CAPÍTULO TREINTA Y SIETE Aidan corría por las calles de Andros en el amanecer con Blanco a su lado, jadeando por aire mientras corría pero sin querer detenerse. Pasó por una calle tras otra recorriendo la ciudad sin importarle el dolor de sus pulmones y el ardor en sus piernas. Después de ver a esos dos hombres en el callejón planeando traicionar a su padre, estaba más desesperado que nunca por encontrarlo y advertirle. Pero ahora que era de mañana, el corazón de Aidan se desplomó al saber que no quedaba mucho tiempo. Corrió incluso más rápido ignorando el dolor. Aidan corría y corría pasando las pequeñas plazas, entrando en callejones y después entrando en otra plaza. Trató de seguir las direcciones que las personas le habían dado después de preguntarles a tantos como había podido. Sigu

