Noah se recargó con los brazos cruzados en la puerta de la oficina de Hayami mientras miraba que ella se encontraba escribiendo en su computadora muy concentrada.
— ¿Qué pasó?
Preguntó Hayami, dejando de teclear para verlo al sentir la presencia de aquel hombre.
—Estarás hoy, ¿no?
—Debo, aunque no estoy de acuerdo, estoy segura de que ella no lo desea; estos últimos días ha estado extraña.
— Ella ya es mayor para tomar sus propias decisiones, tú no deberías meterte en ellas.
Hayami lo miró con descontento, mientras él continuaba recargado sobre la puerta.
— Es por eso que odio esta sociedad de "ricos".
Hayami siguió tecleando en su computadora; él solo la siguió observándola. Su semblante había cambiado a uno molesto; no entendía por qué una simple pregunta podría haberle arruinado su día.
—¿Llevarás a tu novio?
—¿A quién?
Preguntó nuevamente, mirándolo aún con la aparente molestia.
—Al novio que mencionaste aquella ocasión.
—Ah... No es mi novio, es un chico con el que salgo, nada del otro mundo. Respondiendo a tu pregunta, no lo llevaré.
—Mmm.
Noah se dio la vuelta y se fue de la oficina de Hayami sin siquiera despedirse, lo cual a ella no le importó y continuó con sus actividades laborales.
Hayami llegó a casa, subió a su habitación, se recostó un momento antes de bajar de nuevo para encontrarse con Noah, sus padres y su hermana sentados en la sala.
Los miró a todos, en especial a Isabel, que se encontraba un poco perdida en sus pensamientos. Sabía que algo le preocupaba. Se sentó a su lado izquierdo para luego tomarla de la mano. Es cuando Isabel volvió en sí, mirándola y sonriendo.
Noah suspiró tomando fuerza y sacó de su saco una pequeña caja negra. Al abrirla, había un anillo muy elegante.
—Sé que debí dártelo antes, sé que estamos a un par de semanas de la boda, pero... Bueno, lo importante es que lo hago ahora, ¿no?
Sacó el anillo de la caja, sostuvo la mano de Isabel; ella lo miró, una lágrima que recorrió su mejilla. Él estaba a punto de colocarle ese hermoso anillo.
—Lo siento, Noah, no puedo casarme contigo... Yo... yo estoy embarazada.
Noah la miró confundido; sin embargo, rápido entendió lo que pasaba.
Hayami aún estaba desconcertada, pero no podía ocultar su felicidad de que esa boda no se realizara. Tenía una sonrisa que notó su padre.
—¿Por qué estás contenta, Hayami?
Preguntó, molesto, su padre.
—Por qué mi hermana no debe casarse. Además, ¡seré tía!
Isabel se levantó del asiento mientras la miraban, y rápidamente subió las escaleras para encerrarse en su habitación.
Los padres de las chicas se miraron con Noah, que dirigió la mirada hacia Hayami.
—¿Qué? No, no, a mí no me mires.
—Bueno, eres soltera, ¿no?
Hayami comenzó a reírse a carcajadas, ya que no podía creer que él estuviera pensando en ella. Se levantó de la silla.
—Yo no estoy en venta, querido "jefe"; nadie puede comprarme, por eso trabajé para tener mi propio dinero y zafarme de estas costumbres tan absurdas.
Hayami salió sin decir más de la sala, subió a su habitación y también se encerró.
Isabel estaba recostada en su cama; escuchó que alguien tocó la puerta de su habitación.
—No quiero hablar ahora, Yami.
—Soy yo, Noah.
Ella se levantó de la cama, abrió la puerta, él entró y se sentó en la cama. Isabel cerró de nuevo la puerta y se acercó a él, sentándose a su lado.
—Lo siento mucho.
Sus lágrimas caían incesantemente.
—No te preocupes.
Sonrió él amablemente, limpiándole las lágrimas con sus pulgares.
—Teníamos un acuerdo y lo he roto, te he defraudado.
—Isabel, antes que todo somos amigos y cuando hablamos sobre esto dijimos que siempre lo seríamos, ¿lo recuerdas? Yo puedo cumplir mi parte del trato si tú quieres, aunque no efectuemos el matrimonio, así como te lo dije anteriormente.
Él sostenía las suaves manos de Isabel.
—No, ¿cómo crees? Era un trato, lo habíamos hablado previamente los tres...
—Lo sé, pero detesto verte de este modo, culpándote.
—Eres un buen amigo, yo sé también lo importante que era casarte; yo no veía venir esto.
Él solo sonrió.
—¿Y?... ¿Él qué piensa? ¿Ya lo sabe?
Ella inclinó la cabeza.
—Sí, pues también fue una sorpresa; sin embargo, está feliz. Sabes que él no estaba tan de acuerdo con lo de la boda, pero yo insistí dejándolo sin opción.
—Me alegro porque , si no, se las vería conmigo, lo sabe bien; en estos días hablaré con él.
—¿Y ahora qué harás tú?
Isabel estaba preocupada por el acuerdo que tenía con Noah.
Él sonrió mirándola.
— En la familia hay dos chicas solteras, ¿no?
Isabel, que hasta ese momento lloraba, comenzó a reírse.
—¿Hablas de Hayami?
—Bueno, no es una mala opción.
Él alzó los hombros, bromeando.
—No, no, con ella es caso perdido; a ella no le gusta ese tipo de acuerdos.
Continúo riendo.
—¿Te gusta mi hermana?
Preguntó Isabel, alzando la ceja.
—¡No!
Contestó un poco ruborizado, aunque no entendía por qué.
—Tendrás que buscar otra opción; ella no aceptará.
— Abajo dijo algo sobre que ella tenía su propio dinero para evitar este tipo de cosas. ¿A qué se refería?
Isabel suspiró y terminó de limpiarse las lágrimas.
—Nuestra abuela nos heredó un monto a cada una antes de fallecer; yo no pensé y lo gasté como una tonta, pero ella lo trabajó hasta hacerse una fortuna. Tiene mucho dinero, inclusive podría decir que más que nuestros padres.
Isabel estaba dudosa de continuar la historia, pero ya estaba en eso.
—Hace muchos años ella estaba enamorada perdidamente de un chico, lo amaba con locura, pero él no era de nuestra posición económica. Quería casarse con él, así que le rogó y suplicó a mi padre que la dejara casarse con él. Lo que supe es que hasta llegó a hincarse ante él para que se lo permitiera. Mi padre siempre planeó que nos casáramos con personas de dinero. Extrañamente accedió a la petición de Hayami, haciendo que ella se alegrara mucho, y comenzó los preparativos de la boda, pero dos días antes de la boda, leyendo un diario, vio que ese día se celebraría una boda social. Murió al ver la foto del novio, ya que era el suyo. Ella corrió hasta la iglesia donde se llevaría a cabo la boda... Lo vio casarse con esa chica; ella era más rica que Hayami. Se puso muy mal, rompió su vestido, se encerró por días; un buen día salió de este como si no hubiera pasado nada. Poco después nuestra abuela falleció y nos dejó el dinero. Por eso ella odia este tipo de bodas, porque el dinero le quitó al hombre que amaba.
Noah había escuchado atentamente la historia de Isabel, pensó en cómo alguien podría hacer algo tan horrible como eso, y más a una mujer como ella...