Isabel se levantó de su cama, vio la hora de su despertador, se estiró un poco, se quitó la ropa para meterse a dar una ducha antes de ver a Noah en la boutique de vestidos de novias "Novias"; pensó en el gran ingenio que debieron haber puesto al elegir el nombre de la boutique, pero a pesar del nombre tan obvio, era una de las mejores boutiques que había en la ciudad.
Al terminar de ducharse, se colocó un pantalón de mezclilla y una blusa negra y finalmente salió de su habitación. Se dirigió a la habitación de su hermana pensando que ya estaría lista para irse juntas. Tocó la puerta, pero no hubo respuesta. Después de tocar tres veces más, cada uno con más intensidad, abrió la puerta solo para darse cuenta de que la cama de Hayami estaba vacía e intacta.
Isabel frotó su frente, fastidiada.
"No vino a dormir otra vez".
Se dijo mientras resoplaba; no entendía cómo, siendo ella la menor de las dos, tenía que reprender a su hermana mayor casi todo el tiempo. Su celular comenzó a sonar; pensó que era su hermana; sin embargo, al ver el celular, vio el nombre de Noah.
—¿Dime?
—¿Ya vienes? Ya estoy aquí.
Se escuchó la voz grave de él.
—Sí, dame 10 minutos, ahora llego.
Al colgar su teléfono, entró a w******p, vio el último mensaje que tenía con su hermana, miró que la última conexión había sido a las 8:00 de la noche.
"Yami, no estabas en tu habitación, dijiste que regresarías y no lo hiciste. Si llegas a ver este mensaje, estaré en la boutique "Novias", te lo dije, te dije que... Bueno, mejor hablamos después".
Al terminar de escribir, metió de nuevo su celular en su bolso, suspiró para luego bajar las escaleras. Al salir de casa, tomó un taxi, ya que el resto del día estaría con Noah y no necesitaría su auto. Después de 15 minutos, por fin llegó a la tienda donde, al entrar, vio a Noah sentado en uno de los sillones mirando su reloj. Ese día vestía un pantalón de mezclilla con una camisa gris de mangas cortas. Él apartó la mirada del reloj y miró a Isabel que se acercaba a él.
—Discúlpame por la tardanza.
—No te preocupes… ¿Eh? ¿Y tu hermana? ¿No vendría ella contigo?
Ella suspiró muy fuerte, dejando caer un poco su cuerpo.
—Sí, ahora viene.
Noah levantó los hombros como si no le importara. Una de las chicas que trabajaba en la tienda se acercó a Isabel.
—Señorita Isabel. ¿Lista para su última prueba de vestido?
—Sí.
Respondió sin nada de entusiasmo. La chica había visto muchas novias antes, pero Isabel no era la típica novia que se sentía feliz por su próxima boda; eso era evidente.
—Sígame.
La chica guió a Isabel a un vestidor mientras Noah se quedó mirando su celular.
Habían pasado unos 5 minutos desde que se había ido Isabel al vestidor. Noah continuaba distraído en su celular, escuchó el sonido de la puerta de la tienda abrirse, curiosamente volteó a ver, fijándose cómo la pelirroja se acercaba a él. Lucía, cansada y agitada, notó que estaba recién duchada por su cabello que aún estaba visiblemente húmedo. También se percató de que aún traía el mismo vestido del día anterior.
—Llegué... ¿Y mi hermana?
Dijo, tratando de recuperar aire.
—Está en el vestidor.
Contestó él, mirando discretamente el hombro de Hayami que ahora no traía la tira del sostén de la noche anterior; claramente no había dormido esa noche en su casa.
Hayami se sentó a un costado de él y tomó un sorbo de un vaso que traía.
Él aclaró su garganta antes de hablar.
—Por lo que veo, te divertiste anoche.
—Pues… Podríamos decir que sí.
Tomó otro sorbo de su vaso que contenía café.
Ella se levantó del asiento donde estaba.
—Iré a ver por qué tardan tanto.
Caminó hacia los vestidores y al buscar encontró a Isabel junto con la chica que le ayudaba con el vestido. Ese vestido era hermoso, aunque quiso evitarlo. Se recordó a sí misma con un vestido de novia y lo emocionada que estaba por ese día. Sacudió la cabeza muchas veces para alejar esa imagen desagradable de su cabeza hasta que lo logró.
—Te ves muy bien.
Dijo sonriente Hayami.
—¿Tú lo crees?
Preguntó Isabel, ruborizada.
—Claro que sí.
Hayami se acercó más a su hermana, abrazándola.
—He subido de peso, casi no me quedaba el vestido.
—Yo te veo igual.
Hayami presionó las mejillas de su hermana.
—Vamos para que el novio lo vea.
Dijo la chica que seguía ayudándola con el vestido.
Al salir del vestidor, Noah miró a Isabel y sonrió amablemente.
—Te miras muy bella.
—Gracias.
Isabel nuevamente jugó con el collar sobre su cuello, se miró en el espejo grande, después entró nuevamente al vestidor; al colocarse nuevamente la ropa, salió de este.
—Ahora es turno del novio.
Hayami jaló de la mano a Noah. Era la primera vez que lo tocaba después de esa noche. Su corazón se aceleró al sentir la mano de ella; Hayami casi lo empujó al vestidor. Después de que él entró, ella se sentó al lado de Isabel a esperarlo.
—Te notó pensativa. ¿Pasa algo?
—No. No te preocupes, no es nada.
Hayami tomó la mano de Isabel.
—¿Segura? Sabes que puedes decirme cualquier cosa.
—Lo sé, no es nada, no te preocupes.
—¿Te puedo preguntar algo?
Dijo Isabel tomando la mano más fuerte de Hayami.
—¿Qué cosa?
—¿Ver todos estos vestidos no te trae recuerdos con Iván?
—Solo que fui la humillación de todo el mundo.
—¿Tú aún estás ena...?
Noah salió del vestidor; lucía un traje gris con una corbata negra y realmente se miraba muy atractivo. Hayami disimulaba que lo miraba con asombro.
No permaneció mucho fuera del vestidor. Las chicas del negocio quedaron enamoradas de ese hombre, tuvieron un poco de envidia de Isabel, que se casaría con él.
Noah se vistió rápido y, al salir, miró a las dos chicas que se reían y se acercó a ellas.
—Vamos a desayunar.
Dijo Isabel al levantarse del sillón.
—Mmmm, está bien, solo porque muero de hambre.
Respondió Hayami sonriente, y él sonrió con ella.
—Entonces vamos, las llevo.
Los tres salieron de la boutique. El vestido de Isabel se lo entregarían en un par de días; se lo enviarían a su casa. Al llegar al restaurante, los tres ordenaron algo de la carta.
Estaban desayunando, e Isabel no pudo resistirse a reprender a su hermana.
—Te he dicho que no me gusta que te quedes con desconocidos.
Noah comenzó a toser; ambas lo miraron y se sonrieron.
—No es desconocido, no te preocupes, estoy saliendo con él.
Noah la miró curioso mientras ella se metía un trozo de hotcakes.
—¿Es tu novio?
Preguntó Isabel.
—No diría, novio, apenas estamos saliendo, no es nada del otro mundo.
Hayami vio los ojos verdes de Noah.
Noah se mantuvo callado durante toda la conversación de las dos hermanas…