El hermano asintió, más con el cuerpo que con la palabra. —Entonces, soy parte. Y así, con la familia rota empezando a pegarse los pedazos aunque doliendo, Sofía sabía que había dado un paso jodidamente necesario para cambiar la historia. La abogada Lucía no solo les dejó papeles y consejos. También avisó que la ciudad no les iba a perdonar fácil esta tregua familiar. —Hay políticos, bastardos que usan sus nombres para joderlos —señaló—. También hay enemigos en el bajo mundo esperando cualquier mini fisura para dispararles en la espalda. No se confíen ni un puto segundo. Este es solo el primer puto round. Sofía lo entendió. Su transformación personal debía ser igual de dura que la de su sangre. No era solo reconstruir la familia; era protegerla de un mundo diseñado para destruirla. Y

