CAPITULO 7: PROVOCACIÓN.

1289 Palabras
Dos semanas habían transcurrido y la relación de Hayami y Noah había estado lo que podríamos decir "tranquila": alguna que otra ocasión de algunos malos chistes entre ambos, pero nada destacable. En el trabajo iba todo muy bien; la empresa estaba marchando como debería ir según las estrategias de Noah que implementó junto con Hayami. Detestaba admitirlo, pero era muy buena en su área. Esa noche, Noah e Isabel saldrían a hacer algunas cosas que tenían aún pendientes de la boda; aunque ninguno de los dos estaba emocionado por dicho evento, era algo que ya habían hablado con anterioridad. "Estoy en mi cuarto, sube, quiero hablar a solas de algo importante". Noah leyó el mensaje de su celular. Justo cuando estaba llegando a casa de Isabel, al entrar a esta, la chica del servicio lo llevó a la habitación de Isabel. Al tocar, ella abrió. Noah entró a este e Isabel cerró la puerta... Después de hablar algunos minutos, Isabel se levantó del cojín de su tocador, mientras él aún estaba en la cama sentado, mirándola con sus ojos verdes que llamaban la atención de casi todas las mujeres. —Ahora aclarado todo, ya podemos continuar. Dijo Isabel, un poco seria. —Sí, está bien, Isabel. —Lo siento, es que yo necesitaba hablarlo contigo antes de continuar y que firmemos el contrato prenupcial. —No, te preocupes, yo entiendo, lo modificaré. —Gracias. Respondió ella finalmente con una tierna sonrisa. —Dejaré que te vistas entonces, para irnos. Él se levantó de la cama y abrió la puerta de la habitación. —Ok, ahora bajo. Le dijo a Noah mientras terminaba de salir de su habitación. Noah salió de la habitación, caminó algunos pasos para bajar nuevamente a la sala a esperar a Isabel. Observó la puerta abierta de una de las habitaciones. Al pasar, miró a Hayami que estaba recostada en la cama. Se detuvo inmediatamente. Se recargó en la puerta. La miró que traía puestos unos audífonos de casco. Se acercó a ella, pero ella tenía los ojos cerrados, aparentemente disfrutando la música. Hayami se había duchado, se puso un short de tela algo corto y una blusa floja, tomó sus audífonos que estaban en su tocador, se los colocó, abrió la puerta de su habitación; detestaba la sensación de encierro. Después se recostó en la cama. Su cabeza estaba en dirección a los pies de la cama. Habían pasado algunos minutos. Sintió como una presencia frente a ella. Al abrir uno de sus ojos, vio que ese hombre alto de cabello n***o intenso estaba frente a ella observándola. Ella no se inmutó, simplemente volvió a cerrar sus ojos. —Pregunta seria: ¿Qué haces en mi habitación? Preguntó quitándose los audífonos para escuchar claramente la respuesta de su "cuñado". Él se sentó en los pies de la cama, dándole la espalda. —Espero a tu hermana que está terminando de alistarse. —Y digo, bueno, es una sugerencia, ¿no es mejor esperarla en la sala? Es para eso, ¿no? Ella seguía recostada en la cama. —Sí, tal vez, solo que quería molestarte un rato. —Bhaaaaa... No es suficiente ya con la oficina, ¿no? Hubo un silencio por un par de minutos, y Noah tragó un poco de saliva. —¿Saldrás esta noche? Preguntó sin pensar Noah; prácticamente las palabras habían salido de su boca. —No lo creo. El tono de voz de Hayami sonaba aburrido. —Pensé que lo harías. —¡Ayyyyyy! ¿No me digas que te pondrás igual de intenso que mi hermana? Respondió fastidiada. —¡Claro que no! A mí no me importa lo que hagas con tu vida, solo era una pregunta para tener conversación, ya estás demasiado crecidita para que te digan qué hacer y qué no hacer. —Así es, cuñadito. Respondió ella pesadamente. —Por esa actitud, imagino que nadie te ha propuesto matrimonio a tu edad. Soltó las primeras palabras que vinieron a su mente sin reflexionar si sonaban bien o mal. Ella comenzó a reír, pero ambos seguían en la misma posición: él en los pies de cama, sentada ella recostada; ninguno se miraba. —Ese es mi problema, nunca quise casarme con pervertidos como tú, que buscan chicas más jóvenes, como tú con mi hermana; ella apenas tiene 25 años y tú… 50, ¿no? —Ajam, ¿y luego? Respondió él con un tono ya molesto. —No, yo solo digo, es para hacer conversación. Hayami se levantó al fin de la cama, dejó sus audífonos en esta, caminó a un lado de Noah; al llegar a su pequeño escritorio, se inclinó a este. Él miró las piernas de ella, aunque rápidamente desvió su vista a otro lugar. Hayami puso en reproducción la canción que tenía en su computadora. La canción era de. SIA-CHANDELIER. Noah vio cómo Hayami comenzó a bailar; se movía muy bien tal como lo recordaba esa noche a pesar de los tragos que llevaba encima. —¿Qué haces? Preguntó con él, tono alto debido a la música algo fuerte que ella tenía. —Bailando, ¿qué no ves? No sabía que, además de pervertido, fueras ciego. —No soy pervertido. — Ajam, como tú digas; además, estoy en mi cuarto, puedo hacer lo que quiera, eso aplica, bailar. Ella continuó bailando y se acercó lentamente a él. Ella colocó sus manos a un costado de él. La miró fijamente, podía sentir su respiración caliente, la miró detalladamente. Sus labios tenían un ligero tono rojo natural. Notó pequeñas pecas en sus mejillas; ella se acercó más a él. —No te pongas nervioso. Realizó una ligera sonrisa. —¿Quién? ¿Yo? Para nada. Hayami recogió con su mano el celular que se encontraba atrás de él, después se alejó e inmediatamente realizó una llamada. —¿Carolina? Soy Hayami. ¿Salimos hoy? Sé que dije que no saldría esta noche, pero de la nada me dio ganas, ¿vas conmigo? ... Hubo un breve silencio. —Perfecto, ahora voy por ti... Al colgar, miró nuevamente a Noah. Él solo sonrió, se levantó de la cama y le dirigió su mirada al igual que ella. —Esperaré a tu hermana abajo. —Perfecto. Respondió ella. Al salir Noah de su habitación, ella se comenzó a arreglar para salir esa noche. Noah estaba esperando a Isabel, miró su reloj, vio cómo este marcaba las 7:30 PM y vio llegar hasta él a Isabel con un vestido rojo; lucía encantadora. —Siento la tardanza. —No te preocupes, vamos. Caminaron hacia la puerta donde encontraron a Hayami, que ya estaba saliendo. —¡"YAMI"! Llamó Isabel a su hermana. Hayami la miró y fue hacia ellos. Se había puesto un vestido n***o corto que le llegaba por encima de la rodilla. En esta ocasión llevaba unos tenis blancos; su cabello estaba amarrado por una cola alta. Noah notó la tira de su sostén que sobresalía de su vestido por ser rojo, pero no lucía mal. —¿Dime? —Mañana, quiero que me acompañes a hacer mi última prueba de vestido. Será a las 9:00 de la mañana. —¿En serio? Mañana es domingo, mi único día libre, ¿trabajan también en domingo? Miró cómo Isabel rodó los ojos y cruzó sus manos. Sabía que su hermanita estaba molesta. —Está bien, iré. Contestó a fuerza. —Ten mucho cuidado. —No te preocupes, regresaré temprano. Sonrió Hayami. Isabel le dio un beso en la mejilla a Hayami. Ella dirigió su mirada hacia Noah, que la apartó inmediatamente. Ella solo sonrió por la gracia que le hacía. Isabel observó esto y ocultó una ligera sonrisa. Pensó que ese par eran polos opuestos.
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