Capítulo 7

2174 Palabras
El día había llegado. Sam se había mantenido nervioso aún horas luego de despertarse, esperando el momento por el cuál su compañero ingresara por la puerta para comenzar con su plan de escape. A pesar de que no se sentía del todo bien, sabía que quedarse allí era una bomba de tiempo para su libertad. Fue recién llegando a la mitad del día que su amigo y compañero Morgan hizo aparición. Tal y cómo había dicho, vestía una bata blanca de médico. Una pequeña risa salió de la boca del joven al verle, aunque se arrepintió rápidamente al sentir como todo su pecho tiraba cada vez que se movía demasiado. _Lamento la demora.-Mencionó mientras acercaba a la cama una silla de ruedas.- Tenía que esperar a que todos estuviesen tomando el almuerzo para poder ingresar. _Ya me encontraba aburrido de esperarte.-Mencionó en un tono sarcástico su amigo, mientras hacía el esfuerzo por sentarse sobre la cama. Morgan chasqueó la lengua mientras ayudaba a su amigo a poder transportarse a la silla. _Oh, cierra la boca. Seguramente estuviste bien entretenido con tu cuidadora.-Bromeó, haciendo alusión a la joven doctora. _Déjate de bromas, estamos en medio de algo serio. _¿Siquiera estando herido te permites dejar de ser tan aburrido? El joven operado arrancó de su brazo la aguja intravenosa, mientras desprendía bruscamente todos los cables conectados a sus signos vitales. En cuánto se sentó en la silla de ruedas podía sentir como la sutura de su pecho tiraba provocando que soltara un quejido mientras cerraba sus ojos ante el dolor. Morgan le miró asustado, mientras intentaba encontrar aquello que lo estaba lastimando. _¿Te encuentras bien? El joven asintió con dificultad, mientras respiraba entrecortadamente. _Sí, sólo vámonos antes de que alguien nos vea. Su amigo asintió y ambos salieron hacia el transitado pasillo del hospital, en búsqueda de la salida de emergencia. No obstante, a pesar de caminar a paso normal para no levantar sospechas, terminaron por captar el ojo vivo de la doctora que estaba a cargo del joven criminal herido. Miranda parecía no comprender lo ocurrido, como si estuviese viendo una especie de espejismo. _Mierda, ¿es ella verdad? Preguntó Morgan mientras frenaba en seco. Hicieron contacto visual unos segundos hasta que giró la silla de su amigo dirigiéndose a dirección contraria, aunque parecía ser demasiado tarde. _Maldita sea, Morgan. Ve más despacio.-Se quejó el rizado mientras sostenía las vendas de su pecho. Su compañero se giró un momento para ver si la habían logrado perder de vista entre la multitud, pero lejos de eso, ella parecía estar persiguiéndoles. _Sam, la maldita loca nos está siguiendo.-Comentó nervioso mientras intentaba encontrar algún escape. Finalmente, al notar que se encontraban en el final del pasillo decidieron esconderse en una de las habitaciones vacías hasta poder perderla. _Creo que le perdimos el rastro. Comentó Sam mientras se acomodaba con dificultad. No obstante, ambos se sobresaltaron del susto al verla llegar por la puerta hecha una furia. _¿¡Qué diablos pasa con ustedes!? Morgan rápidamente cerró la puerta mientras ponía su dedo índice sobre sus labios en una señal de que mantuviera silencio. _Shh. Guarda silencio o harás que nos descubran. Recién allí, Miranda pareció entender lo que intentaban hacer, aunque este accionar no dejaba de mantenerla atónita debido a lo peligroso que era. _¿Acaso están intentando escapar? Preguntó mirando a ambos consecutivamente sin poder creerlo. Sam respiró hondo mientras intentaba encontrar la forma de solucionar las cosas sin que todo empeorara. Rápidamente levantó su mano mientras señalaba la puerta. _Morgan, cierra con cerrojo.-Su compañero acató la orden mientras la morena observaba algo asustada a ambos, aunque no lo demostrara en absoluto.- Tranquila, podemos explicarlo. Su compañero chasqueó la lengua captando la atención de ambos. _¿Qué carajos Sam? Claro que no podemos explicarle.-Mencionó casi en un tono violento. Luego, dirigió su mirada a la doctora.-Escucha bien. Nos iremos de aquí, y tú nos dejarás irnos. Eso es todo lo que te incumbe. _¿Estás perdiendo la cabeza? ¡Tiene apenas días luego de una operación a corazón abierto!-Respondió ella, gritándole en la cara.- Claro que no los dejaré marcharse, es literalmente permitir un asesinato. Quizás en otra ocasión hubiese permitido que las cosas fluyeran por su propio caudal, pero ahora se encontraba negada a dejar ir de forma tan radical el corazón de su marido. Sentía que le estaba fallando y faltando el respeto a lo único vivo que quedaba de él. No obstante, las cosas subieron de tono más rápido de lo que ella pensó, pues el compañero de aquel misterioso humano herido sacó un arma y apuntó a su cabeza. _De acuerdo, si no permites este asesinato entonces podemos reemplazarlo con el de alguien más.-Respondió Morgan entre dientes, perdiendo la paciencia. Ella, completamente en pánico, levantó ambas de sus manos mientras aguantaba su respiración ante el frío metal rozando la piel de su frente. _Morgan.-Respondió su compañero desde la silla.-Ya basta, no es necesario hacer esto. Miranda giró su cabeza cuidadosamente, para hacer contacto visual con el joven operado. _Yo te salvé la vida. Te di la maldita oportunidad de comenzar de nuevo. Sam respiró hondo ante las palabras de la médico. Sabía que eran ciertas, y que sin ella probablemente hubiese muerto en el acto de aquel desafortunado accidente. _Lo sé. No puedo explicarte las razones, pero no puedo quedarme aquí.-Respondió él en un tono calmo.- Prometo que estaré bien. Miranda suspiró estresada mientras sostenía el puente de su nariz, preguntándose así misma por qué siquiera se encontraba en medio de esa situación. _Claro que no lo harás, maldita sea. Necesitas antibióticos y equipo médico para cuidar la maldita abertura de tu pecho. Morgan presionó el metal un poco más fuerte sobre su rostro, provocando que ella cayera en razón nuevamente de que su vida corría peligro si se le llegaba a salir una palabra de más. _Él dijo que estará bien, ¿Qué acaso no lo has escuchado? Ahora sirve de algo verdaderamente útil y dinos por dónde debemos de salir para que nadie sospeche. Ella respiró hondo, más no soltó palabra alguna. Estaba molesta y frustrada de que su última ilusión de mantenerse cerca de algo que le recordaba a Ben se esfumara más rápido que arena entre sus manos. Morgan le quitó el seguro a la pistola, haciendo sonar el famoso “clic” que provocó un pequeño sobresalto en la joven. _Creo que no te he oído ¿Podrías hablar un poco más fuerte?-Mencionó con sarcasmo. Ella cerró sus ojos mientras dejaba salir el aire de su nariz. _En el próximo pasillo doblen a la derecha. Es una salida de emergencia contra incendios. Morgan bajó el arma mientras se acercaba para recoger a su compañero. _¿Ves que fácil ha sido? Miranda no emitió ninguna otra palabra en respuesta. Sólo les observó resignada como se marchaban ambos, sabiendo que aquella podía ser la última vez que le veía vivo. Antes de perderlos entre la multitud de personas transitando por los pasillos, escuchó como el compañero de su paciente le advertía sobre no mencionar palabra alguna de aquello. Ella sólo asintió, pues ¿A quién le diría realmente? Ahora tenía sentido la persecución que había hecho al moreno el día anterior. Si bien no había logrado encontrarle haciendo nada fuera de lugar, había observado como se metió sospechosamente a un callejón viejo, dónde hablaba con otros hombres que parecían aguardarle allí. No tenía idea de cuál era la vida que llevaban esos muchachos, pero algo le decía que definitivamente escapaba de lo legal, lo cuál era otra razón para que se mantuviera al margen de ello. No conocía que tan peligrosos podían llegar a ser ni tampoco sus intenciones de serlo. Ahora sí, Miranda sentía que necesitaba tomarse un descanso antes de que terminara por perder la cordura. A pesar de lo sucedido al comienzo de su jornada, terminó por hacer su guardia de todas formas, en un intento por distraerse un poco de todo lo que tenía para cuestionarse en su mente. Incluso luego de terminar su día laboral, le había terminado por aceptar a su compañero de trabajo, Robin, una cena entre ambos. No obstante, a pesar de querer mantener el rostro de esos dos lejos, no podía quitarse de la cabeza la idea de que le había entregado el corazón latente de su marido difunto a un grupo de criminales, dándoles la oportunidad de poder seguir prolongando sus fechorías. Mientras cambiaba su ropa por la de una civil, recordó que el supuesto “hermano mayor” de su particular paciente, se había encargado de registrarlo en mesa de entrada. En un tonto intento por poder rescatar algún dato que podría servir de investigación, Miranda se dirigió hasta la computadora que registraba la entrada de los nuevos pacientes. Allí, en fechas cercanas buscó al tal Mike, aunque cada vez creía más que ese nombre había sido un simple invento del momento. Finalmente, encontró un tal “Mike Thompson” en el que su fecha de registro coincidía con el registro de su paciente. Rápidamente buscó su nombre y su número de identificación en los registros generales, y como se lo esperaba, ninguno de los dos existía. De manera inconsciente golpeó el teclado con frustración, notando que quizás había despertado la atención de algunos curiosos que pasaban cerca. _¿Miranda? ¿Qué haces aquí? Ella levantó con rapidez su mirada, observando como su compañero de trabajo la miraba con curiosidad al verla en un lugar que claramente, no le correspondía. La joven, sin dar explicación alguna se puso de pie mientras recogía su chaqueta del asiento con una sonrisa. _Sólo buscaba unas cosas. ¿Nos vamos? A pesar de que no le convencía la respuesta, Robin asintió lentamente con su cabeza mientras ambos salían del hospital. Aunque no quería meter a su amigo en problemas que no necesitaba, decidió contarle acerca de la situación ocurrida esa misma mañana mientras disfrutaban de la cena. Lo cierto es que, luego de la pérdida de Ben, Miranda no había tenido muchas personas cercanas con las cuáles hablar de su día a día, y qué mejor opción tenía que su amigo desde hace años. En cuánto tuvo la oportunidad de oír toda la historia, Robin lucía altamente indignado y preocupado por el bienestar de su mejor amiga. _¿Cómo pensabas detenerlos? ¿Estás loca? Ella levantó sus hombros ante el reproche-razonable- de su amigo. _Supongo que no pensaba con claridad. Sólo tenía mi lado de médica pensando en que esa herida no sobreviviría ni una semana sin antibióticos y los cuidados necesarios. _No te molestes en ayudar a personas que no quieren ser ayudadas, Miranda. Hiciste lo que pudiste. _Sí, lo sé. Sólo es que... Antes de que ella pudiera terminar su frase, sintió el tacto de la mano de Robin apoyarse sobre la suya. Esto provocó que ella levantara su mirada hacia él, desconcertada. _Sé que es difícil imaginar donando el corazón de tu marido a alguien que no lo merece. Pero era imposible que supieras eso. Hiciste todo lo que un médico puede hacer en una situación así: salvaste una vida. Es todo lo que tienes que pensar. Le gustara o no, sabía que las palabras de Robin eran ciertas. No tenía idea de como saber con anterioridad si acaso ese muchacho era o no un criminal suelto. De todas formas, sabía que su labor en la medicina no observaba hechos morales, sino que intentaba salvar la vida, fuese de quien fuese e hiciese lo que hiciese. Soltando el aire que tenía acumulado en los pulmones, asintió con su cabeza. _Sí, creo que tienes razón con ello. Sólo me es algo difícil de procesar. _Es completamente entendible. Has pasado por mucho durante estos días. Sigo pensando que deberías de pedirte una licencia y descansar. Ella inclinó su cabeza hacia un lado, pensativa. _Lo sé. Es una idea bastante buena pero no sé si estoy lista para pasar tanto tiempo en casa sola luego de que Ben se ha ido. Es extraño observar todo tan vacío y silencioso. Robin se mantuvo pensativo unos segundos antes de responder. _Tengo una idea.-Comentó, captando la atención de la joven.-¿Qué te parece si te visito diariamente luego de cada jornada? Puedo traerte comida y podemos charlar un rato juntos. ¿Qué tal? Miranda sonrió dulcemente ante la predisposición de su amigo. Si bien en reiteradas ocasiones sentía que entre él y ella había sentimientos que no eran correspondidos, agradecía tener una persona como él a su lado en momentos así. _Creo que suena como una buena idea. Robin sonrió ante la inesperada respuesta de su compañera de trabajo, mientras sus ojos cafés se iluminaban con ilusión. _¡Perfecto! Si quieres, puedo hacer los papeles de tu licencia por ti. _¿En serio serías capaz de hacer eso? _Por una amiga como tú, haría cualquier cosa. Respondió él, acariciando el dorso de la mano de la joven, quién le sonrió en devolución.
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