Fue pasando la tarde, los chicos haciendo el trabajo del proyecto o estudiando. Ya de noche, después de cenar, Carly estaba estirada en su cama, se convencía de que Daniel no volvería a ponerse en contacto con ella, se lo dejó muy claro y se le veía muy seguro de sí mismo. De pronto sonó la llegada de un mensaje en el teléfono, Carly de un salto se puso de pie, miró una mesita, no estaba, giró la cabeza mirando la otra, tampoco estaba, tiró la ropa que tenía encima de una silla por si tenía el teléfono debajo, no estaba, levantó la cabeza mirando la mesa donde estudiaba, asomaba por debajo de una de las láminas, de un salto se puso al lado, lo agarró, lo primero que vio.— Daniel.— De otro salto se sentó en la cama.
—¿Podemos vernos esta noche?
—A qué hora.
—En treinta minutos.
—De acuerdo.
Se puso de pie, corrió tres pasos en una dirección, se paró, corrió los tres pasos en dirección contraria, se volvió a parar, se puso las manos en la cabeza.— Piensa Carly, piensa por Dios.— La ducha. Salió corriendo desnudándose por el camino, se duchó rapidísimo, volvió en pelotas a la habitación. Abrió el cajón de las bragas, las que no le gustaban las tiraba por encima de su cabeza, algunas caían encima de la cama otras al suelo, por fin encontró las que quería, se las puso. Abrió el armario, fue tirando ropa encima de la cama hasta encontrar la minifalda que le gustaba a Daniel, quería ponerse la ropa que sabía que le gustaba o excitaba a él. Abrió el cajón de los sujetadores, los miró.— Paso.— Volvió a cerrarlo, volvió al armario, varias camisas volaron hasta caer encima de la cama, encontró la que quería y se la puso. Se miró en el espejo, abrió un pequeño neceser con pinturas, agarró un pintalabios, empezó a pintárselos, de los nervios se le fue la mano y se hizo una raya por el medio de la cara.— ¡Joder! Te pareces al Joker tía, paso.— Se quitó la mancha de pintalabios y cerró el neceser. Miró la hora, faltaban minutos para que llegara Daniel. Agarró el bolso, metió las llaves de su casa, el móvil y el monedero.— Ya estoy lista.— Pensó saliendo corriendo, se paró de golpe.— Los zapatos joder.— Volvió a ponérselos. Salió al rellano, llamó al ascensor, subía muy lentamente, bajó por las escaleras, muy rápida.— Tranquila, que te vas a matar capulla.— Se decía a ella misma. Salió a la acera, miró, no vio el coche de Daniel, miró al cielo estrellado y respiró profundamente, intentaba tranquilizarse, aquella última media hora había sido la más estresante de su vida.
Llegó Daniel, ella se acercó al coche abriendo la puerta, intentando mantener alta su dignidad sin llorar, se sentó dentro y miró a Daniel aguantándose las lágrimas.
—¿Tú me quieres?— Le preguntó directo y serio Daniel. Carly ya no pudo disimular más y empezó a llorar.
—Claro que te quiero, estés conmigo o no, siempre serás el hombre de mi vida.
Daniel arrancó el coche, Carly se quedó en silencio, quería tranquilizarse para no llorar más, mientras se limpiaba las lágrimas con la mano. No decían nada ninguno de los dos. Ella se dio cuenta que por el camino que la llevaba, solo podía llegar a un sitio, al descampado del folleteo, seguramente para seguir hablando con intimidad. Daniel paró el coche, miró a Carly mientras bajaba el asiento, le pidió a ella que también lo bajara. Carly ya sabía que quería, bajarlos y ponerlos a la altura de los asientos traseros, así quedaba como una cama, más o menos, lo habían hecho tantas veces. Cuando igualaron los asientos.
—Estírate aquí atrás por favor.
Le pidió Daniel, ella lo hizo al momento, se estiró boca arriba. Él también pasó a la parte de atrás, le metió las manos por debajo de la mini falda, le agarró el tanga y de un tirón se lo bajó y se lo quitó, le abrió las piernas, Carly lo miraba fijamente, Daniel le agarró el coño con toda la mano, acercando su boca al oído de Carly.
—Como le des este coño a otro tío, como se te ocurra volver a hacerme lo que me has hecho, te juro que no volverás a saber nada más de mí, me cambiaré el número de móvil, me iré a trabajar a otro lugar, lo más lejos de ti que pueda, me joderé la vida sin verte, pero lo haré, desapareceré para siempre.
Carly le pasó los brazos alrededor del cuello, atrayéndolo, estrechándolo contra su cuerpo.
—Solo será tuyo mi amor, tuyo para siempre, te prome…
—Cállate.— Ordenó Daniel.
La desnudó, se desnudó él, le hizo una señal. Carly sabía que quería, le agarró la polla, alguna lagrimilla le recorría la cara al notar aquella polla en su mano, aquella polla que no podía agarrar entera de lo gordita que era. Se la metió en la boca, le chupó el c*****o. Tuvo que hacer un esfuerzo para abrir más la boca y poder metérselo entero, notó la mano de Daniel en su cabeza, la empujó y le metió la polla hasta la garganta, se ahogaba, tenía que respirar por la nariz, la boca se le llenaba de saliva. Pero ella no paraba de mover la cabeza, sacándosela y metiéndosela dos o tres centímetros, le salía un sonido gutural, que junto a la saliva, estaba poniendo a Daniel caliente como una estufa. Carly se sacó un momento la polla de la boca, cogió aire.
—¿Te estás vengando de mí así?— Le preguntó a Daniel.
—Sí.
—Vale.
Volvió a meterse la polla hasta la garganta, siguiendo con los movimientos cortos y rápidos, Daniel cerraba los ojos del gusto, cuando tenía la polla a punto de reventar de tiesa. Estiró de la cabeza de Carly. Se puso un condón, la colocó boca arriba, sujetándole los tobillos, le abrió las piernas muy abiertas, todo lo que pudo, Carly pensaba que la iba a descuajaringar. Daniel se puso en medio, sin soltarle los tobillos, y con las piernas de Carly tremendamente abiertas, apuntó la polla moviendo la cintura en la entrada de la v****a, cuando vio que la punta se encaraba en el agujerito y lo notó mojado. Le pegó un pollazo empotrándola en el asiento, empalándola hasta el fondo. Carly dio un grito tremendo de gusto.
Había soñado ese momento tantas veces en los últimos días, no exactamente así, porque Daniel estaba a punto de arrancarle las piernas abriéndoselas tanto, y se la follaba dándole unos pollazos que la estaban volviendo loca. Un tremendo latigazo de gusto le atravesó el cuerpo, cerró los ojos poniéndose las manos en la cabeza, Daniel no le daba tregua, la penetraba con una fiereza que nunca le había visto, se está vengando, se está vengando, pensaba Carly, y que gusto me está dando por Dios, me voy a correr, me voy a correr, me corro, me corro. Carly soltó un ‘Me corro’ gritando como una loca, Daniel se aceleró más, ella se movía de un lado para otro, las manos descontroladas intentaban parar las embestidas de él, se estaba pasando de gusto, pensó que en cualquier momento se iba a desmayar de tanto placer.
Daniel paró, ella le miró a los ojos con una sonrisa, él le devolvió la sonrisa, la sujetó por las caderas y le dio la vuelta. Se mojó una mano con saliva y se la restregó por el agujero del culo.
—No sé si podrás, la tienes muy gorda.
Daniel no le contestó, se movió e intentó meterle el c*****o en el culo. No se le abría.
—Ya te lo estoy diciendo.
—Cállate.
—Vale.
A Carly se le escapó una risilla de alegría, era feliz en ese momento, le daba igual lo que intentara Daniel, que la metiera donde quisiera o pudiera. Él se mojó un dedo con bastante saliva, lo apoyó en el agujerito y apretando le metió la punta dentro, Carly movió un poco el cuerpo, había notado el dedo de Daniel entrando en su culo. Él fue moviendo el dedo, intentando dilatarle el culito a Carly. Volvió a ponerse encima apuntándole el c*****o en el agujerito, apretó un poco y notó como la punta empezaba a entrar. Carly dio un pequeño grito, eso que intentaba entrar, era mucho más grande que un dedo, mucho más ancha que la que le metió Santiago, Daniel le agarró una mano, Carly se la apretó, preparándose para aguantar el dolor que sabía que sentiría, Daniel tenía un c*****o enorme.
Con cuidado la fue introduciendo, muy lentamente, dejando que el agujero se fuera dilatando, en uno de los pequeños empujones, todo el c*****o se coló en el culo de Carly. Ella suspiró aguantándose el dolor, no quería ni pensar como le iba a dejar el agujero Daniel cuando acabase, porque claro, aquello acababa de empezar. Una vez la parte más grande dentro, Daniel le fue metiendo polla lentamente, hasta tenerla toda dentro, Carly suspiraba.
—¿Esto también es parte de la venganza?
—No, esto es porque me moría de ganas de follarte este culo precioso que tienes.