—Hijo por favor, siéntate bien —la madre de Thomas resultó ser una mamá muy preocupada o, en otras palabras: cargante, pero muy simpática y chistosa. —Mamá ya, basta —estaba muy avergonzado y a mí me causaba gracia. — Amor, pero hazle caso a tu mamá y siéntate bien —comencé a molestarlo y más rojo se puso. Se paró de la mesa y se fue escalera arriba, muy cabreado. —Me encanta molestarlo —admitió la mamá de Thomas. Su papá puso los ojos en blanco y negó con la cabeza, también divertido. —¿O sea, lo hizo solo para molestarlo? —me tenía bastante sorprendida. No me explicaba a quién había sacado su cara de Bulldog, entonces. — Claro, me da igual como se siente, solo me gusta que se avergüence. Se pone muy rojo. Los tres estallamos en carcajadas. Luego me disculpé para salir en busca de

