— ¿Excelencia? El viejo duque de Saint Clear dejó de contemplar las llamas amarillas y rojas que danzaban sobre los leños de la lustrosa chimenea de piedra y alzó la mirada para observar la cara de su mayordomo. Hace rato que debería haberse acostado pero con lo que había descubierto recientemente y lo que tuvo que hacer para encubrirlo, no sentía ganas de dormir. Ese pequeño bastardo estaba jugando con fuego. — ¿Qué quieres Harrison? —Le preguntaba a su excelencia si quería que le prepararan un jerez caliente para dormir. El duque negó con la cabeza fastidiado y en su lugar saco un puro de su cajón para fumar. Con la primera bocanada sintió un ligero adormecimiento. — ¿Dónde está Ares? Harrison, quien ya se disponía a salir por la puerta se detuvo. —Su señoría ha salido.—Respondi

