Una semana después de haber leído la entrevista de Manuel Hidalgo, Diana se encontraba frente al majestuoso edificio de Flores del Paraíso, con su currículum en la mano y el corazón latiendo a mil por hora. La promesa de Óscar había sido cumplida: había conseguido la entrevista que tanto necesitaba. Sin embargo, el nerviosismo que la invadía no era fácil de ignorar. Desde que su vida había dado un vuelco, había aprendido a no confiar demasiado en las oportunidades que parecían demasiado buenas para ser verdad. Aun así, esta era su oportunidad para salir adelante, y no iba a desperdiciarla. Entró al edificio con pasos firmes, intentando calmarse. El aroma a flores y elegancia impregnaba el ambiente, como un reflejo del mundo de alta perfumería que estaba a punto de descubrir más de cerca.

