la de atrás. Miré a mi alrededor, aquellos chicos eran tremendamente guapos, ojos de colores impresionantes, pelos brillantes, sedosos suave. Las chicas tenían formas de mujer voluptuosas que se dejaban ver a través de aquellos ridículos camisones, con cabellos largos perfectamente peinados. ¿Qué era aquello? Y entonces lo comprendí, era de lo que mi padre había intentado proteger a April, aquellos chicos eran tributos de los poblados para los monstruos. Maldije en mi interior, maldije mi mala suerte. El ambiente se tensó unos minutos después. Percival comenzó a dirigir a las personas de alrededor. Había hombres y mujeres vestidos de sirvientes que se colocaron en posición al lado de las puertas que había en cada pared del enorme salón. Nosotros quedamos en aquella formación en el centro de la estancia. Miré a la chica que tenia a mi lado, ella me miró rápidamente asustada. Tenía los ojos azules muy profundos y grandes, unas largas pestañas y unos labios carnosos y rosados. Su pelo era rubio y ondulado, caía por su espalda en una hermosa cascada. Pensé en mi hermana April y como ella habría encajado entre aquel grupo, con su pelo rojo como el fuego y sus grandes ojos verdes, aquella cara redondeada vestida con pecas suaves como si se las hubieran pintado. Mi padre tenía razón a ella la habrían elegido, y sin embargo, la que había terminado allí era yo, una chica más del montón, sin aquella belleza exuberante. Con suerte como ellos habían dicho, ni me mirarían. Tenía frio, noté mis pezones marcarse a través de aquella absurda y fina tela y sentí vergüenza, quería taparme, pero aquel hombre nos había advertido de que dejáramos las manos a los lados y miráramos al frente. Todo quedó en silencio, todos allí en aquella estúpida presentación, mi corazón latía fenético de miedo. Me sentía expuesta, cansada y estúpida allí. Entonces entraron cuatro figuras al salón, pude notar como todos a mi alrededor contenían la respiración, eran aquellos monstruos que habían doblegado a los hombres. Parecían humanos, pero no lo eran. Los cuatro entraron con paso lento y podía notar como la gente a su alrededor se estremecía y bajaba la cabeza a modo de sumisión. Percival se puso tremendamente tieso en su impecable traje y se dirigió hacia ellos con una reverencia. -        Mis respetos, es un honor presentarles a la cosecha de esta temporada. Como veréis os he traído un lote excepcional. Hoy tenemos unos jóvenes exuberantes y únicos. Los cuatro parecieron ignorar a Percival y centraron su atención en nosotros. Había una mujer entre ellos, sus ojos eran de un azul eléctrico muy poderoso y su pelo era n***o, salvaje y frondoso alrededor de su cabeza. Nos miraba con desprecio y odio. Ella debía de ser Aalista. Llevaba un vestido n***o escueto y ajustado en un cuerpo tonificado. Dio unos pasos hacia nosotros. Se acercó a uno de los chicos que había mas a la izquierda, en la primera fila. Era moreno alto y fuerte, con un aspecto muy atractivo. Tendría uno diecisiete años o tal vez mas, todos a mi alrededor deberían de tener entre dieciséis y veintipocos años. yo tenia dieciocho en aquel momentos y llevaba tres años huyendo con mi padre y mi hermana, desde que aquello empezó. Aalista agarró al chico de la cabeza y lo movió examinándolo, como si fuera un objeto y no una persona. Otro de aquellos seres se adelantó. Parecía un hombre de unos cincuenta años, pero con un físico fuerte de alguien mucho más joven. Su pelo estaba algo canoso, pero era n***o en su mayoría, tenia unos ojos grises de mirada profunda, unos pómulos altos y una barba perfectamente peinada. Andaba como si todo aquello lo aburriera demasiado, se acercó a uno de los chicos y golpeo su mejilla como tanteándolo, paso al siguiente chico ignorando a las mujeres. Aquel debía de ser Recnor, padre me había explicado que él prefería a los hombres antes que a las mujeres. Los otros dos seguían en la distancia mirando, los miré con cuidado de no entablar contacto con ellos, pero me topé con unos ojos rojos que hicieron que me encogiera de miedo. Esa mirada aterradora tenía que ser de Lucian. Padre me había dicho que era el más despiadado de todos. Parecía un hombre de unos cuarenta años, de aspecto tenebroso y siniestro. Su pelo rubio caía hacia atrás perfectamente peinado. Su mirada se clavaba en mí y podía notar como me prometía un dolor inmenso, no podía explicarlo, pero así me hacia sentir. Mi corazón se aceleró tanto que pensé que se saldría de mi pecho. -        Permítanme que les aclare que hoy tenemos una adquisición de última hora- Percival viendo el interés que Lucian parecía tener en mí se había adelantado. Me señaló con la cabeza para que fuera al frente. Mis piernas tardaron una eternidad en responderme, avancé unos pasos sintiendo que me iba a desplomar y quedé expuesta frente a ellos. - mis hombres la encontraron esta mañana en los bosques, esta sin marcar. Al parecer lleva huyendo desde el comiendo. Kilian que era el que quedaba sin actuar, permaneció más atrás, vi como su atención se dirigía hacia mi desde la lejanía, sus ojos verdes profundos se clavaron en los míos. Este era el de aspecto más joven, parecía tener unos veintimuchos años, era alto, de espalda ancha.  Sus cejas eran espesas, lo que hacia sus ojos mas profundos, su piel era pálida y de aspecto suave. Su pelo n***o caía hacia atrás recogido en una coleta baja. Era tremendamente atractivo y a la vez parecía peligroso. Pero sus ojos no me dieron tanto miedo como los de Lucian. Lucian al ver que había dejado de mirarlo comenzó a avanzar hacia mí, centré mi mirada en él que cada vez estaba más cerca de mí. Quise huir, parecía que iba a devorarme de un solo golpe, como si fuera un animal salvaje que iba a por su presa, entonces lo tuve frente a mí. Con un esfuerzo sobrehumano despegue mis ojos de los suyos totalmente aterrada, su cuerpo se erguía frente a mí, amenazante. Mi respiración era visible, mi pecho se movía frenético de terror. Acercó su rostro a mi cuello y pude sentir como olía mi piel profundamente haciendo que esta se me pusiera de gallina y que me estremeciera completamente. -        Creo que esta vez es mi turno, si no me equivoco. - a lo lejos Kilian se hizo oír, con un tono desafiante, hizo que Lucian se diera la vuelta y lo mirara con un odio extremo. Avanzó hacia mi, mirándome con sus ojos verdes fijamente. Lucian se apartó con lentitud como si de un momento a otro fuera a asesinar a Kilian, aunque parecían humanos había un aura animal en ellos, que se podía sentir. Kilian estaba reclamándome sobre Lucian, desafiándolo. Kilian se acercó a mi y tocó mi pelo con curiosidad, miró mi rostro detenidamente y se detuvo en mis labios hinchados por el golpe, sus dedos rozaron mi cara y la herida de mi boca. Luego miro a Percival. -        Espero que disculpen los daños, pero su captura fue un poco accidentada, sin embargo, son daños menores que sanaran en pocos días. - Percival habló diligentemente, intentando esconder la satisfacción que sentía al ver el interés que parecía haber despertado en aquellos monstruos. -        Esta es mía. - sentencio Kilian, mi corazón se detuvo y vi como Lucian lo miró intensamente como si fuera a abalanzarse sobre él en aquel mismo instante, pero se contuvo con un esfuerzo que era visible a simple vista. Pero a mi ya nada me importaba, el tiempo para mí se había detenido en aquel momento. Aquel monstruo me había elegido para él. ¿Eso que quería decir? Lo que padre había intentado evitar para April había terminado ocurriéndome a mí. Dos lagrimas solitarias cayeron de mis ojos, pero no hice ningún ruido solo seguí allí quieta, esperando a que los demás eligieran a sus presas. Cuando termino, aquellos monstruos se fueron sin más. Y a los que habíamos sido elegidos nos separaron del resto. Me dieron unos zapatos y un abrigo y me metieron en un coche sin mas explicación. De camino a mi final.

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