La Vida Es Maravillosa
Era un paisaje pintoresco, una linda ciudad que revivía cada día con el movimiento de los pescadores, vendiendo sus presas recolectadas y las tiendas comenzando a trabajar.
Se podía distinguir a una chica hermosa, de cabellera rubia, ataviada con un pantalón, un sweater blanco tejido y una chaqueta azul oscura que combinaba con una bufanda enrollada en su cuello. Llevaba botas hasta las rodillas, porque en esa parte, hacía frío toda la noche hasta que los primeros rayos del alba asomaban por el horizonte. Esta joven, caminaba por las calles del pueblo hasta el malecón y como todos los días al amanecer, observaba el agite normal de un poblado que vivía del turismo. Algunas personas que transitaban por allí, también pasaban tiempo en la playa con niños que jugaban alegres con pelotas o cometas.
A medida que Annelise se iba alejando, estaba más cerca del faro que era icónico para la isla “San Simon”. Cerca de otro rato, llegó a un camino de tierra flanqueado por rocas grandes y filosas. Annelise, podía avanzar sobre las grandes rocas con sus botas, siempre se quedaba un momento parada viendo el movimiento de las olas que llegaban hasta la caleta, formando impresionantes remolinos de agua espumosa. Normalmente, se sentaba sobre ellas para maravillarse una vez más del panorama y hablarle al soberano mar sobre las penas de su corazón, como le enseño su abuela Delilah, pero hoy no. Hoy, se sentía particularmente triste, angustiada y desesperada por la situación que se le estaba presentando.
Recordar la historia de sus bisabuelos Maggie y Nick, la animo un poco. Su abuela Delilah, siempre se la recitaba cuando era pequeña e incluso, de haber tiempo también le contaba su hermosa historia de amor, llena pasión y tragedia con su abuelo Hans. Cada vez que su abuela lo rememoraba le decía que ella no se amargaba por las situaciones del pasado, pues tenía a su hijo James, su padre, para hacerle sentir que la vida era maravillosa. Esa era la frase favorita de su abuela Delilah: “La vida es Maravillosa”
Gracias a las enseñanzas de Delilah, ella había podido sopesar sola todas las desavenencias, como la muerte de su abuela y la de su padre, ya que su madre se había divorciado de su papá para después casarse con un cardiólogo en Tennessee, por lo que Annelise, decidió quedarse junto con James y sufrir las consecuencias de una vida sencilla y de austeridad. Sin embargo, todos los años era invitada y/o obligada a pasar las vacaciones con su madre en Tennessee, “No le quedaba de otra”. Annelise, había crecido con mucho resentimiento hacia su madre, le había tocado soportar la soledad más absoluta, además de volverse fuerte para seguir sonriendo y decir: “Que la vida era maravillosa”.
Se podían ver grandes sombras oscuras en el bonito rostro de la muchacha, que ahora estaba cargado de angustia y soledad. Observó hacia el ancho mar y pudo distinguir los buques cargueros que se acercaban o salían de la isla, además de las gaviotas revoloteando por encima del mar, pescando el alimento del día. Annelise, levantó el rostro para sentir un poco el calor del sol, que ya comenzaba a despuntar y sus rayos se reflejaban en sus hermosos ojos azules, iguales a los de su abuela Delilah y su bisabuela Maggie.
—¡Es injusto! — Se decía Annelise, soltando las lágrimas que no había querido derramar —¡Es injusto! — exclamo nuevamente acercándose peligrosamente al borde, sin dejar de sentir ese vacío que la invitaba a unirse debajo de aquella caleta, con las olas del mar. Sacó las manos de los bolsillos y por un breve segundo sintió que su cuerpo se dejaba caer hacia adelante, golpearía con seguridad contra las rocas filosas que se encontraban allí, pero en el último momento, escucho la voz de su abuela que le decía: “A veces, la vida no es justa, pero sigue siendo maravillosa y vale la pena vivirla, aun a pesar de todos los problemas”.
Annelise, puso un pie para dar dos pasos hacia atrás, llorando incontrolablemente, se sentó en las piedras sin ninguna elegancia y dejó salir todo el llanto, tristeza y frustración que sentía. Sus ojos azules, se veían mucho más claros.
No entendía cómo era que había terminado tan sola, cargando con todos los problemas que implicaba tener una bonita casa con un anexo para alquilar a los turistas, allí, en la isla de San Simon. La habían despedido del trabajo hacía ya tres meses, y no había podido conseguir otro, a pesar de que había enviado varias solicitudes de empleo.
Siempre, estaba la posibilidad de pedirle ayuda a su madre, algo que por supuesto, no quería hacer. Se limpió los mocos sin ninguna elegancia y con rabia se recrimino:
¿Cómo podría pedirle dinero a una mujer que no parecía entender el amor que ella sentía por su padre?, y para ponerle la cereza al pastel, se cumplían seis meses desde que había sido invitada a Tennessee, al cumpleaños de su hermana Helen. Por aquel entonces Annelise había decidido ir con su novio Michael, con quien ya tenía 5 meses de estar saliendo. ¿Qué paso?, bueno… encontró a la perra de su hermana con su novio, encerrada en una alacena, besuqueándose y sabrá Dios qué más…
¿Qué hizo su madre al respecto?, sólo le dijo que no se preocupara, porque si él había encontrado en su hermana una mujer más atractiva, era porque realmente no la quería. Y así, de ese modo Annelise terminó gritándole improperios a los dos enamorados saliendo de esa casa con el corazón roto.
Decepcionada miró al cielo y dijo:
—Ay abuela Delilah… como quisiera creer que a pesar de los problemas la vida en verdad es maravillosa, pero honestamente, prefiero que me ayudes a resolver las dificultades consiguiendo un trabajo, y si tienes un tiempito, ayúdame a conseguir un novio, porque no veo que sea posible hallar uno estando aquí en esta isla… ¡Ay abuela!, en verdad quisiera ser feliz como tú y la bisabuela Maggie lo fueron...ciertamente deseo conseguir un gran amor y formar mi propia familia, que la casa se llene de alegría y calor familiar, no como está ahora, tan solitaria... ¡Ah! y abuela, si no es mucho pedir échame una mano también con el asunto del banco, solo tengo una semana para pagar. No tengo más tiempo ni dinero… mi situación es desesperada…— dijo con un hilo de voz soltando el llanto, sentada frente al mar que era el único que la escuchaba.
Después de un rato, se fue calmando y al estar más tranquila rememoro la historia de sus bisabuelos, Maggie y Nick Richardson, la misma que cada noche le contaba su abuela Delilah antes de irse a dormir y a ella le parecía tan maravillosa. Pues a pesar de la época, el año que corría en aquel momento 1935, su bisabuela Maggie, fue una mujer que rompió paradigmas al estudiar la carrera de arquitectura, logrando impresionar a un gran arquitecto como su bisabuelo Nick, ganándose su confianza hasta el punto de protegerle la espalda de una horrible mujer conectada con la mafia, que en esa época, amenazaba a toda la sociedad. — Si, sin ninguna duda mi bisabuela lo amaba …— dijo para sí misma, juzgando que cualquier ser racional en su lugar, hubiera salido huyendo de esa situación.
Al final, después de todo lo que habían pasado, fueron muy felices hasta que Maggie murió cuando Delilah contaba con 16 años y su bisabuelo Nick, se encargó de cuidarla hasta el último día de su vida. No era desacertado pensar que su abuela Delilah se animara a estudiar arquitectura, razón por la cual, ella misma diseñó y construyó la casa en la isla San Simon, lugar donde la trajo a vivir su esposo cuando se casaron.
Su abuela Delilah, había contraído nupcias con un pescador de la zona, un hombre hijo de inmigrantes alemanes, quien se alistó en el ejército y cumplió su servicio yendo a batallar en la guerra de Vietnam. Delilah siempre le contaba que vivió los años más felices de su vida junto con esposo y su hijo, coexistiendo con la sencillez, escuchando el susurro del mar y arrullando sus sueños hasta que su hijo se casó y decidió vivir allí con su esposa, para luego, tener la hermosa dicha de verla nacer. Annelise sintió nostalgia al recordar que alguna vez fue feliz en esa casa donde nació su padre, James Taylor y en donde convivio con su madre hasta que esta decidió divorciarse y mudarse a Tennessee.
Annelise llevo la mano al pecho, la falta de aire la obligo a tomar una respiración profunda, el recuerdo de su abuela enferma y ella cuidándola le punzo el corazón. Meses antes de morir, Delilah le había indicado a su nieta dónde tenía guardados todos sus recuerdos, sin embargo, a pesar de querer revisarlos, Annelise no se atrevió a revolverlos temiendo que el polvo, le provocara algún tipo de reacción que afectara aún más su salud.
Annelise, no podía entender cómo era que su madre, había decidido marcharse para casarse con un millonario. Lógico, no era equivocado que creciera pensando que esta vida de pescadores, aburría a su madre, por lo que le tocó pasar por la muerte de Delilah y de su padre íntegramente sola, ya que desde entonces, la señora Rappaport, decía tener una vida muy atareada en Tennessee, como para compartir tiempo con ella.
Esta, es la historia de Annelise en este precioso pueblo a las orillas del mar en la isla San Simon, lugar donde los anhelos del corazón pueden verse reflejados en el destello de luz de un hermoso faro.