―Mírate, quizás no huelas mal, pero no eres una persona que pueda tan si quiera pagar la entrada que es lo más barato aquí, ni hablar de un vaso con agua, así que fuera de tu aspecto de callejero recién bañado; no en realidad tu apariencia no te ayuda. ―Cuánto vale la entrada. ―Ja, ja, ja, es en serio hombre ―se burla de mis palabras. ―Cuánto vale la entrada ―con voz pausada y afianzando cada palabra nuevamente. ―Vale quinientos americanos ―de pronto su gesto se coloca serio y responde seco. ―Bien ―concuerdo y saco mi billetera ―aquí está la entrada ―digo mientras extiendo dos billetes de esa denominación ―y lo otro es para que te pagues una clase de humanidad ―le doy una palmada en el hombro ―apréndete desde hoy que las apariencias siempre engañan, no todo lo que brilla es oro; ni

