Valentina no durmió aquella noche. Mientras las gotas de lluvia repiqueteaban en las ventanas, sus ojos permanecieron abiertos, fijos en el rostro agotado de su hermana. Diana, siempre tan fuerte, parecía ahora más frágil que nunca. Su rostro estaba enrojecido, y respiraba con dificultad, claramente afectada por haber pasado tantas horas bajo la lluvia. Valentina podía notar la fiebre empezando a subir en su cuerpo. Se sentía impotente, observando cómo su hermana cargaba con todo el peso del mundo, solo para acabar derrotada y enferma.
Valentina sabía que Diana no estaba bien. No solo era el cansancio físico, sino el agotamiento emocional que venía acumulándose durante semanas. Todo había sido demasiado: la muerte de sus padres, el accidente, la traición de Álex, la situación financiera, y ahora esto.
El silencio de la noche fue interrumpido por el suave zumbido del teléfono de Diana. Valentina lo tomó con cuidado para no despertarla y leyó el mensaje que acababa de llegar. Era de su jefe.
"Lamentamos informarle que debido a los comentarios del señor Óscar Tena sobre su comportamiento durante la última entrega, hemos decidido prescindir de sus servicios. No necesitamos empleados que no sepan comportarse frente a nuestros clientes más importantes. Consideramos este mensaje su despido formal. Buena suerte en el futuro."
El corazón de Valentina se encogió. No podía creerlo. ¡La habían despedido! Y todo por culpa de Óscar Tena, aquel millonario arrogante que salía en todas las revistas de los famosos, conocido por sus excentricidades y su vida de lujos. Valentina había leído sobre él, visto sus fotos en eventos de alta sociedad, rodeado de celebridades y modelos. Era una de esas personas que, al parecer, podían hacer lo que quisieran sin sufrir las consecuencias.
Pero Valentina no iba a dejar que esto terminara así. Puede que ella no pudiera salir de casa debido a su enfermedad, pero había aprendido a usar su tiempo de otra manera. Sabía cómo moverse en las r************* , cómo contactar con la gente, y aunque la mayoría de los días se sentía impotente, ahora estaba decidida a luchar por su hermana.
Se levantó con cuidado del sofá y fue a su habitación, donde encendió su computadora y tomó su teléfono. Encontró el perfil de Óscar Tena en todas las r************* : i********:, Twitter, f*******:. Podía verlo en fotos rodeado de lujo, mostrando su vida perfecta. Tomó una bocanada de aire y comenzó a escribirle un mensaje privado en cada una de sus cuentas.
"Sé quién eres, Óscar Tena. Eres el hombre que se negó a pagarle a mi hermana por una entrega solo porque decidiste hacerla esperar bajo la lluvia. Eres el hombre que se quejó con su jefe y la hizo despedir. Mi hermana ha sacrificado todo por mí y por nuestra familia, y no voy a dejar que una persona como tú la pisotee. Si no vienes a nuestra casa y arreglas esto, voy a exponer lo que has hecho. No solo a ella, sino cómo tratas a la gente. No soy fuerte ni famosa, pero te aseguro que, aunque esté enferma, puedo hacer que el mundo vea la clase de persona que eres."
Valentina envió el mensaje con las manos temblorosas, sabiendo que era una apuesta arriesgada. Quizá Óscar Tena ni siquiera lo leería, o si lo hacía, podría simplemente ignorarla. Pero no tenía nada que perder.
Los minutos pasaron lentos, mientras Valentina se sentaba en la oscuridad, mirando el teléfono. Sabía que había hecho lo correcto, pero la incertidumbre la carcomía. Entonces, una notificación iluminó la pantalla de su móvil. Óscar Tena había respondido.
El mensaje era breve, directo:
"Voy a visitarlas mañana. ¿Dónde viven?"
Valentina lo leyó dos veces para asegurarse de que no estaba soñando. No podía creer que su mensaje hubiese tenido efecto tan rápidamente. ¿Por qué había accedido? Quizás no quería arriesgarse a una mala reputación, o tal vez pensaba que podría manejar la situación de otra manera. Lo que fuera, Valentina se sentía aliviada, aunque aún no confiaba en sus verdaderas intenciones.
Respondió con la dirección de la casa y, aún en estado de shock, volvió al lado de Diana. Su hermana seguía dormida, aunque su respiración entrecortada indicaba que su fiebre no bajaba. Valentina la observó en silencio, sintiendo una mezcla de determinación y miedo. Sabía que no podía enfrentarse a Óscar Tena sola, pero haría todo lo que estuviera en su mano para proteger a Diana.
El siguiente día prometía ser uno lleno de confrontaciones.