Carlos se vio con Sabrina al día siguiente, se tomó una copa en el bar antes de que ella acabara de trabajar, después se fueron a tomar algo a una discoteca, estuvieron hablando, bailando y riendo. La volvió a dejar cerca de su casa. Antes de salir del coche, Sabrina le volvió a dar dos besos.
—Mañana ¿Puedo volver a verte?— Preguntaba Carlos con ilusión.
—Mañana es domingo, a las nueve de la noche acabo.
—¿Podríamos ir a cenar? Te invito.
—Podemos cenar, pero cada uno se paga lo suyo, ahora que sé que tú no tienes un euro, no quiero aprovecharme de ti, no sea que tengas problemas para llegar a fin de mes.— Se cachondeaba Sabrina.
—Yo ceno contigo con las condiciones que tú quieras.
Sabrina se partía de risa saliendo del coche.
Carly y Daniel también salieron aquella noche, cuando Carly subió al coche, lo primero que hizo Daniel fue tirarle el tanga que le dio el día anterior encima.
—Toma esto, no sea que no tengas bragas que ponerte.
—Tengo de sobras ¿Quieres ver las que llevo puestas hoy? Mejor me las quito cuando me dejes y te las llevas, seguro que ayer te la cascaste bien cascada, así hoy puedes repetir.
—¡Carly coño!
—Vale, ya te dejo tranquilo ¿Dónde vamos hoy?
—A cualquier sitio, al bar que trabaja Sabrina no, ayer me dijo Carlos que intentaría salir con ella hoy, vamos a dejarlos solos.
Fueron a cenar algo y tomarse unas copas, Daniel la dejó en su casa y se fue. A Carly no le gustó demasiado esa salida, vio a Daniel más callado, más pensativo, tuvo que llevar ella todas las conversaciones y a él no lo vio implicarse en casi nada.
El domingo, Carly le envió un mensaje a Daniel para quedar, lo hicieron a media tarde. Ella se preocupó de ponerse guapa, quería que Daniel estuviera orgulloso de la mujer con la que salía. A la hora pactada salió Carly de su casa y se subió al coche. Solo subir y acomodarse en el asiento.
—Mira Carly, he estado pensando, no te voy a negar que me gustas mucho, como siempre me has gustado…
—Espera Daniel, espera…— Intentaba Carly cortar la conversación, no le estaba gustando nada por donde iba.
—Déjame acabar por favor…— A Daniel se le pusieron los ojos vidriosos, Carly se sentía sin argumentos y empezaba a llorar.— Lo siento, de verdad que lo siento, pero no puedo salir contigo, no me fio, lo he intentado…
—No, por favor, por favor Daniel.
—Una relación es cosa de dos Carly, yo no me encuentro a gusto contigo, no me puedo quitar de la cabeza lo que hiciste. Si volvemos, en cualquier momento puedes volver a hacérmelo, nadie me puede asegurar que no pasará.
—Yo te lo aseguro, te lo juro, te lo prometo, me he dado cuenta de mi error, a valorar lo que tenía, no volverá a pasar…
—Lo siento Carly, no puedo.
Carly lloraba a moco tendido.
—No te diré nada si no quieres, pero déjame verte por favor.
—Eso solo nos va ha hacer más daño.
—Pues deja que te pueda llamar por teléfono, o enviarte mensajes.— Intentaba Carly agarrarse a algo para no perderlo del todo.
—Lo mejor es que no nos volvamos a ver, ni hablar, ni escribir, olvidarnos uno del otro para siempre.
Carly ya no pudo decir nada más, el mundo se le caía encima, sentía una tremenda impotencia de no poder hacer nada. Estaba quieta en el asiento, con la mirada perdida, sin saber qué hacer ni que decir.
—Espero de verdad que te vaya muy bien Carly.— La miraba Daniel esperando que se saliera del coche.
—No me bajo, no quiero bajarme.— Le decía Carly destrozada, en un último intento de no perderlo.
—Eso es una reacción de niña pequeña, seamos adultos por favor.
Carly se agarró con fuerza al brazo de Daniel, apoyando la cabeza en su hombro.
—No me hagas esto, inténtalo una vez más, haré lo que tú quieras.
—Lo siento Carly, es lo que siento, no puedo.
—Dime que no me quieres, dímelo a la cara.— Levantaba la voz Carly mirándole a los ojos.— Daniel pensaba serio.
—No te quiero, no me puedo olvidar de lo que hiciste y ya no te quiero.
Mantuvieron la mirada en los ojos del otro, los de Carly llenos de lágrimas. Ella bajó la mirada, abrió la puerta del coche y salió. Antes de cerrar la puerta.
—Quiero que sepas que yo sí te quiero mucho, por mí serías el hombre de mi vida, no querría estar nunca más con ningún otro.
—Adiós Carly.— Acabó diciendo muy triste Daniel.
Carly se giró, se tapó con la mano la boca, lloraba otra vez igual que los primeros días, volvió a meterse en su casa, a estirarse vestida encima de la cama y llorar.
Daniel, puso el coche en marcha, al girar la esquina, un torrente de lágrimas le inundaron los ojos bajando por sus mejillas. Claro que la quería, pero no podía verla para pensar con claridad, era cierto, no confiaba en ella, le tenía pánico a una idea, volver a estar bien con ella y que lo volviera a dejar por cualquier tío. Pensó que no se podía tener una relación si no había confianza mutua, estar sufriendo cuando no estuviera con ella no era plan, Carly tenía que seguir en la universidad, todavía le quedaba otro año como mínimo ¿Podría estar tranquilo cuando ella estuviera estudiando? No lo creía, así que la mejor decisión, la más madura, la mejor para los dos, era acabar la relación.
Sabrina y Carlos, sí que salieron aquella noche, fueron a cenar, pagando la mitad cada uno de la cuenta, como quería Sabrina, se volvió a negar a que la invitara Carlos. Después tomaron algo en una terraza, Carlos pagó la cuenta aprovechando que Sabrina fue al baño, cuando se enteró ella se hizo la ofendida. La noche fue bien para los dos, siguieron hablando y conociéndose mejor. Cuando la dejó, antes de bajarse del coche, Carlos ladeó la cara para darle los dos besos a Sabrina, ella, con una sonrisa, le agarró la barbilla, le miró a los ojos y le besó en los labios, el primero, fue un beso como se lo daba en la mejilla, un piquito, el segundo, le agarró los labios entre medio de los suyos, ella le acariciaba la cara y él la cintura, en el tercero, volvieron a saborearse los labios.
—Me gustas Carlos, pero no quiero ir con prisas, quiero asegurar cada paso que doy contigo.
—Puedes asegurar los pasos todo lo que quieras, yo caminaré a tú lado siempre.
—¡Que sinvergüenza! Y que bien hablas cabrito.
Los dos reían mientras Sabrina salía del coche.
—¿Nos veremos mañana?— Preguntaba Carlos.
—En la facultad seguro.
—Quiero decir por la tarde, no seas mala.
—Por la mañana hablamos, vale.
—Vale.
Sabrina entró en su casa contenta, Carlos se fue en el coche pensando que habían dado un paso más en su relación, que beso más bonito y tierno. Ella se estiraba en su cama, miraba al techo pensando con una sonrisa enorme, con Carlos iba bien, ella quería ir despacio y él la respetaba, buena señal. Un mensaje le llegó al móvil, lo miró sonriendo y le cambió la cara de golpe.
—Daniel me ha dejado para siempre.— Había escrito Carly.
Rápidamente la llamó.
—¿Qué ha pasado? Parecía que ibais bien.
—Pues eso, lo parecía, me ha venido a buscar y me lo ha dicho aquí mismo, dentro del coche…
—¿Por qué? ¿Te ha dado alguna razón?
—No se fía de mí Sabrina, y sabes lo peor, lo entiendo, lo comprendo, como se va a poder fiar de mí después de lo que le hice…— Carly volvía a llorar.
—No sé, podía haber tenido un poco más de paciencia, si os seguíais viendo le podías haber demostrado que se podía fiar de ti.
—Me ha dicho que ya no me quiere, se ha acabado, lo tenías que haber visto, ni una lágrima ha derramado mientras me lo decía.
—Eso no me lo creo, sé que te quiere, puede que necesite un poco de espacio, dale un par de días, a ver qué pasa.
—¿Estás segura Sabrina?— Preguntaba Carly dejando de llorar, se agarraba a las palabras de su amiga como a un clavo ardiendo, tenía un poco de esperanza, tal vez Sabrina tuviera razón y todavía no estuviera todo perdido.
—Déjalo respirar, que piense, a lo mejor se ha sentido un poco agobiado.
—Es posible, la verdad es que tal vez lo haya presionado demasiado. Estoy arrepentida Sabrina, de verdad, me dejé llevar, fui muy egoísta...— Carly no pudo seguir hablando, un llanto muy amargo no le dejaba.
—Tranquila Carly, mañana nos vemos en la universidad y hablamos.
Sabrina no pudo dormir todo lo bien que pensaba que dormiría antes de hablar con Carly.
Cuando acabaron las clases el día siguiente, fueron a tomar algo Carlos, Sabrina e Carly. Durante las clases ya habían puesto al día a Carlos.
—Yo creo que Sabrina tiene razón Carly, cuando hablé con él me pareció que te quería mucho, que estaba enamorado de ti, también es cierto que me pareció notarle resquemor por lo que había pasado, lógico también, todo es muy reciente. Tal vez en su interior quiera hacértelo pasar mal a ti también, no lo sé, tampoco me hagas demasiado caso.— Intentaba animarla Carlos.
—Ya sé que la culpable soy yo de todo, pero también lo he pasado muy mal y sigo pasándolo.— Decía Carly mientras sacaba un pañuelo de papel del bolso.
Sabrina le pasaba un brazo por los hombros para consolarla, Carly se secaba las lágrimas con el pañuelo, y ellos se miraban con una mueca de preocupación.