Esa fue mi única condición para la boda, y, por suerte, Summer aceptó. Estoy de pie frente al
sacerdote mientras me pide que recite mis votos. Repito las palabras que dice, ya que no me molesté
en escribir los míos. Summer tampoco.
Cuando dice que puedo besar a la novia, levanto el velo de Summer y le doy un beso rápido en la
mejilla, entre los aplausos de las familias que asisten al evento. Es una ceremonia solo para la
familia, aparte, por supuesto, de los guardias. No quiero que nadie salga herido hoy, especialmente
con tantos de los nuestros reunidos en un mismo lugar. Nos convierte en un blanco fácil para
nuestros enemigos.
Le ofrezco mi brazo a Summer. No ha sonreído ni una sola vez. Me mira con frialdad antes de
colocar formalmente su brazo sobre el mío, y la escolto por el pasillo central y fuera de la iglesia.
Una lluvia de confeti de papel cae sobre nosotros mientras salimos de la iglesia y nos dirigimos a la
limusina que nos espera al final del pequeño gentío.
Le abro la puerta a Summer y la ayudo a entrar. Su vestido es sencillo, un ajustado vestido marfil
con lentejuelas y cuentas blancas cosidas en los bordes en líneas simples que hacen que brille con
delicadeza. El velo también es simple, sujeto con una pinza básica que se desliza en su cabello
recogido. Unos mechones sueltos enmarcan su rostro y lleva solo un maquillaje ligero. La prefiero
sin maquillaje. Tiene una belleza natural que no debería ocultarse.
Conducimos de regreso a la nueva casa de Donato para la —no recepción—, lo que significa
que solo nuestras familias más cercanas cenarán juntas.
Summer no me dirige la palabra durante el trayecto, y no la fuerzo a hacerlo. Sé que siente que
acaba de firmar su sentencia de por vida, y tal vez así sea. Sin embargo, tendrá que vivir con ello
porque esta decisión es definitiva. No hay divorcio cuando te casas con la familia. La muerte es la
única salida.
Cuando llegamos, veo que algunos de los Volkov también están aquí. Frunzo el ceño, pero
Donato no los habría invitado solo por diversión. La mafia rusa está aquí por negocios, junto
con las celebraciones de mi boda. Los negocios de la familia nunca se detienen, por nadie.
Summer y yo entramos y un camarero nos recibe con una bandeja de champán. Cada uno toma una
copa y la miro.
—La gente querrá hablar con los dos. Será mejor que permanezcamos juntos— explico, tocándole
el brazo para guiarla hacia una mesa cercana.
Ella me sigue, pero no dice nada. Sigue con ese gesto agrio en el rostro, y no puedo evitar
preguntarme si sonreirá en alguna foto.
—Sumy, sonríe, niña. Es el día de tu boda— dice Alex, acercándose.
—No, papá, es el día en que me vendieron— responde ella con desprecio.
Pongo los ojos en blanco.
—No eres una esclava. Esto es por tu propia protección—
Summer no me mira y me doy cuenta de que ese es su juego. Va a ignorarme todo el tiempo que
pueda.
Alex suspira y se aleja mientras más miembros de la familia se dirigen hacia nosotros. Le toco el
brazo.
—No seas grosera. Lo digo en serio. Podrías ser grosera con la persona equivocada. Y sonríe,
maldita sea—
No dice nada, pero dibuja una pequeña sonrisa cuando mi Nonna se adelanta para saludarla,
hablando italiano tan rápido que veo que Summer tiene dificultades para seguirla. Tomo la mano de
Nonna.
—Grazie, Nonna, por favor ve a comer algo—
Una mujer alta da un paso al frente. Tiene los mismos ojos ámbar que Summer, pero se ha hecho
una decoloración horrible en el cabello y lleva las uñas tan largas que mi mente exige saber cómo
no se desgarra el culo cada vez que se limpia.
—Summer— dice con sequedad.
—Madre— responde Summer, intentando ampliar su sonrisa—. Gracias por venir hoy—
—Tenía que hacerlo. Es el día de tu boda, después de todo— dice, volviéndose hacia mí—.
Octavia Daviod. Sigo usando mi apellido de casada—
Tomo su mano con cuidado.
—Es un placer darle la bienvenida a nuestra familia, señora Daviod—
—Octavia, por favor, no soy tan mayor. Summer— vuelve a dirigirse a mi esposa—. Has
engordado muchísimo. Debo enviarte la dieta que estoy siguiendo. Hará maravillas con tus
michelines—
Veo cómo Summer empieza a sentirse insegura mientras intenta pegar los brazos a su cuerpo.
—Es que no he tenido tiempo para ir al gimnasio—
—¿Quieres parecerte a tu padre cuando seas mayor o a mí?— dice Octavia con una sonrisa
burlona—. Por el amor de Dios, Summer. Mira las arrugas que ya tienes y ni siquiera has cumplido
los treinta. Necesitas empezar a usar una crema de noche decente. Te enviaré la que uso—
—Disculpe, pero si va a quedarse aquí de pie humillándola, puede marcharse. Hoy es el día de su
boda y nadie tiene derecho a hacerla sentir como si no valiera nada— digo, perdiendo la paciencia y
provocando que varias personas miren en nuestra dirección.
—Bueno, jamás… Es mi hija y tengo sus mejores intereses en mente, a diferencia de usted, matón.
Ella necesita a alguien que sea honesto con ella, no a alguien que la consienta— Octavia me
fulmina con la mirada—. Si quiero decir que está gorda, está gorda. Si creo que es fea, es fea. Puede
permitirse esta casa, pero no una recepción adecuada o al menos un maquillaje decente para tapar
esas ojeras. Por no hablar de lo horrible que es su vestido de novia—
Doy un paso hacia ella, alzándome sobre su figura, con mi nariz a centímetros de la suya. Por muy
grosera que sea, se queda en silencio al darse cuenta de que ha cruzado una línea conmigo cuando
digo—
—Mis guardias la van a escoltar fuera ahora mismo y no volverá a ver a Summer nunca más. ¿Lo
entiende?
—Pero…— empieza a decir—. Ella es mi…
—Usted no es una madre— siseo—. No volverá a acercarse ni a un palmo de mi esposa jamás—
Chasqueo los dedos y Stuart se adelanta.
—Escóltenla fuera. No debe volver a contactar con nadie de aquí nunca más—
La sala entera queda en silencio mientras Stuart saca a Octavia de la casa. Summer se aleja furiosa y
la sigo, preocupado de que intente reconciliarse con su madre. Se detiene en el vestíbulo y se da la
vuelta bruscamente.
—No tenías ningún derecho—
—¿Así que te gusta la forma en que te trata como una mierda?— pregunto, arreglándome la
chaqueta y mirándola—. No te entrometes en mi familia y yo no me entrometo en la tuya. No tienes
derecho a dictarme nada ni a hablar por mí. Puedo cuidarme sola, Renzo Milani—
Solo usa mi nombre cuando está enfadada conmigo, y por cómo va el día, ese va a ser mi nombre
durante un tiempo.
—Eres un cabrón frío como una piedra, no piensas en nadie más que en ti mismo— dice en voz
alta—. Tú y tu familia son lo único que te importa—
La ira burbujea dentro de mí y enderezo los hombros.
—No me conoces, Summer. Crees que sí, pero no es así. Todo lo que he hecho en mi vida ha sido
para protegerte y por tu bien. Mira las decisiones que tomas. ¿De verdad crees que son buenas?
—¿Así que rompiste conmigo porque querías protegerme?— escupe—. ¿Eso era?
Aprieto la mandíbula, dándome cuenta de que he dicho demasiado.
—Cree lo que quieras creer. No me importa que me odies. Estamos casados ahora y tenemos que
hacer que esto funcione—
—Antes muerta— escupe las palabras, y puedo ver cuánto me odia en este momento.
Probablemente sea lo mejor. No puedo dejar que se acerque demasiado. No puedo permitir que sepa
por qué rompí con ella en primer lugar.
Me doy la vuelta y regreso a la sala sin decir una palabra más, dejándola allí con lágrimas de rabia
en los ojos.