Miley es arrojada dentro de la habitación sin la más mínima consideración, como si fuera un objeto sin valor. En esa casa, nadie muestra el menor respeto por ella, ni siquiera los empleados. La joven se tambalea, recuperando el equilibrio mientras sus ojos recorren la estancia que será su prisión por tiempo indefinido. Cuando su abuelo aún vivía, al menos en su presencia, los empleados la trataban con una pizca de respeto fingido. Aunque nunca tuvo una buena relación con el patriarca de los Rodríguez, en aquellos momentos era reconocida como parte de la familia, por más superficial que fuera ese reconocimiento. Miley jamás logró establecer una conexión genuina con su abuelo. El temor que le inspiraba aquel hombre de mirada severa y porte imponente era demasiado intenso como para permitir

