Capitulo 36

1303 Palabras
No hay palabras que puedan transmitir lo furiosa que estoy porque Renzo cree que ya puede controlarme. No llevamos ni un par de horas casados y ya está dictando quién va a estar en mi vida y quién no. Tengo que ver cómo escoltan a mi madre fuera de la casa de Donato, y nadie hace nada por detenerlos. ¿No hay ningún respeto por mi familia? ¿O por lo que yo quiero? Sí, mi madre puede ser dura, pero cuando la conoces de verdad, ves otro lado de ella. Después de la boda, se me permite quedarme en mi casa unos días más antes de la luna de miel, tras la cual tendré que mudarme a la casa de Renzo, lo que señala el fin de la vida tal y como la conozco. La pelea que tuvimos en la boda me pesa mientras empiezo a empacar otra caja. No entiendo por qué se altera tanto. Está claro que no le importa lo que yo quiera o necesite. Solo sigue órdenes, como el hijo y hermano obediente que es. Empiezo a llenar la caja con los pequeños recuerdos que mi padre me ha comprado a lo largo de los años. Cada año me regala una figurita preciosa de Sicilia, una tradición que empezó cuando viajaba allí por negocios. Suspiro y me recuesto, tomando mi copa de vino y dando un sorbo. Siento que voy a beberme este matrimonio entero si puedo. Decido empacar unas cuantas cajas más antes de ir a ver a mi madre. Que Renzo haya dicho que no está permitido no va a detenerme. Necesito disculparme por la forma en que la trataron en la casa. No se merecía eso. Cuando termino esta caja, me doy cuenta de que mi copa está vacía, así que voy a llenarla. No debería emborracharme demasiado antes de ver a mi madre. No le gusta que disfrute beber. Cree que voy camino de convertirme en alcohólica. Mi mente vuelve a Renzo. Ojalá pudiera descifrar cuál es su juego y qué es lo que realmente quiere de mí. Ojalá simplemente admitiera que me odia para que ambos pudiéramos seguir con nuestras vidas. Me pregunto si me permitirá acostarme con otros hombres, porque desde luego no me voy a acostar con él, nunca más, ni en sus sueños más salvajes y húmedos. Por un breve instante, pienso en tener hijos con él y se me revuelve el estómago. ¿Y si la familia quiere que les dé nuevos herederos? Dios, creo que antes me mato. Aparto ese pensamiento de mi mente. Tendré que negarme si surge ese tema. Además, no creo que él tenga prisa por tener hijos. Ha estado raro desde la boda. Tengo que reunirme con él para almorzar todos los días. Eso es, lo nuestro, y a veces me habla con amabilidad y otras me ladra por hacer una simple sugerencia. Ese hombre es como un grifo roto, caliente y frío, caliente y frío… espera, ¿no es esa una canción? Sí, Katy Perry. Sonrío para mí misma. Tengo muy buena memoria. Vale, quizá esté un poco achispada. Supongo que será mejor que vaya a ver a mamá antes de que avance más. Me arreglo un poco y tomo mis llaves y el teléfono. No necesito pedir un Uber porque Renzo me ha asignado un conductor. Subo al coche. —Llévame al Sesenta y Cuatro A, Tercera Avenida— No digo por favor. Estos son los hombres de Renzo. Si quieren mi respeto, tendrán que ganárselo. El trayecto se me hace eterno y me doy cuenta de que estoy mucho más sobria de lo que pensaba y, de repente, me invade el temor. No estoy segura de cómo va a tomarse mi madre esta disculpa. Una cosa es segura: si puedo plantarle cara a Renzo todos los días, puedo plantarle cara a cualquiera. Subo hasta el apartamento de mi madre, dejando que el conductor estacione el Audi. Llamo a la puerta y se abre de inmediato. Una doncella con uniforme sonríe. —Señora Milani, qué placer verla. Su madre está en el salón acristalado— Me hace un gesto para que pase, y lo hago, dirigiéndome directamente a lo que mi madre llama el salón acristalado. No creo que los apartamentos tengan eso, pero tiene unos ventanales preciosos y entra mucha luz. —Summer, pensé que nunca volvería a verte. ¿Por qué has tardado tanto en venir a verme?— pregunta mi madre, levantándose y besándome el aire en ambas mejillas. —Lo siento, mamá, no había tenido oportunidad de escaparme— No admito la verdad: que me daba un poco de miedo desafiar a Renzo y tuve que reunir el valor. —Siento mucho la forma en que Renzo te habló en la boda. No debió hacerlo— —Es un bruto— suspira mi madre, desplomándose de forma casi dramática en su asiento. Me siento frente a ella mientras continúa. —Tenía la tensión por las nubes y tuve que darme dos masajes para liberar toda la tensión acumulada. No puedo creer que hayas tenido que casarte con ese ogro— —Lo sé— digo en voz baja—. Hablaré con él para que te permita volver— —¿Crees que quiero hacerlo? ¿Después de cómo me trató? Una disculpa formal y quizá que cubra mis gastos médicos sería un buen comienzo— Se inclina y toma mi mano entre las suyas. —Oh, cariño, no frunzas tanto el ceño. Te saldrán arrugas de preocupación. De hecho, creo que ya es demasiado tarde— Aspira el aire cuando abro la boca para protestar. —¿Has estado bebiendo? Summer, ¡ni siquiera es mediodía!— Suspiro. —Mamá, soy una mujer adulta. Puedo beber una copa de vino durante el día si quiero— —¿Es algo que tu marido dice que puedes hacer?— chasquea la lengua—. No tienen cultura ni honor. Aunque, después de tus elecciones, supongo que puede ser de los menos malos— —No todas mis decisiones son malas— digo en voz alta, y me mira con los ojos muy abiertos. —No dije que lo fueran, pero sinceramente, Summer, muchas sí lo son— Se aferra a su collar de perlas, jugueteando con él. —Me culpo a mí misma. No te enseñé a juzgar bien el carácter— —Eres el peor juez de carácter que existe— me pongo de pie—. Y no hablemos de beber, mamá. Estuviste completamente borracha durante años después de que papá se fuera. Pasaba días sin comer, sin bañarme. Y cuando estabas despierta, siempre me criticabas— —Sinceramente, Summer, tu memoria es terrible. Eso no pasó así— mi madre se altera—. Tuve algunos problemas, pero nunca te descuidé— —Eso es lo único que ha hecho esta familia. Papá viajaba constantemente y luego se fue durante años, solo para volver y arrancarme de tu lado y darme una vida fría y sin amor. Tú me criticas constantemente. Estoy demasiado gorda, demasiado delgada. Me veo cansada, me veo vieja, tengo los pechos caídos— Abre la boca, pero levanto una mano. —Basta, mamá. No necesitaba que Renzo me defendiera en la boda. Puedo defenderme sola. Si quieres seguir en mi vida, entonces necesitas elegir cambiar la forma en que me tratas, porque no voy a tolerarlo más— La adrenalina corre por mis venas cuando me doy la vuelta para irme. Me detengo en la puerta. —Y otra cosa, mamá, no deberías fruncir tanto el ceño. Tus arrugas de preocupación son mucho peores que las mías— Sintiendo una victoria amarga, salgo del apartamento y bajo las escaleras a toda prisa antes de perder el poco valor que me queda.
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