Lo que más me gusta del negocio en el que estoy es la rutina. Me molesta muchísimo cuando surgen cosas inesperadas, aunque sé que forman parte del trabajo. Las cosas pasan, pero aun así entran dentro de mi rutina. Esos problemas son rutina. Sobornar a algunos policías, pagar a políticos, sacar adelante proyectos, iniciar un nuevo negocio o comprar nuevas tierras. De eso va la vida, y soy bueno en lo que hago. No puedo evitar preguntarme si alguna vez he sido una persona divertida mientras estoy sentado en mi oficina con mis guardaespaldas. Me pregunto si eso es lo que Summer busca: aventura y diversión. Si es así, las está buscando en los lugares equivocados. Mi teléfono reposa sobre el escritorio y lo miro cuando vibra, llevándolo a la oreja. —¿Qué necesitas, Donato?— digo a modo

