Miranda se despertó debido al sonido de la puerta siendo golpeada incesantemente. Su perro comenzó a ladrar ante esto, corriendo hasta su habitación para hacérselo saber. Ella abrió sus ojos algo somnolienta, mientras veía los rayos del sol destellar en su ventana.
Vistiendo su bata y sus pequeñas pantuflas bajó, algo adormecida aún, para poder abrir la puerta.
Allí se encontraba Robin, con una rosa y una bolsa en su mano. Ella parecía encontrarse sorprendida ante su presencia, aunque lo cierto es que había estado visitándola la última semana.
_¡Robin! ¿Qué haces aquí? ¿No se supone que tienes que ir a trabajar?
Dicho esto, ella se hizo a un lado para que el pudiese entrar a la casa. Aprovechando esto, él ingresó enérgicamente al lugar mientras depositaba en la mejilla de la joven un pequeño y dulce beso. Luego, le entregó la rosa en su mano. Este gesto la tomó por sorpresa, provocando que su rostro se ruborizara levemente.
_Sí, lo sé. Estoy camino al hospital, pero decidí pasar por aquí a dejarte el desayuno. ¿has descansado bien?
Miranda no pretendía pecar de mal agradecida, pero aún no lograba acostumbrarse a toda la atención que recibía por parte de su mejor amigo. Sentía que era demasiado pronto aún para poder otorgarse ese privilegio, pues aún le dolían las noches en ausencia de su difunto marido. Ahora que había tenido el poder de no trabajar por dos semanas, tenía mucho tiempo para pensar las cosas a solas. Lo cual, no siempre resultaba bien.
_Sí, he descansado bien. Gracias por el desayuno.-Mencionó ella, bajando su mirada algo vergonzosa.-No hacía falta que hicieras todo esto realmente, Robin.
_Tranquila, lo hago porque quiero hacerlo.-Respondió él, mirándola a los ojos con una brillante sonrisa blanquecina.-Sólo quiero que puedas estar bien.
Ella sonrió levemente ante sus palabras. Por más que estuviese o no de acuerdo con sus actos, apreciaba mucho la consideración y el tiempo que Robin apartaba para poder intentar hacerla sentir mejor durante esta etapa. La hacía sentirse menos solitaria de lo que pensaba.
_Te agradezco mucho, Robin. No sé que haría si no estuvieras aquí para mi.
Él chasqueó su lengua mientras hacía un ademán de poca importancia con su mano.
_No tienes nada que agradecer. Para eso están los mejores amigos, ¿no?--Ella asintió y él depositó un pequeño beso sobre su frente.- Si no te molesta, ahora sí me voy antes de que llegue tarde. Te dejo para que puedas desayunar tranquila. Cualquier cosa que necesites, me llamas. ¿De acuerdo?
_Sí, no te preocupes. Estaré bien.
Él asintió y se despidió de ella, corriendo a su auto para volver a su camino al trabajo. Miranda lo vio retirarse con una sonrisa. Una vez que el auto parecía haber desaparecido por el horizonte volvió a meterse a su casa, cerrando la puerta detrás de ella. Abrió la bolsa de cartón que había traído su amigo, notando que traía unas cuántas frutas, yogur y granola. Todo esto, acompañado de una pequeña nota que dictaba “¡Que tengas un buen día!” en manuscrito.
Comenzó a sacar poco a poco las frutas frescas de la bolsa, cortándolas en trozos pequeños y comiéndolas junto al yogurt. En silencio, junto a su mascota a su lado, a la cuál de vez en tanto, le daba un pequeño trozo de manzana que comía con ansías durante su compañía. Una vez había terminado de desayunar, lavó los trastes y se dirigió escaleras arriba para poder ducharse y cepillar sus dientes.
Mientras estaba bajo la lluvia cálida de su baño, le pareció escuchar un sonido proveniente del piso de abajo. No obstante, al notar que su perro no había emitido ningún alerta, terminó asumiendo que sólo había sido su mente. Sin embargo, cuando se retiró de la ducha y comenzó a cepillar sus dientes, lo volvió a escuchar. Golpeaban a su puerta.
Miranda frunció su ceño, asumiendo que sería Robin y que seguramente su vuelta se debía a que se había olvidado algo en su casa. Pues, lo que tenía de bueno su amigo, también lo tenía de despistado.
Vistiéndose con su pijama y su bata rápidamente, bajó las escaleras al ver que los golpes en la puerta no sólo no cesaban, sino que aumentaban su frecuencia a medida que más se tardaba en responder.
Inconscientemente, abrió la puerta con una sonrisa divertida pensando que encontraría a su amigo malhumorado por llegar tarde al trabajo debido a su torpeza. Pero terminó por encontrarse con algo mucho más diferente que aquello, lo cual borró la sonrisa de su rostro casi instantáneamente.
Un silencio gutural reinó en el momento. Nadie emitía siquiera un sonido, y ella parecía encontrarse petrificada al ver sus rostros nuevamente.
_¿Qué es lo que hacen aquí?
Preguntó ella con su voz temblorosa, mientras su brazo amenazaba con cerrar la puerta rápidamente.
Morgan intentó parecer amigable dejando ver una sonrisa-bastante forzada- en su rostro, mientras detrás suya se encontraba su malherido amigo.
_¡Buenos días! ¿Cómo has estado?-De su parte sólo recibían silencio, mientras la morena los observaba sin tener idea qué hacían esos dos frente a su casa.- Sé que seguramente te estarás preguntando qué es lo que hacemos aquí...
Antes de que pudiera seguir hablando, ella intentó cerrar la puerta con rapidez, aunque fue interceptada por el joven quien lo impidió rápidamente. Debido a la diferencia de fuerza física, el logró hacerla dar un paso atrás y aprovechó esto para entrar junto a Sam a la casa de la joven. Miranda, al ver que habían irrumpido en su hogar, corrió hacia la cocina, apuntándolos con un sarten mientras se alejaba frenéticamente.
Morgan, al ver en terror en sus ojos, levantó ambas manos en señal de redención.
_¡Tranquila! ¡No hemos venido a hacerte daño!
_¿Qué es lo que quieren aquí? ¿Cómo saben donde vivo?
_Seguimos al muchacho que también trabaja en el hospital y que parece acosarte. -Señaló Morgan, refiriéndose claramente a Robin.-Buscamos por ti en el hospital, pero nos dijeron que te encontrabas de licencia.
_Aún no han respondido todas mis preguntas.
Respondió ella, manteniendo la distancia.
Casi queriendo que los hechos hablen por si mismos, Morgan se hizo a un lado dejando ver el estado de su amigo, que tenía sus labios pálidos y apenas parecía poder ponerse en pie. Miranda soltó el sartén que sostenía entre sus manos, horrorizada ante la imagen que contemplaban sus ojos.
Morgan intentó calmarla, aún levantando sus manos para que ella supiera que no intentaría hacerle daño alguno.
_No estamos aquí para lastimarte, lo prometo.-Mencionó él mientras Miranda parecía no poder quitar la vista horrorizada de la herida.-Sólo necesitamos que ayudes a mi mejor amigo.
Luego de escuchar sus palabras, ella levantó su vista hacia Morgan. Parecía encontrarse completamente inexpresiva, mientras él intentaba darle una sonrisa convincente que pudiese ayudar con sus planes. Aunque lejos de eso, terminó recibiendo de lleno una bofetada de la joven.
_Les dije mil veces lo que le pasaría si algo le ocurría a esa herida.
_¡No teníamos opción! La policía nos hubiese atrapado.-Mencionó Sam, con sus últimas fuerzas.
_Olvídenlo, no ayudaré a un par de criminales.
_Te lo imploro, mujer. Eres nuestra única oportunidad. Sólo salva la vida de mi amigo y no volveremos a molestarte. ¿No se supone que es lo que hacen los médicos? ¿Salvar vidas?-Comenzó a vociferar con desesperación.
Ella volvió su mirada a Sam, al cuál le comenzaba a costar respirar correctamente.
_Sólo necesito que sutures mi herida. Luego si quieres déjame morir bajo mi propio riesgo.
A pesar de estar molesta y asustada por la presencia de aquellos dos en su casa, no podía dejar que la vida de ese muchacho simplemente se esfumara porque si. Sentía que le quitaba todo el sentido a la muerte de Ben, que ya suficiente le había dolido. Sabía que necesitaba que ese corazón siguiera latiendo para poder mantener su consciencia tranquila.
Aún sin soltar respuesta alguna, dirigió su vista nuevamente hacia Morgan, quien observaba expectante el veredicto de la joven. Al notar su mirada sobre él, levantó sus hombros con inocencia, mientras unía sus manos en súplica.
_Prometo no volver a apuntar un arma en tu cabeza.
Ella suspiró, resignada. Rápidamente caminó hacia el joven, arrancando bruscamente los botones de su camisa para poder tener visión completa de su tórax. Al ver la herida expuesta abrió sus ojos consternada, mientras levantaba su vista hacia el muchacho.
_¿Qué te ocurrió en la herida? Parece como si hubieses intentado hacer acobracias con los puntos de sutura.
Ambos amigos se miraron entre sí en silencio. Finalmente, fue Morgan quien respondió.
_Es una larga historia, quizás en otro momento lo expliquemos.-Observando que la joven médica veía la herida aterrada, preguntó por lo bajo.- ¿Entonces hay algo que se pueda hacer?
_Sí.-Respondió ella, dando un paso atrás.-Pero necesito que consigas vendas, solución salina y antibióticos. Yo iré por mi equipo de sutura y unos guantes.
Ambos muchachos se miraron sorprendidos, como si las órdenes de su parte habían sido soltadas demasiado rápido para reaccionar. En un intento por hacerlo, Morgan salió de su confuso trance y tomó las llaves del auto, dirigiéndose a la puerta.
_De acuerdo, yo me encargaré de todo. Enseguida vuelvo.
_Ten cuidado.
Advirtió el joven herido, recostándose con dificultad en el sofá mientras esperaba a la morena la cuál había subido escaleras arriba en busca de todo lo necesario.
Un par de minutos después bajó las escaleras con una caja en su mano, la cual dejó en la pequeña mesa ratona frente al sofá. De allí sacó una botella de alcohol etílico, la cual esparció por sus manos rápidamente y luego tambien una aguja e hilo. Poniéndose los guantes de látex, esparció el líquido desinfectante sobre la herida del joven, mientras secaba el exceso con un algodón. El contacto del alcohol con su herida abierta provocó que se retorciera del dolor, apretando sus dientes con fuerza. Ella levantó su vista al verle, con una pequeña mueca de disculpas.
_Me encantaría decirte que esto no será nada, pero te va a doler mucho.
Advirtió ella, mientras comenzaba a enebrar el hilo para la sutura. Él asintió en silencio, mientras su mandíbula aún se encontraba algo tensa. En cuanto intentó acercarse a su pecho, se dio cuenta de que el ángulo en el cual se encontraba era pésimo para poder comenzar a coser la herida. Necesitaba su vista con la herida completamente al frente, y parecía ser algo difícil de conseguir en esos momentos. Por lo que, en un intento desesperado, terminó por subirse a horcajadas del criminal desconocido.
Como por arte de magia, Sam abrió sus ojos con sorpresa al verla sentada sobre él.
_Necesito tener un buen rango de movimiento para la sutura.
Respondió ella ante la pregunta que si bien su boca no soltó, su rostro la demostraba perfectamente. Él asintió con dificultad ante sus palabras.
_No mencioné haberme quejado.
Ella se detuvo un segundo para mirar las expresiones en su rostro que a pesar de estar pasando seguramente por un inmenso dolor, aún le quedaba energía para hacer un comentario de doble tono. Miranda sintió como a través de sus mejillas subía un calor intenso que seguramente la dejó ruborizada. Deciciendo ignorar esto, se preparó para atravesar el tejido del joven con su aguja quirúrgica.
_De acuerdo. Comenzaré a la cuenta de tres.
Sam asintió y ella comenzó con el proceso, sintiendo como el cuerpo debajo suyo se tensionaba cuando la aguja atravesaba ciertas partes de la herida. Llegado cierto momento, tuvo que quitar cuidadosamente los restos de la anterior sutura, tirando de estos hilos que se habían pegado con restos de sangre seca en la piel. Cuando ella realizó este movimiento, inesperadamente sintió una mano apretar su muslo, lo cual provocó un sobresalto en ella.
_¡Oh!
Soltó su boca al sentir el contacto físico. No obstante, entendió que era un acto reflejo del propio dolor que parecía sentir al retirar los hilos viejos. Por lo que decidió que reprocharía aquel accionar en otro momento.
Casi terminando con su trabajo, se dio cuenta de que a pesar que el cuerpo del joven ya se encontraba mucho menos tenso, su mano siguió depositada sobre su pierna hasta que terminó.
Para su infortunio,Morgan entró a la casa observando rápidamente toda la escena mientras levantaba una de sus cejas con sospecha.
_¿Sabes? Si querías estar a solas con él era sólo cuestión de decirlo.
Bromeó al respecto, ganándose una mirada de odio por parte de la morena. Una vez que finalizó el procedimiento, limpió otra vez la herida para luego utilizar las vendas que Morgan había conseguido, con el fin de proteger la herida de factores externos que pudiesen dañar la cicatrización.
Cuando cubrió por completo con las vendas, le dio al joven los antibióticos para ingerir. Luego de ello, decidieron dejarlo descansar sobre el sofá, ya que parecía encontrarse agotado, y tenía sus razones completamente cubiertas; pues ambos jóvenes habían tenido una mañana bastante agitada.
Mientras Miranda se dignaba a proseguir con su desayuno, fue acompañada por el joven que apenas hace unos días se había encargado de apuntarle una pistola cargada en la frente.
_¿Se te ofrece un café?
El joven levantó sus hombros sin darle mucha importancia.
_Bueno, aceptaré uno.
De todos los escenarios posibles en los que Miranda se imaginaba comenzando su mañana, definitivamente no tenía en cuenta el presente. Por lo que allí se encontraba, con dos criminales en su hogar. Uno descansando en un sofá mientras el otro desayunaba junto a ella.