La luz de la fresca mañana otoñal comenzaba a iluminar las oscuras calles en las afueras de la ciudad. Poco a poco, a través de la pequeña ventana que daba hacia la calle, el departamento de los muchachos comenzó a iluminarse de una amarillenta y brillante luz solar.
Morgan entró a la habitación, abriendo de par en par las persianas frente a la cara de su aún dormido compañero, provocando que los rayos de sol chocaran de frente contra su cara. Este, al sentir toda la luz en su rostro arrugó sus cejas mientras se giraba hacia el otro lado, cubriendo su rostro debajo de las mantas.
_Es hora de que despiertes bella durmiente, tenemos cosas que hacer hoy.
Dicho esto, dejó una bandeja de desayuno en la pequeña mesa al lado de su cama.
_Es demasiado temprano todavía.
Se quejó el joven herido, sin ánimos de despertarse. Su compañero se sentó a su lado en la cama, mientras soltaba un suspiro con poca paciencia.
_Si no levantas el trasero de esa cama Sam, me veré obligado a arrancarte los puntos de tu pecho sólo por diversión.
Si bien era consciente de que su amigo sólo estaba bromeando, prefería no hacerle perder la paciencia, debido a que era un hombre de pocos estribos.
Suspirando, intentó acomodarse en la cama con dificultad mientras su amigo le ayudaba a poder sentarse correctamente, rodeándolo de almohadas para su mayor comodidad.
Una vez hecho esto, dejó la bandeja con comida sobre sus piernas para luego señalar el plato con su dedo índice.
_Come. Y hazlo rápido, porque luego debemos irnos.
Sam metió un gran trozo de comida a su boca mientras levantaba sus cejas al escuchar a su compañero.
_¿Irnos? ¿A dónde?.-Preguntó, aún con la boca llena.
El joven herido seguía con su mirada a su amigo, el cuál se encontraba buscando algo en el vestidor para ponerse.
_El jefe se enteró que estás vivo. Ha dicho que quiere verte.-Respondió quitándose la camiseta.
Sam aclaró su garganta antes de hablar, mientras su compañero seguía vistiéndose.
_Supongo que has mencionado el pequeño detalle de que tengo el pecho abierto en dos, ¿cierto?
_Sí, le mencioné que apenas hemos huido con suficiente suerte del hospital, pero no tiene caso. Dice que prefiere hablarte en persona.
Tres días habían pasado desde que escaparon del hospital. Por ahora Sam parecía encontrarse estable, aunque claramente no tenía todos los cuidados y comodidades que podría tener en una habitación hospitalaria. Sin embargo, por el momento aún no habían tenido problemas graves con respecto a su recuperación, por lo que creían ir en buen camino.
No obstante, esto había sido gracias al meticuloso cuidado y reposo que habían decidido tener durante su recuperación, en la que su compañero Morgan se había encargado de casi todos los quehaceres que solían compartir en su convivencia diaria.
Sam no parecía muy convencido de ir a visitar a su jefe en ese estado, pues a pesar de encontrarse estable, le parecía una idea un tanto irresponsable de su parte. Pero también sabía que cuando algo se le metía en la cabeza a ese tipo de personas peligrosas, era mejor no contradecirlos. Morgan notó el desgano de su amigo ante la idea, por lo que chasqueó su lengua mientras intentaba convencerle.
_Sé lo que piensas, pero tranquilo. Seguro solo será una pequeña reunión. Luego volveremos aquí y podrás descansar tranquilo.
_No lo sé. No quiero arruinar mi recuperación o volverla un proceso más largo de lo que ya es. Ya suficiente tortura es saber que no puedo moverme sin sentirme completamente sumergido en dolor.
Comentó el herido, aún sin encontrarse del todo convencido.
_¿Y entonces qué? ¿Le digo al jefe que no quieres verle por ahora? ¿Qué será mejor que vuelva otro día cuando te encuentres mejor?
Sam levantó su vista hacia su compañero. Si bien Morgan había hecho un ejemplo un tanto exagerado e irónico, tenía razón. ¿Qué excusa era lo suficientemente buena para no asistir?
Suspirando con resignación, Sam terminó por aceptar. Bajo la condición de que sólo sería una pequeña reunión para ponerse al corriente, y con la ayuda de su compañero para vestirse y poder dirigirse al coche.
Luego de un buen rato conduciendo por la ciudad, llegaron al conocido casino que aquella banda criminal para la que trabajaban dirigía. Las habitaciones sin ventanas junto a los sonidos y luces brillantes por todos lados ayudaban a la perfección a confundir y perder la noción del tiempo dentro de aquel lugar. Sin detenerse demasiado para evitar problemas, ambos caminaron a través del lugar hasta llegar al fondo de éste, donde se encontraba la barra de cócteles. Allí, saludaron al muchacho como de costumbre, pues debido a que no era la primera vez que hacían su aparición en ese lugar, ya los tenían reconocidos casi todos los trabajadores de aquel lugar.
_¿Qué hay de nuevo, muchacho?-Saludó Morgan, palmeando la espalda del joven que les dejó pasar al fondo del depósito.
Cuando llegó el turno de Sam para pasar, el joven palmeó su hombro, produciendo un cimbronazo que sacudió un dolor eléctrico en su pecho. El herido se tensionó mientras en sus ojos cerrados con fuerza se dibujaba el dolor que había sentido. El joven de la barra lo miró algo confundido mientras Morgan salía a su rescate.
_Oh, el muchacho está herido. Por ahora será mejor que no lo toquemos demasiado. ¿De acuerdo?
El muchacho encargado de la barra pareció arrepentirse al instante de aquello. Asintió en silencio mientras les daba paso hacia detrás de la barra, aunque Sam negó con su cabeza restándole importancia a la situación.
Luego del pequeño suceso, ambos pasaron finalmente por un largo pasillo hasta la habitación del depósito. Allí solían realizarse todas las reuniones y negocios de la banda. Cuando abrieron la puerta, se encontraron con una mesa redonda rodeada de hombres con traje jugando una partida de póker. El humo de los habanos en sus manos apenas dejaba oxígeno para respirar correctamente, aunque no parecía ser un problema para ellos.
Todos giraron sus cabezas al verles, mientras su jefe sonreía casi de manera macabra dejando ver las incrustaciones de plata y oro que tenía en su dentadura.
_Adelante, muchachos. Tomen asiento.
Algo tímidos, se sentaron al lado de su jefe. Un cincuentón de sangre fría que le encantaban los negocios que tuviesen que ver con lavar dinero. Su nombre era Ajax, o al menos, eso les dejó saber a los muchachos. Como sea, ellos sabían que sólo bajo las manos de él se encontraba manejada la mitad de la ciudad, por lo que en el poco tiempo que llevaban trabajando con su banda, eran conscientes de que no podían defraudarlo o pagarían con su vida, pues alguien con semejante poder en sus manos no le temblaría el pulso para eliminar a dos jóvenes que les causaran problemas con sus negocios.
_Me alegra ver que estás vivo, muchacho. Pensé que la próxima vez que te vería sería a través de un cajón funerario.
Sam asintió con su cabeza, intentando soltar una pequeña sonrisa a pesar de su incomodidad allí.
_A mi también me alegra seguir vivo.
_Bueno, a pesar de que la misión que les encomendé no salió como esperabas, el objetivo terminó siendo eliminado de igual manera.
Tanto Sam como Morgan levantaron sus cejas sorprendidos ante las palabras de su jefe.
_¿Qué? ¿Entonces el tipo está muerto?
Preguntó Morgan, aún sin poder creerlo. Su jefe asintió lentamente con una sonrisa satisfactoria. La misión en cuestión , se trataba de eliminar a un sujeto en específico, no porque tuviese que ver directamente con los negocios de ellos, pero sí porque era una encomienda especial de un amigo muy cercano al jefe. La idea era que Sam le disparara una bala en la cabeza durante el embotellamiento de la carretera, con el fin de poder huir y no levantar sospechas al respecto. No obstante, sin dudas el plan había salido muy diferente a lo planeado.
-Así es. Debido al accidente de tránsito, el malnacido no sobrevivió al impacto de los coches que dieron contra el suyo.-Comentó su jefe, riendo cínicamente mientras le daba una larga pitada al habano en su mano. Luego de esto, sacó de su bolsillo dos grandes fajos de billetes.-Por lo tanto, esto es de ustedes. Negocios son negocios, al fin y al cabo.
Ambos jóvenes se miraron el uno al otro sorprendidos, mientras tomaban entre sus manos los billetes.
_Oh wow, ¿Esto es todo nuestro?
El hombre asintió, sonriendo divertido al ver como los ojos de ambos se iluminaban ante el dinero frente a ellos.
_Todo suyo. Sólo manténganse haciendo las cosas bien. Próximamente tengo una nueva encomienda.
Su mirada fría se clavó en los dos jóvenes, provocándoles un escalofrío.
_Sólo indíquenos las órdenes y haremos lo que mejor sabemos hacer, jefe.
_¿Seguro que no tendrán complicaciones? No podemos darnos el lujo de que nos descubran otra vez.
Dicho esto, sus ojos se dirigieron a Sam, quien no había emitido palabra alguna durante toda la conversación. Llevaba una mano sosteniendo su pecho para poder sosegar el dolor latente en cada movimiento sutil que realizaba. Dándose cuenta de que la indirecta iba sostenida hacia él, aclaró su garganta para hablar.
_No habrá complicaciones que puedan intervenir con nuestro trabajo, señor.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de aquel hombre de traje al escucharle.
_Me alegra escuchar eso, muchacho.
Ambos jóvenes guardaron el dinero que les correspondía mientras los hombres de traje proseguían con su partida de póker. Sin embargo, fueron interrumpidos rápidamente por uno de sus guardias que entró bruscamente en la habitación, captando la atención de todos.
_Señor.-Comentó el hombre, con una mirada de preocupación. Detrás de él, se comenzaron a escuchar estruendos similares a tiros de bala, los cuáles desconcertaron a todos los presentes.-Tenemos un problema.
A lo lejos, comenzó a escucharse un escándalo lleno de gritos y golpes. Tanto Sam como Morgan intercambiaron miradas de preocupación, mientras todos comenzaban a ponerse de pie.
_¿Qué está pasando?
Preguntó Ajax, mientras sacaba una de sus pistolas para cargarla.
_Lo están buscando, señor.
Comentó el guardia preocupado, antes de que una balacera entrara por el pasillo y diera en toda su espalda, dejando su cuerpo sin vida en el marco de la puerta. Rápidamente una lluvia de balas se hizo presente en la habitación, gracias a la entrada de un desconocido con una metralla cargada. Para su suerte, los hombres presentes habían podido actuar con rapidez, aunque habían tenido que tirar la mesa de juego, con el fin de usarla de escudo en tanto disparaban de regreso.
Entre todo el revuelo, una de las balas provocó que ambos muchachos se lanzaran al suelo bruscamente, intentando evitar que impacte contra ellos. Protegiéndose detrás de un mueble, ambos comenzaron a sacar sus armas y prepararse para defender su vida. Sin embargo, Morgan notó rápidamente el pecho de su compañero tiñéndose de rojo carmesí, lo cual causó en él una inmediata preocupación. Sabía que aquello no era señal de buenas noticias.
_Sam, ¡tu pecho!.-Señaló este a su compañero, consternado.
El nombrado bajó su mirada rápidamente, pasando su mano por la banca camisa de seda, la cual ahora se encontraba manchada con un gran círculo de donde notó que esta emanaba sangre fresca. No obstante, para su propia sorpresa ese era el único momento en el que no sentía dolor alguno, aunque atribuía esto a la inyección de adrenalina que seguramente estaba teniendo debido al ataque sorpresa que le intentaban dar a su jefe.
Antes de que pudiera responder, una bala pegó a unos centímetros de ambos, provocándoles un sobresalto.
_Maldita sea.-Mencionó Sam mientras le quitaba el seguro a su pistola para apuntar.-Seguro debe haberse desprendido algún punto de la sutura.
Ambos coordinaron para comenzar a disparar a los distintos desconocidos que habían entrado al ataque. Mientras uno recargaba su pistola, el otro se encargaba de cubrirle disparando a quemarropa a quien hiciera falta para mantenerse seguros mutuamente.
_¿Estás seguro de que estarás bien?
Preguntó Morgan, mientras cargaba otro cartucho en su pistola.
_Eso espero.-respondió su compañero, escondiéndose nuevamente detrás del mueble mientras respiraba con frustración.-Lo sabía. Sabía que venir era definitivamente una mala idea.
Para su suerte, habían podido lograr entre todos neutralizar el ataque, aunque si habían existido unos cuántos heridos-y difuntos, sobre todo- en el camino a ello. Uno de ellos era Ajax, que había sido disparado en el brazo derecho. Cubriendo con su mano libre la sangre que emanaba de su herida, se acercó con dificultad hacia los jóvenes.
_Rápido, lárguense de aquí antes de que las cosas se pongan peor. Luego me comunicaré con ustedes.
Ambos asintieron al unísono mientras se ponían de pie con cuidado para escapar del desastre. Cuando llegaron a la parte principal del Casino, notaron que el lugar había sido vaciado casi completamente, quedando sólo unos cuántos hombres armados revisando el lugar mientras a lo lejos se desataba algun que otro intercambio de balas y pólvora. Ambos jóvenes corrieron con precaución hacia el auto, soltando la respiración con alivio en cuánto se encontraban dentro del vehículo.
Morgan parecía no poder encontrar aire suficiente en las bocanadas que tomaba que pudiese calmar los latidos acelerados de su corazón. Ambos parecían agitados, y sobre todo, cargados de un innecesario estrés.
El mayor de ellos golpeó el volante reiteradas veces, furioso y frustrado.
_Maldita sea.-Comentó furioso, mientras le daba un último golpe al volante antes de sostenerse el puente de la nariz.- No puedo creer que hayamos sido parte de una emboscada.
_Tenemos que agradecer que aún seguimos vivos al menos.-Comentó Sam, intentando regularizar su respiración.-Aunque no estoy seguro por cuánto.
Morgan se tomó un momento para observar a su compañero, notando que ahora casi el total de su camiseta se encontraba completamente manchada de rojo carmesí. Algo horrorizado por la imagen, arrugó su rostro con preocupación.
_Sam, hermano.-Comentó Morgan, captando la atención del nombrado.- Estas perdiendo mucha sangre.
Este comentario provocó que el herido bajara la vista hacia su camisa, mirándose a sí mismo. Algo temeroso, comenzó a desprender la camisa humedecida y pegajosa por la sangre, dejando a la vista la herida de su pecho. Parecía ser que sus sospechas eran ciertas, y los hilos de la sutura se habían desprendido casi por completo, dejando una herida abierta de tamaño bastante prominente. Su compañero rápidamente giró su cabeza hacia el lado contrario, siendo asqueado por aquella imagen, incluso a pesar de tener un estómago bastante fuerte para ese tipo de cosas.
_Eso definitivamente no tiene buena pinta.-Comentó Sam, mientras veía las gotas de sangre desprendiéndose de su herida.
_¿Bromeas, Sam? Eso luce como si estuviese en estado de putrefacción. -Soltó con asco, mientras le daba otra mirada a su compañero, de la que se arrepintió rápidamente, girando su cabeza al lado contrario rápidamente.-Diablos, Sam. Eso luce como si te estuvieras por convertir en un zombie.
_¿Qué haremos ahora? Necesito un médico que pueda coser esto.
Su mejor amigo lo miró exaltado.
_¿¡Perdiste la cabeza!? ¿Dónde demonios conseguiremos un médico? Si apareces con el pecho abierto en una sala de emergencias lo primero que harán será llamar la policía.
Un silencio se hizo entre ambos, para luego intercambiar miradas entre ellos. Mirada que Morgan pareció entender al instante, mientras comenzaba a negar con su cabeza reiteradas veces hacia a su compañero.
_Oh, no. No no no. Ni lo sueñes.
_¿Y si al menos lo intentamos? Quizás nos pueda ayudar.
_Le apunté una pistola en la cabeza, Sam. ¿Qué te hace pensar que realmente nos ayudará luego de eso?
Morgan tenía razón. Era algo descabellado, y seguramente sólo una persona mal de la cabeza aceptaría ayudarles luego de aquello. Pero a esas alturas, no tenían nada más que perder.
_¿Acaso tienes una mejor idea?
Ambos intercambiaron miradas en un silencio absoluto. Finalmente, fue Morgan quien suspiró resignado mientras encendía el motor del vehículo.
_Joder, Sam. Gracias a ti nos meteremos en problemas.
Dicho esto, arrancaron camino hacia la única persona que les había podido ayudar durante estos días: una joven y viuda médica encargada de la operación de corazón de Sam.