CAPITULO 6: SORPRESA II

1155 Palabras
La junta había terminado; Noah estaba aún en trance, no solo en casa de Isabel, que debía tolerarla, sino ahora en el trabajo. Le pareció extraño que Isabel no hubiera mencionado nada referente a la adquisición de una acción de la empresa y que estuviera a nombre de su hermana mayor. Noah se levantó de su asiento. Hicieron un recorrido por la empresa, y el señor Beltrán se despidió para luego retirarse. Noah le indicó la oficina de Alejandro. —¿Cuál será mi oficina? Preguntó Hayami, acercándose a Noah. —Sí, vamos, ahora te lo muestro. Caminaron y, después de pasar por el escritorio de Ariel, llegaron a una oficina justo frente a la de Noah. Las oficinas de la empresa eran de cristal transparente, muy elegantes; se podía ver todo, aunque también tenían una persiana que podía dar privacidad a estas. —Esta será tu oficina, justo frente a la mía. Dijo con un poco de desagrado; no entendía por qué ella le causaba molestia, tal vez era por su forma de ser. —Perfecto. Me imagino que Angélica estará frente a mi oficina, ¿no es así? Hayami abrazó de los hombros a la chica que aún estaba junto a ellos. — Así es. Te dejo que te instales en tu oficina. Cualquier cosa me avisas, pero si no lo haces, mejor. —¡Ay, cuñadito! Eres muy gracioso, ¡oh! Perdón... Gracias, "señor". Presidente". Sonrió Hayami; él solo rodó los ojos para luego salir de la oficina, donde dejó sola a Angélica y Hayami. —Señorita, muchas gracias por la oportunidad, ya verá que cumpliré con todo. —No es nada, ¿sabes? Lo importante aquí es que eres una persona dulce y pude darme cuenta únicamente con la sonrisa que me regalaste sin saber quién era; yo sé que harás un buen trabajo. —Sí, señorita, ahora la dejo sola para que se acomode en su oficina. Si necesita algo, solo me avisa. —Gracias, sí, solo acomodaré algunas cosas y empezaremos a trabajar. Angélica salió de la oficina. Hayami se sentó en aquella silla de oficina negra, prendió la computadora que se encontraba del lado izquierdo; debía checar unos correos pendientes. Al prender la computadora desde YouTube, puso una canción. A ella le gustaba mucho la música y más si era en cuestión de trabajar; así se sentía con ánimos e inspirada. Después de que puso algunas canciones, abrió su correo y comenzó a contestar algunos correos pendientes que tenía sin percatarse de que estaba del otro lado del pasillo. Noah la miraba todavía incrédulo, miraba cómo estaba escribiendo en la computadora; se notaba que estaba muy concentrada, tenía un lindo perfil. La luz de la mañana caía sobre su pelirroja cabellera; pensó que si solamente tuviera otra personalidad, quizás le llamaría la atención. Dejó de verla para revisar algunos papeles. El día había concluido; había sido un día aparentemente tranquilo. Hayami trabajó parte de la tarde, poniéndose al día con lo que era su departamento. Noah salió a comer con algunos clientes muy importantes. Hayami tomó su bolsa; al salir de la oficina, se despidió de Angélica, que también recogía sus cosas. —Hasta mañana, licenciada. —Hasta mañana, ¿no quieres que te lleve? Preguntó amablemente. —No, no se preocupe, mi novio vino por mí. —Ok, entonces nos vemos mañana. Que tengas una buena noche. —Igualmente. Hayami caminó encontrándose con Noah que salía de su oficina. —"Licenciada". Dijo burlándose, y ella también sonrió. —Aunque te cueste creerlo, lo soy; estudié la carrera de administración y dirección de empresas. Bueno, da igual. Me voy... ¿Irás a ver a mi hermana esta noche? —No, esta noche no iré. —¡Oh! Me imagino que irás a algún club. —Tal vez... Contestó él tajantemente; los dos quedaron en silencio hasta que al fin caminaron hacia el ascensor. Al subir, los dos seguían callados. El camino hacia el estacionamiento de la empresa se volvió incómodo. Al salir, Hayami caminó delante de él, pero después de algunos pasos se detuvo. Deteniendo el paso de Noah, ella giró para verlo. Su falda hizo un movimiento circular, al igual que su cabello. Su mirada se encontró con la de él. —¿Qué pasa? Preguntó él sin apartar la mirada de los ojos de ella. El suspiro de ella fue largo. —Isabel me pidió que me llevara bien contigo. Hemos empezado mal desde aquella noche, así que por ella trataré de llevarme cordialmente contigo, aunque no prometo nada. —Me parece bien, igual haré lo posible por tolerarte. Ella sonrió, haciendo pensar a Noah que con esa sonrisa cualquier hombre caería a sus pies; alejó esos pensamientos de su cabeza rápidamente. —Nos vemos mañana, "jefe". Dijo ella dándose la vuelta y continuando con su camino; se subió a su auto, se fue del lugar dejándolo solo. Él solo resopló un poco. En definitiva, ella era una mujer única; nunca había conocido a alguien con ese tipo de personalidad tan explosiva, pero misteriosa, un poco engreída, atrevida pero sin dejar de ser atrayente. "Deja de pensar esas cosas". Se dijo, caminó hacia su auto para irse directamente a su departamento para dormir. Había sido un día muy intenso. Hayami bajó del auto al llegar a su casa; al entrar, vio a su hermana que estaba subiendo las escaleras. —¿Cómo te fue? —Bien, tu noviecito, no es tan mal jefe. Isabel puso cara de confusión. —¿Cómo? No te entiendo. Hayami subió las escaleras, tomó de la mano a Isabel para continuar subiendo. —Al final lo sabrás, así que te lo diré: estoy trabajando en la empresa de Noah. —¿Cómo? ¿Por qué no me habías dicho nada? Preguntó Isabel, algo sorprendida. —No lo sabía hasta anoche y la verdad me pareció divertido no decir nada; claramente no me equivoqué. Si tú hubieras visto su cara, ¡dios! Fue divertidísimo. —¡Ay, hermanita, no hay solución contigo! —Lo sé, lo sé. Al llegar a la habitación de Hayami, ambas se detuvieron. —No te preocupes, trataré de llevarme bien con él por ti. —Gracias, es un buen chico. __ Mmmmmmm, si tú lo dices. Dudando de las palabras de su hermana. —Ah, por cierto, ¿sí cumplirás con lo que una vez prometiste? —¿Yo? ¿Qué prometí que no recuerdo? —Que cuando me casara, serías mi dama de honor. —¿Yo dije eso? Isabel puso cara de molesta. —Está bien, está bien lo que quiera mi "pequeña" hermana para su boda falsa. Presionó la mejilla de Isabel. —No tienes remedio. Dijo Isabel, rodando los ojos hacia arriba. —Lo sé, pero así me amas. Contestó Hayami mientras entraba a su habitación. —Te amo, descansa. Hayami entró por completo a su habitación e Isabel siguió hacia la suya.
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