Cuando su madre le pidió que se marchara y que no volviera, sintió un dolor terrible en el pecho. Ella no sabía que se tenía que marchar antes del amanecer, no tenía ni idea de que serían los últimos momentos que tendrían para estar juntas. Con la presión en su pecho le rogó que le permitiera quedarse un momento más con ella, y al recibir una negativa como respuesta usó a su padre como excusa; en realidad no quería enfrentarse a él, sus palabras la habían lastimado demasiado, y sabía que no serían muy diferentes ahora. Pero si eso le podía garantizar un poco más de tiempo con su madre, estaba dispuesta a soportarlo. Pero no sirvió de nada su excusa, ni sus ruegos. Su madre ya no la quería ahí. Decía que no era un lugar para ella, y que no quería que la viera en un estado tan deplorable.

