Katsumi observaba a Stacy moverse con gracia en el agua, se desplazaba de un extremo a otro de la piscina con tanta agilidad que lo hacía parecer fácil. Llevaba puesto un traje de baño entero morado, un gorro a juego y lentes para nadar. Cuando Anya se sumergió, Stacy se quedó parada en un rincón de la parte más baja. Salía y entraba, seguía los movimientos de Anya, gritando cosas como: “mejora ese viraje”, “cuida tu postura”, “no levantes la cabeza”. Stacy era una mujer imponente, alta y atlética, su voz era autoritaria. Katsumi imaginó que debía ser una chica independiente, determinada. —Tres vueltas y terminamos —gritó Stacy después de salir del agua. Cogió su bolso y sacó de este una toalla. Caminó hacia Katsumi —¿Eres la niñera? —le preguntó. —No… no soy niñera, soy la enfermera

