Lady Dalia estaba enferma. Para consternación de su madre aquella mañana había amanecido con algo de temperatura y jaqueca y durante todo el día no pudo pararse de la cama. Según el médico era un pequeño resfriado que había pescado por un corriente de aire que tanto aquejaban a las damas en esa época del año. No obstante, el médico se equivocaba, porque Dalia sabía que no era un resfriado lo que le aquejaba el cuerpo, No. Era la terrible humillación a la que había sido sometido su corazón lo que le enfermaba el espíritu, una decepción tan grande que le había quitado todas las fuerzas a su cuerpo. Pero se aliviaría, sudaría esta fiebre lo mismo que sudaría el recuerdo del marqués. Debería sentirse aliviada de que sus encuentros hayan sido clandestinos y no fueran presenciados por nadie má

