Christoph se extrañó al ver la puerta de la cabaña de su hermano abierta; nunca la dejaba así, ni siquiera si solo iba a recoger algo rápido. Frunció el ceño y se acercó a la cabaña, hasta donde él sabía, su hermano estaría en el río lavando su ropa… Tomó la pistola de su cinturón, si alguien había entrado a robar, no se libraría de un buen encierro. Caminó sigiloso, con la pistola entre sus manos; y al ingresar a la cabaña se encontró con la mujer loca que no dejaba de acosar a su hermano; estaba dándole la espalda a la puerta, por lo que no se había percatado de su presencia. —¡Hey, hey, hey, hey! —Liesel se dió la vuelta al escucharlo, y fue ahí donde Christoph se dió cuenta de que ella no era la única en la cabaña; Annelise estaba sentada sobre el suelo y miraba con absoluto terror a

