Capítulo 2: Saliendo del Club.

1342 Palabras
Valeria Cincuenta y ocho llamadas perdidas de un número que me conocía a la perfección se mostraban en mí pantalla, de seguro era una urgencia muy seria, de lo contrario el no insistiría tanto en contactarme. Abrí mi w******p para responderle, sin embargo, antes de que pudiera escribir ya tenía un mensaje suyo esperándome. Maximiliano: Estoy en Guadalajara. Valeria: ¿Dónde estás? Maximiliano: Voy para tú casa. Valeria: Estoy en el club. Maximiliano: ¿Puedo ir? Valeria: Suena tentadora la pregunta. Maximiliano: ¿Cuál? no me cambies la pregunta. Valeria: ¿Estas sobrio? Maximiliano: No, quería ir a descansar. ¿Voy a tu casa o voy por ti? Valeria: Podemos vernos mañana, hoy es la inauguración del club y… Maximiliano: No… no te preocupes, nos vemos después. ¡Demonios! este hombre siempre quiere que las cosas se hagan a como él dice, lo malo que sabe que nunca puedo decirle que no; mucho menos cuando acaba de llegar a la ciudad, si tan solo estuviera en su juicio lo mandaría directo y sin escala por todo el malecón de su pueblo unas cinco veces y sin zapato. Valeria: ¿Dónde te veo? Maximiliano: Mándame la ubicación, iré por ti. Valeria: Más bien dime donde te veo, yo traigo mi coche y estoy en mi sano juicio, no quiero quedar embarrada en medio de la carretera solo por un capricho de niño mimado. Maximiliano: Yo vengo manejando, voy por ti y deja de ponerte tus moños. Sabes que me choca decir las cosas dos veces. Fue lo último que me escribió antes de salir de la conversación, cuando se le mete algo en la cabeza no hay poder humano que lo saque de ahí; aparte no estaba sobrio y me preocupa que maneje en esas condiciones. Bendito dilema en el que me encontraba ahora, el club estaba a reventar y no podía dejar sola a Deysi. Eso era lo que mi sexto sentido me quería avisar desde que amaneció, por un lado quiero ignorarlo, pero por otro mi corazón dice que es algo importante lo que tiene que decirme. « ¿Te vas a marchar y dejaras el trabajo tirado, Valeria?» «Sí, sabes que no puedo negarme. Debo de cuidar de él o sería la peor de las amigas» «Estas consiente de que te manipula cuando se le da la gana, ignora tu vida y ahora viene a pedir ayuda como si nada pasara» Mi conciencia tenía toda la razón del mundo, solo que ese hombre me volvía débil y no iba a negarme a verlo despues de muchos años. Desde el balcón busque a mi amiga con la mirada, se notaba un poco molesta, si alguien la conocía era yo; sin temor a equivocarme era ese zángano que tenía por novio el que la había provocado. Me acerque a uno de mis hombres de confianza para darle la indicación de que lo siguieran a donde fuera, llame a mi investigador privado para ponerlo al tanto; al igual que a mí, no le dio buena vibra el chico tan solo de verlo, tanto él como yo éramos difícil de convencer. —Dey, tengo algo importante que resolver ¿puedes quedarte a cargo un momento? — ¿Tengo opción? —No te pediría esto si de verdad no fuera una urgencia, Max… — ¿Max?... me dejaras sola por irte con Max, cuando dejaras de ser tan mensa, no puedes seguir cediendo a todo lo que te pide, Valeria. —Por favor, es la última vez. —Eso vienes diciendo desde que te conozco, ya no mientas. —Te lo prometo, necesito saber que está pasando con él, sabes que si no fuera real no te pediría nada. — ¡Haz lo que quieras!, no voy a gastar mi saliva en ti, terminaras haciendo lo que él te diga nada más, sin escuchar a los que te rodeamos y de verdad estamos preocupados por ti. Iba a responderle, sin embargo, tenía razón. Sin importar lo que dijera me marcharía en este momento para hablar con él. Valeria: Márcame cuando llegues, ya estoy lista. Maximiliano: Cinco minutos. Tome mis cosas y me dirigí a la puerta trasera del lugar, no sin antes dejar todo en orden y en manos de mi gente de confianza. Para cuando Max llego mi adrenalina empezó a subir de niveles, tenía cerca de cinco años que no coincidíamos en algún lugar, su llamada de hace unos días me dejo desconcertada, sobre todo ahora que estaba en la ciudad no iba a desperdiciar un segundo más sin verlo. Yo también lo necesitaba cerca, estos últimos años la vida me ha golpeado en todos los sentidos, no me dejo caer por nada del mundo. Mis padres me enseñaron que todo sacrificio tiene su recompensa al final del túnel. «Pero el mío creo que era un túnel más que redondo, porque no le veo el final por más que el tiempo sigue su curso» «Luego dices que soy yo, la que te hecha tierra a cada rato. Gracias a Dios ya te estás dando cuenta de lo salada que eres» — ¿Te subes o estas esperando que te abra la puerta como a las princesas? La voz de Max, vino a sacarme de mi pleito interno, entre el ruido del club y de los coches que transitaban por la avenida, no preste atención a su llegada. Iba a ponerme hacer uno de mis berrinches, pero recordé que las cosas con él no funcionaban de esa manera, no se tragaba ninguno de mis chantajes, mucho menos cedía a lo que pidiera como todos. Tan luego subí, el aroma a licor me destapo hasta el cerebro, esa era una alerta segura para saber que algo serio le estaba pasando, y que no sería una batalla fácil de librar. — ¿Estás seguro que puedes manejar? — ¿Acaso no me vez? dame la dirección de tú casa o vamos a mi departamento. —Donde quieras, total siempre terminas llevándome la contraria a lo que te digo. Estoy muy cansada para ponerme a discutir contigo sobre a donde iremos a estas horas de la madrugada, mejor avanza como se te de la rechingada gana. —Me alegro que lo sepas, porque no estoy de buen humor. Llevo más de cinco horas tratando de localizarte, y la señorita no es digna de ver el celular para responder sus llamadas ¿Cuándo dejaras de ser tan egoísta y superficial? —Tengo una vida y negocios que atender Max, no me la paso pegada al celular esperando a ver a qué horas te dignas a llamar o contactarme. Adema no sabía que te hubieran dado permiso de hablarme —respondí enojada por sus comentarios tan estúpidos. —Deberías, soy tú único amigo; el que te soporta en cada una de tus etapas y te ayuda a mantenerte cuerda ¡No lo olvides! Debes de… —Tomare eso como parte de tú enojo y frustración por lo que te está pasando, te recuerdo que no eres nadie para exigirme nada. No olvides que lo mismo me sucede contigo, soy tú maldita brújula; la que te lleva a buen puerto cuando andas de la chingada. «Cómo ahora, inútil» Si quería pelear con alguien, entonces llego con la persona correcta, el hecho de que fuera mi mejor amigo no significaba que dejaría que me tratara con la punta del pie. Le había prometido a Dey que esta era la última vez, y pensaba cumplirlo a como diera lugar, así me costara la vida. Nos quedamos en silencio, mientras él seguía conduciendo como loco por la ciudad sin saber exactamente a donde ir, yo empezaba a desesperarme por su comportamiento tan infantil. Trate de pensar en un tema en común, por más que buscaba siempre llegaba al mismo resultado, me di por vencida esperando que fuera el quien diera el primer paso para iniciar la conversación en caso de que se animara, de lo contrario pasaríamos en silencio.
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