Sofía no era solo la más temida y despiadada de la ciudad; también cargaba con la sangre y las sombras de un apellido que no podía ni quería olvidar. Esa noche, el humo del cigarro se mezclaba con el aroma amargo del whisky, mientras esperaba en el despacho de la abogada que su familia había odiado durante años. No era una reunión para hacerle fiesta ni para sacar fotos. Era una mierda dura que había que enfrentar. La abogada, una cabrona fría y calculadora llamada Lucía, soltó el humo sin miramientos y clavó la vista en Sofía. —Tu familia está jodida, Sofía —dijo sin vueltas, usando el diminutivo casi como un recordatorio de tiempos más simples y traídos a la mierda—. No es solo lo que pasó con tu padre o los secretos podridos que enterraron con él. Es el puto sistema corrupto que los r

