Carly volvía a reír, a la vez que se aguantaba el dolor, Daniel se empezaba a mover, sacándole la polla unos centímetros y volviéndosela a meter. Ella le apretaba la mano con todas las fuerzas que podía. Él fue aumentando el ritmo, poco a poco, intentando hacerle el mínimo daño, pero a medida que se lubricaba el culo, la polla entraba y salía mejor, Daniel se animaba y se movía más rápido, Carly escondía su cara contra el asiento, para que no le viera los gestos de dolor, un dolor mezclado con excitación de verlo a él. Daniel le separó una nalga, para penetrarla más profundamente, a esas alturas, golpeaba una y otra vez contra el culo de Carly, la polla la tenía enorme, a punto de explotar, miraba sin perderse detalle, como entraba y salía. La excitación le subía sin control y se corrió, aceleró más los golpes de cintura gritando, gimiendo, llenando el condón de leche. Carly apretaba la mano de Daniel y el asiento, aguantando las embestidas, hacía un ruidito, una especie de gemido para excitarlo y que acabara pronto.
Daniel, sin sacarle la polla del culo, se dejó caer encima de Carly, le dio un beso en la cara y le habló al oído.
—Te quiero, te quiero con locura, no me vuelvas a hacer algo así por favor, no puedo vivir sin ti.— Carly, boca abajo, levantaba un brazo para tocarle la cabeza.
—Eres mi vida Daniel, ya te lo dije, sé que me porté muy mal contigo, que seguramente no te merezca, yo solo quiero estar contigo, que mi cuerpo sea solo para ti, que me hagas lo que quieras.
Carly notaba como la polla de Daniel se aflojaba, y como su culo se iba cerrando. Él se salió de encima, se quitó el condón, le hizo un nudo y lo guardó para tirarlo más tarde. Se puso al lado de Carly, esta se giró y le pasó un brazo por encima, apoyando la cabeza en su hombro, él se lo pasó por la espalda.
—No te imaginas las ganas que tenía de estar así contigo.— Le decía Carly contenta.
—Tengo que confesarte algo, lo del culo no era venganza, pero…
—Pero saber que otro me lo había follado te ha hecho decidirte.
—Sí, siempre lo había pensado y nunca me había atrevido, pensaba que te haría daño y me tiraba para atrás.
—¿Te ha gustado cariño?— Preguntaba Carly sabiendo la respuesta.
—Me ha vuelto loco.
—Pues hazlo cuando quieras, me acostumbraré.
—Carly, no tienes que hacer ningún sacrificio porque te sientas culpable.
Ella se incorporó, le acarició la cara y le besó los labios, tres o cuatro besos cortos.
—No es un sacrificio, quiero que disfrutes de todo lo que quieras de mí. Aunque… me has dejado el culito, abierto, abierto.
Los dos reían, ella volvió a colocar la cabeza en el hombro de Daniel, le acariciaba el pecho, bajaba hasta los muslos, subía, le amasaba los huevos, le pajeaba suavemente la polla y volvía a acariciarle los abdominales y el pecho.
—Tenía muchas ganas de acariciarte.— Le decía mientras le pajeaba suavemente.
—Estás consiguiendo volver a ponerla tiesa.
—Dime una cosa ¿Te hiciste una paja el otro día? Oliendo mí tanga.
—Ya lo creo, no podía desaprovechar la ocasión.
Carly buscó con la vista las bragas, las encontró, las agarró y se las puso a Daniel en la nariz. Él inspiró profundamente, ella aumentó el ritmo de la paja.
—¿Así te la hacías?
—Tú la haces mejor.— Contestaba Daniel sin dejar de oler el tanga de Carly.
Daniel se excitaba, Carly se mojaba la mano para que resbalara por la polla, lo pajeaba con la polla muy tiesa otra vez. Se colocó entre sus piernas, le siguió pajeando, se mojó un dedo con saliva de la otra mano y le acarició el agujero del culo, Daniel abrió los ojos excitado. Carly aumentaba el ritmo de la paja, a la vez le metía la puntita de un dedo en el culo, Daniel rugía y gemía de gusto. Cuando ella creyó que ya lo tenía suficientemente caliente, se metió la polla en la boca, llegándole a la garganta, volviendo a ahogarse y tener que respirar por la nariz, volviendo a salivar una barbaridad y volviendo a subir y bajar la cabeza, sacándola unos centímetros y volviéndola a incrustársela en la garganta, más sonidos guturales, más excitación para Daniel. A la vez fue metiéndole y sacándole unos centímetros de su dedo en el culo de Daniel, este soplaba y respiraba como una máquina de tren de carbón, una máquina a punto de reventar por la presión del vapor, y reventó. Daniel empezó a correrse en la garganta de Carly, ella se ahogaba, pero no paraba de mover la cabeza, chupando, dejando que la polla se deslizara por su garganta, sintiendo como los lechazos de su novio, le entraban en la garganta intentando tragarlos. Tosió, le salió semen por la nariz, ella no paró, su objetivo era que Daniel se corriera sin interrupciones, hacerle disfrutar del orgasmo hasta que no pudiera más.
Cuando acabó, agarró unos pañuelos de papel, ya sabía donde los guardaba Daniel en el coche. Lo limpió a él y se limpió ella. Daniel la agarró con cariño besándola.
—Ves porque eres única, solo tú puedes llegar a ponerme así.
Le decía Daniel acariciándole la cara, ella se acurrucaba a su lado abrazándolo. Sin decir nada estuvieron un rato, cada uno con sus pensamientos, disfrutando del reencuentro.
—Nos vestimos y vamos a tomar algo.— Preguntaba Daniel.
—Como quieras, yo prefiero quedarme aquí contigo, los dos desnudos, acariciándonos.
—De acuerdo.
Estuvieron varias horas, tiempo tuvieron de acariciarse, tocarse, masturbarse y follarse, de lo que no tuvieron tiempo fue de cenar, esa noche ayunaron.