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1493 Palabras

Estaban en la cabaña de Christoph; Heinrich sabía que no lo toleraba, ¿por qué la había llevado a ese lugar?, el silencio era incómodo, y los dos se miraban con desprecio. Heinrich miró el té que tenía frente a él; ¡Demonios! solo le quedaban dos sorbos, ¿qué haría después de que se lo terminara?, esos dos se miraban como si estuvieran a punto de saltar sobre el otro para iniciar una lucha. —¿Le mandaste a hablar a Frederick? —habló con la intención de disminuir el ambiente tenso. —Tu viste cuando lo mandé a traer —Chritoph rodó los ojos con fastidio, ¿por qué hacía preguntas tan idiotas? —Ah sí… —tomó la taza y comenzó a moverla. —Ah sí —Christoph imitó la voz de Heinrich. Se dió cuenta de que Annelise rodó los ojos, demostrando nuevamente cuán irritada estaba y cuanto lo dete

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