Siento como si una tonelada de ladrillos hubiera caído sobre mí mientras intento abrir los ojos
lentamente. Alguien me está sosteniendo la mano y, por un momento, mi mente piensa en Renzo y
en lo suaves que eran sus manos. También eran grandes y muy hábiles. Sonrío de forma estúpida y
luego gimo.
—Me duele todo— me quejo.
—Podría ser mucho peor— comenta mi padre, retirando su mano de la mía—. Summer, ¿en qué
demonios estabas pensando al salir con esos tipos?
Por fin entreabro los ojos para mirar su rostro enfadado. Sin embargo, ese enfado no llega del todo a
sus ojos. No, no sé interpretar exactamente esa mirada. Probablemente sea desprecio. Intento
incorporarme y él se mueve para ayudarme, pero lo aparto enseguida.
—Estoy bien. No necesito ayuda. Nunca he necesitado tu ayuda—
Chasquea la lengua, una manía que me irrita, sobre todo porque me doy cuenta de que yo también la
tengo. Solo quiero librarme de Alex Daviod y de todas sus formas controladoras.
—Sales con estos perdedores y luego te atacan. Te atacan, Summer. ¿Dónde está tu criterio?
¿Dónde está tu sentido común para no involucrarte con este tipo de hombres?—
Mi padre pasea de un lado a otro. Solo él podría estar furioso conmigo mientras estoy en una cama
de hospital con una lesión en la cabeza. ¡La lesión en la cabeza! Weston me había golpeado con
algo duro… mi memoria está un poco borrosa.
—¿Quién me trajo aquí? ¿Fue Weston?— pregunto—. ¿Qué pasó con él?
—¿Te importa?— escupe mi padre—. No, está en otra sala. Ya se han ocupado de él y tiene suerte
de que no haya sido yo—
Sus ojos oscuros se clavan en los míos y entiendo lo que quiere decir. Mi padre no lo habría dejado
con vida para contarlo. No siento pena por Weston. Ese imbécil se merecía lo que le pasó. Aun así,
no puedo evitar preguntarme si Renzo tuvo algo que ver.
Vuelvo a centrar mi atención en mi padre.
—¿Qué te importa con quién salga?— siseo—. ¿Desde cuándo te importa cómo me siento o a quién
veo?
Siento que las emociones me hierven por dentro, pero no consigo detenerme. El ataque y ver a
Renzo… es demasiado.
—Estoy harta de que intentes controlar cada uno de mis movimientos como si me poseyeras—
—Eres mi hija. Representas a mi familia y harías bien en comportarte como tal— alza la voz.
Normalmente me echaría atrás en este punto, pero estoy demasiado alterada y dolorida como para
que me importe una mierda, y mucho menos varias.
—Ah, ahora soy tu hija. Pero cuando desapareciste y me dejaste con mamá, entonces no era tu hija.
No era tu hija cuando ella bebía, se drogaba y se prostituía. Cuando me sacaba del colegio para
pasearme y convencer a la gente de que nos diera dinero porque yo era una niña pobre y
hambrienta, ¿no era tu hija entonces? No, no lo fui hasta que un día apareciste de la nada, me
arrancaste de su lado y decidiste mandar. Solo entonces fui tu hija—
Los ojos de mi padre se abren de ira y me ruge de vuelta:
—Tuve que irme. Hice cosas, Summer, cosas que te ponían en peligro si me quedaba. Habría vuelto
antes. Habría detenido los abusos de tu madre si lo hubiera sabido. He cometido errores, errores
como los de tu madre. Pero no me arrepiento de haberte tenido y no quiero verte cometer los
mismos malditos errores que cometí yo. Confiar siempre en las personas equivocadas—
—Ella me daba palizas casi todos los días sin motivo, pero al menos era libre de irme, libre de vivir
mi propia vida—
Ahora estoy sollozando, pero sigo enfadada y quiero que sepa cómo me siento.
—A ella no le importé una mierda, y a ti tampoco. Solo te importa tu preciosa imagen—
—Debemos mostrar un frente fuerte— grita mi padre, aunque veo a las enfermeras fuera agitándose
por el alboroto—. No debemos mostrar debilidad, o nuestros enemigos usarán esas debilidades
contra nosotros. Y tú, Summer, eres mi mayor debilidad. Haré lo que sea para protegerte. Sí, si eso
significa controlar aspectos de tu vida, que así sea. Si me odias, que así sea, pero siempre tengo tus
mejores intereses en el corazón—
—Señor Daviod, este es un lugar de curación. No puede montar un escándalo así— dice un
médico valiente desde la puerta.
Mi padre lo mira y el médico se marchita, alargando la mano para cerrar la puerta en su lugar. Mi
padre vuelve a girarse hacia mí.
—Sé que no tienes miedo, que eres atrevida, un poco como yo, e impulsiva. Pero no te conviertas
en una adicta como tu madre, especialmente a la clase de hombres que te tratan como una mierda—
—¿Cómo tú?— digo, secándome los ojos con la sábana—. Tus decisiones frías y calculadoras sobre
quién y qué puedo ver o hacer. Estoy cansada de esto, papá. Cansada de que me gobiernes como si
no tuviera pensamientos propios—
—Sumy— mi apodo, nunca usa mi apodo—, tienes un espíritu tan fuerte que las canas de mi cabello
vienen solo de intentar que sigas algún tipo de camino, y ya no digamos el que yo quiero que tomes.
Me alegra que creas que me escuchas—
—Sí te escucho. Te he escuchado toda mi vida. Todo lo que siempre quise fue tu aprobación, tu
amor, y lo único que recibí a cambio fue la frialdad que le das a todo el mundo—
Aparto la mirada y cruzo los brazos. Ahora me duele la cabeza y quiero que la conversación termine
para poder pedir más analgésicos y volver a dormir.
Hay una breve pausa antes de que mi padre avance hacia mí.
—Sumy, ¿sabes lo aterrorizado que estaba? Cuando el hospital me llamó diciendo que te habían
atacado. Me sentí fatal. Pensé que todo mi mundo se derrumbaba. No sabía si ibas a estar bien, si
tendrías daños permanentes en el cerebro o si necesitarías cuidados. Pero sí sabía que te daría todo
lo que necesitaras—
Por fin lo miro y noto lo desaliñado que está. Su ropa no está perfectamente planchada como de
costumbre y tiene ojeras. Incluso las canas de su cabello parecen más marcadas. Me ablando un
poco.
Tal vez esté diciendo la verdad, que todos estos años intentando controlarme eran porque le
importaba y quería lo mejor para mí. Nunca lo vi así porque desapareció durante una etapa
realmente horrible de mi vida y, al minuto siguiente, reapareció lanzando dinero a cualquier
problema que se me cruzara. No pensé que de verdad le importara lo que hacía o en quién me estaba
convirtiendo.
Extiendo la mano y él la toma entre las suyas.
—Siento haberte hecho preocupar, papá. No quise que pasara. Al tipo que me atacó, Weston, no
volveré a verlo. Me atacó porque rompí con él. Después de todo, no es lo bastante bueno para mí—
Nadie lo es, pienso, y estoy segura de que mi padre siente exactamente lo mismo. Besa el dorso de
mi mano y me dedica una sonrisa poco habitual.
—Todo irá bien, Sumy. Solo tienes que juzgar mejor el carácter de la gente—
Puede que esté ingresada en el hospital, pero al menos creo que confío un poco más en mi padre.