Capítulo 3: Necesito un respiro.

1638 Palabras
Maximiliano —Saldré unos días, espero que cuando regrese todo siga igual en esta oficina. Si piensas despedir a alguien, por lo menos ten la decencia de contratar a quien quede en su lugar para hacer su trabajo, no pienso venir a limpiar tu cochinero. — ¿Puedo saber a dónde vas? Estamos a nada de inaugurar la sucursal en Venezuela y no hemos mitigado los problemas con los sindicatos, si los dejamos pasar los trabajadores pueden irse a la huelga, nos veremos perjudicados seriamente. —Eso es algo que no te importa, solo serán dos días, necesito darme un respiro, Luna. Nunca dejaría tirado el trabajo, sabes que no soy ese tipo de persona; ya tengo a Wilson trabajando en eso, te aseguro que cuando regrese podremos solucionarlo fácilmente. — ¿Piensas ir a buscar a esa perra? No te ha quedado claro que no te merece y solo quiere tu dinero. —Cuida tu vocabulario, el hecho de que seas mi hermana no te da el derecho de que te metas en mi vida privada. —Me preocupo por ti, es lo que hacen los hermanos cuando algo malo le pasa al otro, pero es algo que no puedes entender porque te tiene tan ciego con sus estupideces. —Estoy bien, ya me conoces. Solo fue un contratiempo en mi vida que he solucionado a tiempo, y del que no pienso seguir hablando contigo ni con nadie más. —Maximiliano Díaz, ¿Cuándo dejaras de comportarte como un hombre de hierro y aceptar que las cosas te afectan? Nada de esto es bueno para tu salud, hermanito. Luna tiene las mejores intenciones del mundo, al igual que todos los que se me acercan para saber cómo me encuentro. Solo necesito dos días fuera de circulación, y regresaré renovado para lo que sigue, sin necesidad de matar a nadie en el camino. —Voy a estar bien, no tienes por qué hacer un escándalo de todo, ocúpate de lo que te corresponde que con eso me ayudaras mucho. Existía solo una persona sobre la faz de la tierra que me daría lo que necesito, solo ella era capaz de calmar mis demonios con tan poco. He estado en Los Ángeles desde hace cinco años, en este tiempo no he tenido la amabilidad de mandarle un mensaje o cruzarle una llamada. «Huy, eso solo lo hacen los malos amigos. De seguro ya ni se acuerda de que existes» «Para tú mayor información, ella no es como tú. Así que deja de opinar si no sabes nada» Valeria es mi mejor amiga desde que tengo uso de razón, si alguien en esta vida me conoce puedo decir sin duda que es ella; nada se le escapa de sus ojos, además de que tiene un oído tan agudo que me asusta cuando yo murmuro algo y ella me responde como si nada. Trataba siempre de protegerla, y estar para ella cuando me necesitará, era de esas amigas con las que puedes contar en las buenas y en las malas sin pedir nada a cambio. «Déjame decirte que no se nota, la tratas como un tapete cuando se te da la gana» « ¿La estas defendiendo? Sí, sabes que ella me trata peor cuando se le da la gana, es decir, siempre» «Ella es mujer, debes de ser más comprensivo con sus cambios de humor, sin embargo, eres tú el que parece necesitarlo» «Lo sé, lo sé… es la única forma que tengo de tratarla, ella no quiere que la mime ni que la trate como una princesa, odia todo ese tipo de cosas y no quiero que se aleje de mi por nada del mundo» «Deberías ir pensando en cambiar tu actitud con ella o te garantizo que se cansara de tú forma de ser» — ¿Cuándo piensas decirle a mamá todo lo que está sucediendo? —Por el momento deja las cosas como están, no quiero que piense más de la cuenta y se preocupe por nada. —Max… — ¿Ahora qué? Llevo prisa Luna, deja de retrasarme por favor. —Mamá… mamá hablo esta semana con Valeria, al parecer ha tenido algunos problemas… — ¿Por qué dices eso? —La vio muy demacrada, ojerosa y delgada. Tú sabes que ella es de buen comer, exactamente no sé qué platicaron, pero ya sabes que tu señora madre le tiene una gran estima y se encuentra preocupada. —Gracias, ya hablare con ella. « ¿Estará enferma?» «Esperemos que no, no me perdonaría estar lejos de ella si eso pasara» «Veamos si lo que dices es cierto, ya una vez la dejaste sola cuando…» « ¡Basta! Sé que no debí hacerlo, pero no soporte verla tan fría. Era como si ella no estuviera pasando un momento tan difícil en su vida» «Date prisa, Max» Con orgullo puedo decir que Valeria es una chica única y excepcional, muchos quisieran tenerla como novia o como amiga. Era muy complicado llegar a ella, y no porque fuera una persona engreída, al contrario ella siempre estaba sonriendo a donde quiera que fuera, aunque su vida estuviera hecha una mierda por todos lados y se callera a pedazos. Su pequeño problema era que vivía con un caparazón enorme que nadie conocía, ni yo que era su mejor amigo podía perpetrarlo siempre. A veces llegaba a mí con cara de cachorrito triste para que la consolara, en esos momentos no necesitaba hacer o decir tanto; solo se trataba de estar sentado junto a ella mirando una serie de televisión o simplemente estar mirando al cielo hasta que se dignara hablar o simplemente se paraba y se iba como si nada hubiera pasado. — ¿Dónde lo llevo señor? —Al aeropuerto, después manda por Luna, que la acompañen a donde vaya. Por nada del mundo deben dejarla sola, lo que pase me lo comunicas en el momento. —La señorita Roxana me pidió que le diera este paquete, ¿qué hago con él? —Tíralo. —P-pero señor, la señorita me… —Si no quieres perder tu trabajo, es mejor que sigas mis instrucciones. Cuando aprenderás que Roxana ya no es bienvenida a este lugar, ni a ninguno donde me encuentre. —Lo siento señor, no quise incomodarlo. Su prometida me insistió tanto para que le diera el paquete o amenazo con despedirme. — ¿Qué? La única persona que tiene derecho a despedirte soy yo, cuando ella vuelva a mencionarte el tema espero que le respondas al respecto. Que te quede claro que esa víbora ya no es mi prometida, y no tienes por qué hacerle caso a nada de lo que te diga. —S-sí señor. Tan solo escuchar su nombre me provocaba nauseas, ahora sé lo que sintió Valentina cuando su mejor amiga la engaño con el chico que era su novio, con lo loca que está, pensé que se armaría una revolución parecida a la guerra de independencia; sin embargo, ella es tan única que me dejo con la boca abierta al actuar con tal madurez que no me la esperaba. Levanto la cara en alto y fue la primera en apoyar la relación que se había formado a sus espaldas, eso sí, dejo claro que amigas eran pocas, pero que hombres habían muchos en este mundo, y que cada quien era libre de elegir de acuerdo a sus intereses. Amo la forma en que se comporta, ojala mi hermana le aprendiera un poquito a su independencia, y no estuviera de fastidiosa quejándose con mi madre a cada rato de lo que hago o dejo de hacer en casa. Hace mucho tiempo que no nos vemos, en gran parte es mi culpa. La deje plantada en más de dos ocasiones sin motivo alguno, a pesar de todo ella sigue como si nada pasara, jamás me llamo para quejarse o reclamarme por lo que hice. Sé que ha preguntado por mí a mi madre y a mi hermana, pero no me he dignado a llamarla o mandarle un mensaje. Todavía estoy enojado con ella por mostrarse tan indiferente el día que le notifique que me casaba con Roxana, a veces me pregunto que me puedo esperar de una persona tan fría como ella. «De verdad que ni tú mismo te entiendes, dices una cosas y luego te contradices» «Por eso decidí continuar mi vida sin que ella estuviera presente» « ¿Y qué esperabas? Que corriera hasta donde tú estabas, hablas de personas frías y eres igual o peor que ella, es mejor que no la juzgues» «Pues no, pero…» Era inútil pelear conmigo mismo, sin embargo, a veces me enteraba por mi hermana que estaba pasando un mal momento, nunca hacia el mínimo intento de llamarle; si me necesitará ya me hubiera marcado ella, por eso tenía mi número. —Señor, su hermana ha estado llamando a su celular sin éxito. Le urge comunicarle algo importante que está pasando. —Dile que me fui a China, al Polo Norte, o a donde se te pegue la gana para que me deje de molestar por los próximos dos años si es posible. —Al parecer es importante, señor. Debería de responder por lo menos el mensaje que le envío hace unos momentos, creo que... —No sé qué voy hacer contigo, Carlos. Siempre defiendes a los demás, aun cuando sabes que me molestare por tu insistencia de que les responda a todos, ¿algún día pensaras primero en mí? —L-lo siento señor, es solo que me preocupo por usted, y su familia. —Deja de disculparte, mejor encárgate de mirar el camino por donde vamos o nunca llegaré a mi destino. Es mejor que no le digas a nadie donde me dejaste, si te preguntan solo diles que tome un taxi y te ignore por completo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR