Mi Ex-Novio

1308 Palabras
Este día no podía empeorar más, ¿verdad? Me echo el cabello castaño y rizado por encima del hombro y suspiro suavemente mientras espero en la barra de La Quinta Club. ¿Qué otra cosa se puede hacer después de otra ruptura horrible sino ahogar las penas? —¿Qué va a pedir? — pregunta el fornido camarero al acercarse. —Vodka con limonada— pido—. Hazlo doble. Lo observo preparar la bebida, sabiendo que mi padre se enfadaría si supiera que he salido a beber otra vez. Aunque, pensándolo bien, ya se había enfadado porque estuviera con Weston desde el principio. Me muevo al ritmo de la música, golpeando la madera de la barra con mis uñas largas mientras espero mi copa. No recuerdo por qué hacía tanto que no venía a La Quinta Club, pero algo me ronda la cabeza. Hay algo en este lugar que no me termina de gustar, pero estaba cerca después de mi repentina y catastrófica ruptura con Weston, y solo quería relajarme y disfrutar. Unos cuantos tipos babosos me miran; lo noto con solo recorrer la sala con la vista, pero esta noche no tengo humor para un clavo que saque otro clavo. Todo el mundo ya cuestiona mis elecciones cuando se trata de hombres. No necesito añadir nada más a mi reputación tan pronto después de una ruptura. Le dejo propina al camarero y tomo mi bebida, yendo directa a la pista de baile para desmelenarme. Antes le envié un mensaje a mi mejor amiga, June, para que se uniera a mí, pero no ha respondido. Reviso el teléfono otra vez y le mando otro mensaje. Luego guardo el celular y bailo, sujetando mi copa mientras la multitud se mueve a mi alrededor, a veces chocando conmigo. Es noche de rock, así que ponen una colección bastante interesante de música. Algo de metal, algo de punk, pero me da igual mientras pueda bailarlo. De hecho, encaja con la rabia que siento por dentro, así que salto y me muevo con el grupo, uniéndome a su frenesí hasta que se me acaba la bebida y me canso. Tal vez un trago fuerte me venga bien, algo que me dé energía. Vuelvo hacia la barra, abriéndome paso entre grupos de gente que se gritan unos a otros por encima de la música. Nunca le vi el sentido a intentar hablar en una discoteca. La idea es bailar y divertirse. Sal fuera a fumar si quieres hablar, o ve a cenar a algún sitio donde puedas mantener una conversación tranquila sin destrozarte la voz intentando que te oigan. Un hombre me bloquea el paso hacia la barra y espero un momento antes de empezar a irritarme. Nunca he sido una persona paciente. Para empezar, a mi padre le encantaba recordármelo, pero tampoco soy una niña asustadiza. Le doy un toque en el hombro y digo: —Perdona, ¿puedes moverte? Se gira y me mira, y me quedo congelada. Reconocería esos ojos grises azulados de los Milani en cualquier parte. Enzo Milani, o Renzo, como todo el mundo lo llama, me mira fijamente a los ojos y luego me recorre de arriba abajo, provocándome un escalofrío. —Hola, Renzo— digo, intentando ser educada—. Te ves bien. Lo digo en serio. Se ve bien. Joder, ¿por qué estoy siendo amable con él? El muy imbécil fue el que más me rompió el corazón de todos mis ex. Espero su respuesta, pero se aparta de mi lado y se dirige a la oficina. Entonces caigo en la cuenta. La razón por la que no venía a La Quinta Club es que la familia mafiosa Milani es la dueña del lugar, y Renzo se encarga del negocio. Considero irme. El dolor de que me ignore como si no fuera nada quema hondo, pero también hay una parte desafiante en mí que quiere que me vea pasándolo bien. Demostrarle que he pasado página y que estoy en algo más grande, más brillante y más divertido. Voy a la barra con los hombros erguidos, lista para enfrentarme a lo que este día de mierda decida lanzarme después. —¿Otro? — pregunta el camarero al reconocerme. —Uno que este bien cargado— añado. —Enseguida— grita por encima de la música mientras toma lo que necesita. Lo observo. Tal vez debería buscarme un tipo de venganza. Concretamente delante de Renzo, para recordarle lo que se está perdiendo. Quiero decir, su oficina está justo ahí. Podría esperar a que salga y tocarme con alguien. Eso lo sacaría de quicio. ¡ARGH! ¿Por qué me importa tanto que me haya ignorado? Esto no debería ser un problema. Saco el teléfono y veo seis mensajes de Weston. Ah, Weston, no voy a responderte, cariño; estás cincuenta tonos de jodido y ya he terminado de lidiar con tu marca de locura. Le escribo otra vez a June para preguntarle si va a salir o no. Probablemente esté dormida. La muy perra se está cansando con la edad que tenemos. Me río sola con la broma. Adoro a mi mejor amiga. Ha estado trabajando mucho, eso sí, así que tengo que arreglármelas con lo que hay. Me apoyo de espaldas en la barra y miro alrededor. Un montón de tipos con traje, imbéciles pretenciosos que quieren parecer importantes cuando en realidad no lo son. Los trajes son baratos, y cualquiera con dinero de verdad lo nota a kilómetros. Uno me mira directamente, pero está tan lejos de ser mi tipo que casi me dan arcadas. Da un paso hacia mí, así que pongo los ojos en blanco y niego con la cabeza, volviéndome hacia la barra. Más le vale quedarse en su carril si sabe lo que le conviene. —Aquí tienes— dice el camarero, colocando mis bebidas delante de mí. Me bebo el chupito de un trago y me relamo, sonriendo—. Gracias. Volveré pronto por otro. Agarro mi copa y me doy la vuelta para regresar a la pista de baile, pero el baboso está ahí. —Hola, no he podido evitar notar que me estabas mirando. —No fue por elección. Tienes algo asqueroso en la cara— respondo. Sus ojos se abren como platos y se aleja rápidamente, rumbo al baño. Sonrío y paso junto a la oficina de Renzo, pero me detengo en seco cuando un brazo me agarra y me hace girar, haciendo que derrame la bebida. Weston. —¿Qué carajo quieres? — exijo saber, fulminándolo con la mirada mientras sacudo la mano para secarla. —No me contestabas, así que rastreé tu teléfono— gruñe—. No hemos terminado de hablar. —Sí, hemos terminado— grito—. No me posees, joder, Weston. Se acabó. Nosotros se acabó. Acéptalo y sigue adelante. Me doy la vuelta para irme, pero vuelve a agarrarme. Esta vez, cuando me hace girar, le lanzo la bebida a la cara. Algunas personas a nuestro alrededor jadean y miran horrorizadas mientras el rostro de Weston se vuelve de un rojo intenso. —No sabes con quién te metes cuando te metes conmigo— grita Weston. —Y follas fatal. No me corrí ni una sola vez— me burlo, intentando zafarme de su agarre—. Así que llévate tu polla flácida a otra parte. El golpe llega de la nada. De pronto estoy desorientada y mareada, luchando por mantener el equilibrio. Oigo gritos a mi alrededor y gente chillando algo sobre una pistola. Levanto un poco la cabeza para mirar a Weston y lo veo sosteniendo un arma. Me toco el costado de la cabeza y retiro la mano al ver sangre. ¿Me disparó? ¿O solo me golpeó? Alguien aparta a Weston de encima de mí, pero sin él sujetándome, me desplomo en la oscuridad.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR