Sonrisillas

1849 Palabras
Carly se fue para su casa, no tenía ganas de llorar en la cafetería. Sabrina y Carlos se quedaron un rato más. —Así ¿Nos veremos esta tarde?— Insistía Carlos. —Como quieras, pero yo no puedo ir a cenar cada día contigo, es un gasto. —Ya te invito yo, no hay problema. Sabrina le puso una cara que Carlos entendió a la primera. —Llevaré bocadillos y refrescos… A Sabrina le agarró un ataque de risa, no podía parar. Carlos la miraba sonriendo, le encantaba verla reír, la encontraba preciosa. —Haremos una cosa, le dedicaré la tarde al proyecto, supongo que tú también tendrás que trabajar en él, o tienes un criado que te los hace…—Sabrina volvía a partirse de risa. —No, no me los hace nadie, los hago yo solito.— Contestaba Carlos riendo. —A última hora de la tarde, antes de cenar, si quieres nos vemos y nos tomamos una cervecita o algo. —Me parece un plan muy bueno, tú siempre tan reflexiva. Así Sabrina se podía dedicar a lo que más le inMariahba en ese momento, al proyecto y a Carlos. Cuando volvió a su casa, Victor estaba organizando la mesa para cenar. —¡Hombre! Por fin te veo ¿Cómo fue el fin de semana? Has folla… —¡Eh eh! Un respeto, que todavía soy tu padre niña. Sabrina volvía a reír. —Qué risa hija, te veo muy contenta. —Quiero decirte algo, no hay nada serio, pero mejor que lo sepas por mí antes que nos veas o te enteres por otros, estoy conociendo a un chico. —¿Conociéndolo? ¿Qué es eso? Yo pensaba que los jóvenes os hacíais novios al momento. —No empieces tú ahora con el cachondeo. —¿Es drogadicto cómo el último? —¡Papá por favor! —Está bien ¿Cómo se llama? ¿Dónde lo conociste? —Mira papá, no te voy a conceder una entrevista. —Que sibilina eres coño. Los dos reían mientras empezaban a cenar. —He dejado en el cajón unas tarjetas, del hotelito que he estado este fin de semana, está un poco lejos, pero es perfecto para un fin de semana romántico y de relax. Si después de presentar el proyecto y los exámenes finales, os apetece, es una buena salida. Si el chico se lo puede permitir claro, cada uno sabe cómo va su economía. —El chico se lo puede permitir, eso seguro.— Contestaba con una sonrisilla Sabrina. —¡Muy bien! Así que te has buscado un… —Así que un hotelito romántico ¿Qué has hecho allí papá? —A ti te lo voy a contar, anda sigue cenando. Sabrina volvía a reír, viendo a su padre ponerse nervioso. —Solo quería saber que se puede hacer allí.— Disimulaba con cierto cachondeo Sabrina. —Pasear, se pueden dar unos paseos preciosos, con unas vistas impresionantes. Delante del hotel, hay un prado enorme con vacas pastando. Y la habitación tiene una bañera enorme. —¡Una bañera enorme! Interesante. —Eso pensé yo cuando la vi. —Y le sacaste partido. —Que no te voy a contar nada coño ¿Cuándo me vas a presentar a tú novio? —Cuando a las ranas les salgan pelos. —Jodía niña. Después de cenar Sabrina se metió en su habitación, además del proyecto, tenía que empezar a estudiar para los exámenes finales. Su padre se quedó mirando un rato la televisión. Sonó el móvil, le había llegado un mensaje, con tranquilidad lo sacó del bolsillo. —¿Qué tal tú hija? —Mi hija está perfectamente. —Me preocupaba que no aceptara nuestro fin de semana. —Tampoco sabe quién eres, así que no se preocupa de nada. —¿No se lo has dicho? —¿El qué? —Quien soy, hablarle de mí. —No —De acuerdo. Ya lo harás cuando lo creas conveniente. Se despidieron y Victor volvió a guardarse el teléfono en el bolsillo. Pensó, hizo una mueca con la boca, apagó la televisión y se fue a dormir. El martes por la tarde quedaron Carly y Sabrina para tomar algo, Carlos insistió para ir con ellas. Habían quedado en el Bar Mariah, y eso a Sabrina no le hacía demasiada gracia. Estaban los tres sentados cuando se acercó Mariah. —Que muchacho más guapo me habéis traído chicas.— Les decía alegre Mariah. —Es el no…—Iba a decir Carly cuando Sabrina le dio un codazo que la hizo callar. —Es un compañero de la universidad Mariah.— Corrigió Sabrina. —Pues eres muy guapo chico.— Insistía Mariah. —Gracias señora.— Agradecía educadamente Carlos. —Como me llames señora, ya te puedes ir de aquí, soy Mariah. —Vale, pues Mariah. —Eso está mejor ¿Qué os pongo? —¿Cerveza? Preguntaba Carly. —Vale.— Contestaron los demás. —Marchando tres cervezas.— Decía Mariah mientras caminaba a buscarlas a la barra. —Sigo sin noticias de Daniel.— Se quejaba triste Carly mirando el móvil. —Es pronto, dale un poco de tiempo, tú ya lo estarías agobiando.— Le recomendaba Sabrina. —No te imaginas las ganas que tengo de enviarle un mensaje o llamarlo. —No puedes hacer eso Carly, si quieres que funcione tienes que esperar a que sea él el que dé el paso.— Le decía Carlos. —¿Y si no lo da? ¿Y si está convencido de dejarme para siempre? —Y si, y si, para ya Carly, tranquila. En ese momento llegó Mariah con las cervezas. Sabrina la miraba fijamente. —Aquí tenéis.— Mariah les iba poniendo las bebidas en la mesa.— Sabrina ¿Tú padre está bien? Hace días que no le veo. —Mi padre está muy bien, lo que pasa es que ha estado fuera el fin de semana. —¡No me digas! Creo que es la primera vez que lo hace. —Ya sabes cómo es.— Decía Sabrina. —Desde luego, a veces parece un ermitaño. Bueno, os dejo.— Se despidió Mariah. —Una cosita ¿Cómo te llamas Mariah?— Le preguntaba Sabrina muy interesada. Mariah la miraba levantando las cejas. —Me tomas el pelo ¿No? ¿Me acabas de llamar Mariah y me preguntas como me llamo? —Quiero decir si es Mariah o María Mariah.— Insistía Sabrina pensando en su padre. —Me llamo Mariah, Mariah no me gusta. —¿Pero eres María o no? —Que no coño, ni María Teresa ni ‘na’, Mariah a secas ¿Qué coño te pasa hoy? Mariah se alejaba contrariada, Sabrina torcía la boca, esperaba que se llamara María Mariah, estaba claro que no era así. Estuvieron un buen rato hablando y animando a Carly. Sabrina controlaba la hora, sabía que a partir de las cinco, que era cuando salía Victor de trabajar, se lo podía encontrar en el bar. A las cinco, Carly se iba para su casa, Carlos acompañaba en el coche a Sabrina las dos manzanas que separaban el bar de su casa, aparcó, se dieron tres o cuatro besos de despedida. A partir de ahora, entre acabar el proyecto y los exámenes finales, no sé si nos quedará mucho tiempo para vernos.— Avisaba con tristeza Sabrina a Carlos. —Haremos lo que tú creas conveniente, la verdad es que a mí tampoco me vendrá mal el tiempo para estudiar. —Sé que no nos veremos mucho, pero si todo va bien, te daré una sorpresa cuando acabemos el curso.— Le decía a Carlos con una sonrisa, a la vez que le ponía bien el flequillo. —¿Si todo va bien?— Preguntaba extrañado Carlos. —Me refiero, a que todavía estés interesado en mi, a lo mejor conoces a otra, o te hartas de mí por no darte todo lo que quieres. —¿Yo te he pedido algo? —No.— Contestaba Sabrina. —Será que no necesito nada, no te líes la cabeza por favor, me gustas mucho y quiero seguir contigo, punto. Sabrina sonrió satisfecha, le agarró de la barbilla y le besó, rozándole con la lengua sus labios. Se despidieron hasta el día siguiente en clase. Victor entraba en el Bar Mariah. —¡Hombre! El señor que ha estado de fin de semana ¿Qué has hecho por ahí golfillo?— La camarera que ayudaba a Mariah reía tapándose la boca. —Menos cachondeo anda.— Mariah le ponía la cerveza en la barra. —¿Cómo van las cosas por aquí?— Preguntaba Victor. —¿Cómo van las cosas niña?— Le preguntaba Mariah a la chica que le ayudaba. —Bien, van bien. —Pues ya ves, van bien.— Seguía de cachondeo Mariah. —Me alegro.— Sentenciaba Victor. —Hace un rato ha estado Sabrina con su amiga Carly… —¡Ah! Bien, me parece que Carly tiene algunos problemas con su novio Daniel.— Decía Victor. —Pues, el chico que estaba con ellas no era Daniel.— Victor abrió los ojos sorprendido. —¿Sabrina ha venido con un chico? —El chico, muy guapo por cierto, ha venido con las dos, yo no he visto nada raro, pero Daniel seguro que no era, a lo mejor ese chico está con Carly, por eso tiene problemas con Daniel. —Me estás liando Mariah ¿Es que no te puedes tomar nada en serio coño? —Vale, ya paro, el muchacho no tenía nada que ver con Carly, cuando les he llevado las cervezas, he oído, sin querer eh, que yo no soy ninguna cotilla… —Al grano Mariah, que te distraes.— La apresuraba Victor para que hablara. —Que Carly estaba esperando que Daniel la llamara, Sabrina y ese chico la estaban animando, eso se notaba. —¿Cómo era?— Preguntaba interesado Victor. —¿Cómo era quien? —Ese chico joder, a Carly ya la conozco, y a mi hija más ¿A ti que te parece por quien pregunto? —Guapo, muy guapo ¿No es verdad niña?— Le volvía a preguntar a la ayudante. La chica se mordía los labios abriendo los ojos, dejando claro que Carlos estaba como un pan de bueno. —Ya, ya, es guapo ¿Pero aparte de eso? —Coño Victor, no le he podido hacer un tercer grado, seguramente Sabrina tampoco me habría dejado. —Así sabes lo mismo que yo. —No, yo sé que es muy guapo. —¡Joder Mariah! Ponme otra cerveza anda. —Niña, ponle otra cerveza a Victor. Le decía Mariah mientras caminaba para meterse en el almacén, antes de entrar se giró. —Oye ¿Tú sabes que le pasa a Sabrina? Se ha interesado en saber si me llamo María Mariah.— Victor levantaba las cejas, pensaba, sabía porque le había preguntado. —Yo que voy a saber Mariah.— Le contestó Victor con una sonrisilla.
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