Había pasado exactamente un mes desde que Frederick la había encontrado sollozando en su habitación y a partir de ese día había tomado la bonita costumbre de acompañarla hasta que pudiera quedarse dormida; al inicio pensó que era demasiado exagerado al querer acompañarla cada noche, incluso pensó que llegaría el momento en el que dejaría de acompañarla al dormir, pero aún lo hacía, y si era sincera no le parecía molesto, ni incómodo, y menos desagradable; era todo lo contrario, se sentía acompañada, tranquila y feliz cada que estaba con él y que compartían esos momentos. Se estaba acostumbrando a él, la verdadera pregunta era, ¿él también se estaba acostumbrando a ella? —¡Qué cara la tuya! —la burlona voz de Evi la sacó de sus pensamientos. Las cosas habían cambiado demasiado en el últ

